Scoop

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Una película de Woody Allen es una película de Woody Allen. Punto. Y para ningún fanático del neoyorquino puede uno de sus films ser malo. Una película de Woody Allen es una película de Woody Allen. Punto. Y para ningún fanático del neoyorquino puede uno de sus films ser malo. Quizás no sea brillante, quizás no sea tan gracioso, tan ingenioso o tan profundo como otros que ha hecho antes. Pero el cine de Woody Allen es eso, cine de Woody Allen y (seamos francos) alcanza con que él aparezca en pantalla, haga algunas morisquetas y diga algunas líneas graciosas para empezar a disfrutar.

Si a uno no le gusta Woody Allen, el tema ya es otro. Y si empieza a conocer su filmografía viendo Scoop, no entenderá por qué se lo reverencia tanto. Porque se trata de una película graciosa, sí; que tiene toques ingeniosos, sí; pero que no deslumbra. Y que decepciona, tomando en cuenta el gran acierto que fue Match Point, su película anterior. Si allí Allen había decidido revisitar lo que ya había hecho en Crímenes y pecados (con excelente resultados), en Scoop Allen retoma lo que había hecho en Misterioso asesinato en Manhattan. Pero esta vez no supera ni iguala al primer intento.
Lo que no significa que Scoop no sea disfrutable. Lo es, especialmente hasta el último cuarto de su metraje, cuando la intriga toma un giro importante y el ritmo cómico pierde un poco el paso. La historia es simple, y sirve más que nada como una base sobre la que Allen y Scarlett Johansson viven situación cómica tras situación cómica: Sondra (Johansson) es una estudiante de periodismo que participa en el acto de magia de un prestidigitador llamado Splendini (Allen) y mientras está en la caja de la que él la hará desaparecer, el fantasma de un periodista recientemente fallecido (Ian McShane, de la serie Deadwood) se le aparece para darle una gran primicia (la ?scoop? del título): el asesino de las cartas de Tarot, que asola a la ciudad desde hace tiempo, es el hijo de un acaudalado lord inglés. De ahí más, Sondra se relaciona con este posible asesino (interpretado por Hugh Jackman) fingiendo otra identidad y haciéndose pasar por hija de Allen. Todo para poder investigarlo. Pero a diferencia de Misterioso..., donde los enredos de la investigación eran jugados a la perfección por Allen y Diane Keaton, esta vez tanto el director como la joven actriz exageran por momento sus gestos y tartamudeos, sin resultar del todo simpáticos. La actuación no está marcada del todo, o al menos no como hubiera sido más provechoso, y cuando el ritmo del la película decae (como ya se dijo, en el final) esto se resiente un poco.
Por otro lado, es encantadora y original la representación del mundo de los muertos: una barca que, dirigida por una parca apática, avanza entre neblinas en medio de la noche. Todos los muertos, sin embargo, están muy lejos de actuar lúgubremente. Hablan, se mueven y conversan tan cómodamente como en el mundo real. La magia (un tema recurrente en el cine de Woody Allen) será el medio por el cual el periodista fallecido puede escapar por momentos de esa barca, y la absoluta normalidad con la que los personajes toman la aparición de su fantasma en sus vidas, es quizás la nota más simpática de la película.
Y ?simpática? es una palabra que a Scoop le queda muy bien. No es brillante, no es genial, no es fabulosa. Es simpática y poco más. Se nota que Allen la hizo de taquito, aprovechando la buena repercusión de Match Point. O quizás porque haya querido hacer algo más ligero después de tremendo dramón. O quizás porque, como le vienen achacando hace tiempo, está en decadencia. En todo caso, su decadencia es más interesante que gran parte de la producción hollywoodense de hoy. Más que nada porque es un reencuentro con un viejo amigo.

Publicado en Leedor el 24-03-2007