León Ferrari: Nunca más

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La sutileza y la metáfora no encuentran lugar en los collages que se pueden ver en el Centro Cultural de la Cooperación: la contundencia es demasiado visceral.Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini
Sala Abraham Vigo
Entrada Gratuita
Lunes a sábados de 11.00 a 22.00 hs.
Domingos de 17.00 a 20.30 hs.
Av. Corrientes 1543 ? Ciudad de Buenos Aires

Exhibición completa de la serie de collages para la edición en fascículos del Informe de la Conadep sobre el Terrorismo de Estado realizada en 1995 por el diario Página 12 y EUDEBA

Recuerdo que luego de los indultos perpetrados en la década del 90´ por el Proceso de Destrucción Nacional, encabezado por el inefable Carlos Saúl Menem, algunas voces críticas al régimen alertaban que a partir de tal vergonzoso acontecimiento cualquier ciudadano podría cruzarse en la vía pública con los rostros imperturbables de los asesinos liberados.

Como otras de las tantas frases que suelen repetir los medios, creí que aquella advertencia no tendría oportunidad de concretarse. Sin embargo, una tarde en la esquina de Córdoba y Florida, en medio de una multitud apresurada, la impunidad se corporizó frente a mis ojos en la silueta de Alfredo Astíz.

Hoy me reencuentro con este nefasto personaje en uno de los collages presentados por León Ferrari en el Centro Cultural de la Cooperación. Paradigma de la cobardía y cadete de los mandados del horror sistematizado, el rostro abúlico del ex capitán se ha convertido en un icono de aquel período de nuestra reciente historia, al igual que todos los rostros exhibidos que lo acompañan: Videla, Massera, Agosti, Quarracino, Pio Laghi, Martinez de Hoz.

Pienso que un modo posible de abordar estas obras -y los años que evocan- es comprendiéndolas desde la urgencia de los sentimientos inmediatos que provocan: indignación y furia encabezan la lista. Tal vez por eso, el viejo proceso del montaje, en esta oportunidad, no es aquel recurso que sorprendía a los desprevenidos observadores en tiempos de las vanguardias y que permitía revelar nuevos sentidos. Aquí, la distancia entre los componentes de la imagen resultante no es arbitraria, sino que entre ellos hay una relación de continuidad perfectamente reconocible y la intencionalidad se manifiesta de acuerdo a coordenadas transparentes. Los significados, entonces, se encuentran sobrealimentados y obturan destinos azarosos desde el propio dolor. La sutileza y la metáfora no encuentran lugar dado que la contundencia es visceral.

Estas son características que recorren la obra de Ferrari, al menos en la más explícitamente ideológica. Sus creaciones arrojan ácidamente sobre nuestras pupilas y de manera incansable, las contradicciones del Cristianismo, la propaganda y las pesadillas infernales en la historia del arte, el cuestionamiento irrefutable al ?yo no sabía lo que ocurría? y las eternas y repetidas complicidades de jerarquías criminales.

Luego de 12 años transcurridos desde su realización, estos collages increíblemente renuevan su vigencia a partir de acontecimientos que oscilan entre lo trágico y lo absurdo. Los ejemplos de los aspirantes en las fuerzas de seguridad, víctimas de los ?bailes? o los renovados mandamientos medievales de Joseph Ratzinger son testimonio de ello.

Publicado en Leedor el 20-03-2007

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