Guayaquil

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Ese sueño llamado América y dos grandes actuaciones.Ese sueño llamado América

La frase “hacer la América” en la actualidad, nos suena, (teñida por aquellos cuentos que les contaban a los inmigrantes del S. XIX), a cosa indebida. La idea que alimentaban los europeos, de llenarse de dinero a expensas de nuestros coterráneos, tenía muchas veces, una dramática contrapartida donde los más inescrupulosos de nuestros “paisanos”, no dudaban en infringirles todo tipo de penurias a los que buscaban nuevas oportunidades en lejanas tierras.

Pero en la época en que la independencia de nuestro continente, no terminaba de consolidarse, panorama que tan magistralmente resumió uno de nuestros dos protagonistas, Simón Bolívar, en su “Carta de Jamaica” de 1815, “hacer la América” era terminar de activar los mecanismos para lograr una muy ansiada patria grande, lejos del yugo colonialista. Esa, es la coyuntura histórica de donde parte la obra de O’ Donnell, mas precisamente, del año 1822, cuando tuvo lugar la misteriosa entrevista de Guayaquil entre Simón Bolívar y José de San Martín, que tenía como fin, terminar de definir los destinos de la contienda antirealista.

Parece posible imaginar dos tipos de público acercándose a “Guayaquil. El encuentro“.

En primer lugar, el formado por aquellos admiradores de la indiscutible calidad actoral de Lito Cruz (San Martín) y Rubén Stella (Bolívar), que acudirán para verlos en la caracterización de dos personajes memorables. Estos, no se verán defraudados. El desempeño de ambos está a la altura de las circunstancias. Les ha tocado en suerte dos caracterizaciones complejas, hoy diríamos (sin perder de vista que los analizamos como personajes teatrales, sin merma a la indiscutible grandeza personal de los seres históricos) que San Martín y Bolívar tenían estilos de liderazgo distintos. Vemos a Bolívar, más pasional y extravertido, sin temor a imponer su voluntad, cueste lo que cueste. Y a San Martín, mas moderado y de perfil bajo, pero no exento de su cuota de picardía. Ambos aparecen retratados también desde las pequeñeces que todos los seres humanos tenemos. Por ejemplo, cuando Bolívar confiesa haber llorado en el campo de batalla de Carabobo, porque entre los numerosos cadáveres encontró también el de su perro. O cuando San Martín, parece contradictorio al confesarse adepto a la monarquía. Y pese a aquellas, la misma inteligencia estratégica en los dos casos y el mismo destino: ser traicionados.

En segunda instancia, querrán presenciarla, todas aquellas personas interesadas en la dramatización de temas históricos, y dependerá de sus conocimientos en el tema si los nombres: Piar, Carrera, Santander o Iturbide, son sólo palabras sueltas o personajes representativos, que le dan otro valor a la mención de los mismos.

Pero aún para los neófitos, quedará claro desde esta puesta, que visto desde hoy, aquel sueño de hermandad e identidad común, llamado América, sigue siendo eso, sólo un sueño o un bonito slogan muy útil para adornar ciertos discursos políticos.

Ver “Guayaquil. El encuentro” duele. Ver lo que somos como continente, a veces también, pero vale la pena intentarlo.

Publicado en Leedor el 20-03-2007