Paris je t´aime (II)

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Historias breves en un film colectivo para disfrutar.En 1995, Lumiere y Cia había convocado a distintos directores del mundo, para festejar el centenario del cine. Entre ellos, Peter Greenaway, David Lynch, Spike Lee, Abas Kiarostami. La propuesta tenía un plus de desafío: había que rodar con la primitiva cámara usada en 1895 por los Hermanos Lumiere. Ejercicio de medición y de homenaje no solo a la tecnología del cine sino a su primera estética.

Todo esto para decir que no por nada los franceses son los inventores del cine.

En Paris Je t´aime se pueden deletrear muchas búsquedas e intenciones: una de ellas es seguramente instalar en este principio de siglo XXI a la ciudad de París como una ciudad receptiva y cosmopolita, (después de los conflictos sociales con las minorías suburbanas esto parece un poco forzado), vigorizar la idea de postal turística con una idea de ciudad del amor, muy de principios de siglo XX, convertirla en un centro cinematográfico donde conviven las estrellas de Hollywood con actores de distintas nacionalidades y razas. Y finalmente, quizás la más soslayada construir un calidoscopio de distintas estéticas de autor. Porque, tambien los franceses son los inventores de ese concepto. No nos olvidemos.

Historias cortas, que conforman una totalidad de casi dos horas, sin separadores de ningún tipo, entrelazadas por planos generales o planos en negro. Directores autores (Assayas, o Gus Van Sant o los Hnos Coen) que parecen sacrificar sus particularidades en honor de la consigna: la ciudad de Paris y una historia de amor. Una película orgánica en la que se pone a ejercitar gustos cinematográficos, y en la que se invisibilizan los estilos (salvo excepciones).

Aunque una de las menos interesantes, el diseño sonoro de la historia de vampiros hace honor al género y a su protagonista (el Elijah Wood de El señor de los anillos). Las mejores actuaciones: la del corto de Depardieu con otro homenaje, esta vez al cine de Cassavettes, el tema del matrimonio con una incomparable Geena Rowlands.

Que los Hnos Coen a esta altura puedan considerarse los veteranos del cine independiente, no le quita mérito a una de las historias más sólidas y mejor actuadas: el turista norteamericano que mientras espera el metro en la estación Tullerías, descubre un extraño secreto de los comportamientos parisinos. Una joya la actuación de Steve Buscemi que sin decir una palabra hace maravillas. Frente a la irrupción del nuevo cine independiente norteamericano con Alexander Payne a la cabeza, un director de la sutileza y el refinamiento podrá verse en este film uno de los mejores cortos, el de la cartera de Denver que con el ahorro de su sueldo logra llegar a París, la lectura off de una carta con un francés rudimentario y la experiencia de esta increible Margo Martindale en “Montparnasse”.

Mucha voz en off y poca audacia en el relato (tal vez la de Tom Tykwer sea la más juguetona), apenas un plano secuencia en el corto de Alfonso Cuarón, Parc Monceau, y una alteración en el tiempo en el de Oliver Schmitz con hombre negro herido. Todas las historias apelan a la linealidad, varias al giro sorpresivo siempre de la historia, van de la comedia al drama, rítmicamente encajadas, idiomas mezclados, muchos actores consagrados de Hollywood. Directores que interpretan personajes: Alexander Payne hace de Oscar Wilde, Sergio Castellito en el papel del marido que atiende a la mujer enferma, o Barbet Schoeder, en la más floja de todas.

Ciudad de postal. Cúpulas y la omnipresente Tour Eiffel. Ciudad de noche y Place de la Concord. El Arco del Triunfo, y mucho cartel de promoción de muestras de Museos. Barrios de Paris, calles, cuadras, plazas: Montmartre, Montparnasse, Faubourg Saint Denis, la Torre Eiffel, Bastille. El cementerio Père Lachaisse y los infaltables mimos callejeros.

Publicado en Leedor el 15-03-2007