Mi Querido Gabo

0
22

Este mes Gabriel García Márquez, cumplió 80 años, su vida es su obra y su obra es su vida. Gabo (como le dicen sus amigos), es uno de aquellos pocos que ha podido cumplir ese sueño de todo artista; conjugar el Arte y la Vida. De Amor y Otros Demonios

Hace unos años, yo viajé a Colombia con el fin de encontrar a Gabriel García Márquez; mi querido Gabo. En lugar de una guía para viajero, llevé sus libros y fui dispuesta a encontrarlo y así conocí una de las más hermosas ciudades en la cual él pasa algunos meses del año; la maravillosa ciudad amurallada, la dorada Cartagena de Indias.
A las pocas horas de llegar, toqué la puerta de su casa en la Calle del Curato al 38 205, a la vuelta del famoso Hotel Santa Clara, que inspiró su novela De amor y otros demonios.

Por la mirilla de la gran residencia y calida fortaleza me contestaron no muy amigablemente que el señor no estaba en Colombia. Después de un breve momento de resignación ví que muy cerca de allí, detrás de la gran muralla estaba el mar, entonces decidí recorrerlo, recorrer la ciudad, el puerto, los mercados e incluso, tuve la fortuna de dormir en el convento, hoy convertido en Hotel cinco estrellas, de donde desenterraron los restos del cuerpo de la Sierva Maria con un cabello de mas de 20 metros de largo. En ese hotel, que antes fue un convento y mas tarde un hospital, murió la pequeña Sierva Maria, que inspiró a García Márquez; clínicamente murió de rabia, pero verdaderamente ella murió de soledad y fundamentalmente de amor.

Hoy la Sierva Maria de todos los Ángeles es una especie de Santa del caribe colombiano y son muchos los que le realizan sus ofrendas y le hacen sus encargos. Sin embargo, en el suntuoso hotel, donde aun hoy se puede sentir su presencia, los empleados, recepcionistas y conserjes del hotel poseen la misma frialdad que los antiguos carceleros de la pequeña Maria.

Así es la obra de García Márquez, la dualidad permanente, el dualismo constante, la magia y la severidad, puro realismo mágico como le dicen; pero fundamentalmente es un tiempo que se ha detenido, que se repite, donde cambian las formas pero no los contenidos. Un tiempo hechizado. Como el tiempo que se respira en el aire de Aracataca, la ciudad del fantástico e idílico Macondo; la cuna de Gabriel García Márquez.

No encontré al escritor en persona, pero si a mi querido Gabo. Lo encontré en sus calles, en su gente y en la historia de esa ciudad.

Hay libros que son capaces de abrirnos un mundo y ese mundo que existe en los libros, existe sin duda en algún rincón del planeta. A Gabriel García Márquez ya lo había encontrado yo antes, en Buenos Aires, cuando abrí uno de sus libros, abrí uno de sus mágicos mundos.

Hoy pienso que cuando algo importante sucede en la vida, sea malo a sea bueno, trato de mirar si el pasado persigue a aquel que reclama en soledad una respuesta. Y yo particularmente siento que su obra ha modificado mi forma de ver la vida, o más bien de sentirla.

En Japón, piensan que uno debe vencer los demonios a los que le toca enfrentarse, porque sino estos demonios perseguirán a nuestros descendientes, sino los vencemos en el tiempo que nos toca vivir, son nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros bisnietos y así sucesivamente, los que deberán enfrentarlos. Y hasta que eso no suceda estaremos condenados a una especie de Cien años de soledad.

La obra de García Márquez muestra de alguna forma, lo hechizada que puede estar la vida; y la vida es el tiempo, que como en El día de la marmota, se repite una y otra vez, y se repetirá eternamente, de generación a generación, como en Cien años de soledad, sólo hasta que nazca alguien que se atreva a romper el circulo del eterno retorno, hasta que nazca alguien que sea capaz, de romper el hechizo.

Publicado en Leedor 16-03-2007

Compartir
Artículo anteriorParis, je t
Artículo siguienteParis je t´aime (II)