De Baudelaire a Kerouac

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Si pudiéramos trazar una línea que una a Kerouac y Baudelaire apreciaríamos la apertura en cuanto al arte y la vida nos ha brindado la poesía. La vida misma puede ser un poema interminable.ANGELES CAIDOS
de Baudelaire a Kerouac

Los pintores simbolistas solían representar al poeta con su carro elevado a los cielos y sus alas desplegadas, eran seres mitológicos capaces de elevarse sobre el común de los mortales para traer esa belleza sublime que esconde un poema. La modernidad y sus ?delicias? dejaron al descubierto cierta fragilidad en la ciega confianza frente al progreso y es justamente el poeta el primero en captar esta pérdida. La dualidad del hombre se acentúa con más fuerza, puede construir por fin su babel pero la idea de un paraíso perdido angustia su existencia, entonces en su experiencia de modernidad construye en la tierra un cielo. La revolución industrial le había dado esa ilusión, pero trajo también su propio infierno. El hombre ya no necesita sentir lo sublime enfrentándose a una naturaleza descontrolada, la ciudad misma se ha vuelto infernal.

Charles Baudelaire; el primero de los poetas malditos de finales del Siglo XIX, no miraba a la naturaleza como fuente de inspiración, ni le conmovían los cielos tormentosos y los mares enardecidos; para él la ciudad era un bosque cargado de símbolos, era una verdadera jungla de cemento. Baudelaire renuncia entonces a sus alas a cambio de no dejar de ser poeta como un albatros, esos pájaros que caminan por los muelles arrastrando sus alas, como ángeles caídos.
El hombre siempre, de una forma o de otra, necesitará Poesía, un lugar para estar solo en medio de la multitud, un lugar donde distinguirse, elevarse y a su vez perderse, sumergido en ella.

Arthur Rimbaud, fue el seguidor del espíritu Baudeleriano, en sus cuatro años como poeta, antes de hundirse en el mundo, incendió sus alas. Sin embargo no dejó de elevarse o sumergirse; y convertirse así en el representante y emblema de todas las vanguardias artísticas e históricas. Es el ?filosofo artista? el ?nihilista integral? que profetizaba Nietzsche, convertido en Médium, en chaman; el encargado de la tribu de intoxicarse, de color, de ideas, de versos y de otras yerbas, autentico buscador de paraísos artificiales capaz de descender a las profundidades para traer de allí las visiones, las denuncias, las iluminaciones. Conciente como hombre de ser portador de su ?carnet de condenado?.

Este sería el destino que les tocaría a los que vendrían. Walter Benjamin nació en un mundo carente, carente de alas; un mundo de entreguerras donde el flâneur ya convertido en callejero se transforma rápidamente en vagabundo, en ese vagabundeo subversivo y revolucionario que profesó Benjamin, el ?vagabundo? que encuentra su placer en la búsqueda en si misma, sin resultados tangibles, por caminos laberínticos entre paisajes y bulevares, cortinas de hierro, muros y pasaportes. Su búsqueda, es producto de la huida, es el ?perseguidor perseguido?, el que elige el exilio, a pesar de todo.

Sin embargo Benjamin había conseguido un ángel, mas precisamente un par de alas las del ?Ángelus Novus? de Paul Klee, que lo elevó en su incesante búsqueda, la de los paraísos perdidos, la del tiempo perdido. Comienza así, la vida del vagabundo, del viajero, del nómade, del que busca, del que escapa, del que comprende que todo esta en constante movimiento. En las ruinas de Paris; la ciudad glorificada por Baudelaire, ya no encuentra un bosque cargado de símbolos, sino fósiles, deseo adormecido, una nueva naturaleza petrificada, pero histórica, carga de valores culturales, autenticas relatoras del pasado, que en su rol de contar lo que fueron se convierten en presente.

Si Baudelaire entendía que con su poesía podría crear los espacios sagrados e íntimos que la modernidad le había quitado, Benjamin en medio del caos, recoge los pedazos rotos del espejismo moderno en intenta salvar a como de lugar, entre la ruina y los fósiles de esta nueva naturaleza, la memoria de los pueblos. Benjamin esta emparchando los fragmentos de las alas rotas de Baudelaire.

Ser intelectual, un aristócrata del espíritu, un flâneur, un vagabundo, un médium y un chaman sería ahora convertirse en un Ser marginal, un flâneur desesperado que construye alas para sobrevolar el mundo, para sumergirse en la experiencia religiosa y revolucionaria del goce de vivir por el solo hecho de vivir, nada mas. Sin buscar un fin, siempre en movimiento, dinamitando la cultura, encontrando fragmentos y dejando otros, aquí y allá. Las piezas de un rompecabezas que contendría la imagen del mundo, entre el azar y la mecánica cuántica, entre la filosofía y el budismo zen; fragmentos, piezas rotas, alas desparramadas, perdidas En el camino…
Si después de las vanguardias históricas el papel del artista se encontraba entre el silencio de un Duchamp o el suicidio de un Artaud, la Generación Beat encontraría en el movimiento constante una opción paralela. Un camino alternativo, al camino planteado por el sistema de la industria cultural que aumenta su poderío con un avasallante desarrollo tecnológico. Kerouac, utiliza la industria para construir sus alas, un viejo cadillac o un camión en la ruta para hacer auto-stop. El hombre valora así la experiencia, por la experiencia misma, comprende que el fin, o perseguir un fin determinado es lo que alimenta su angustia. Escapa ahora de la gran ciudad y va a otras y va observando los cambios que se producen en el camino, lo aborda como un chaman, quiere intoxicarse de todo aquello que no haya sido fagocitado aun por la industria cultural, quiere contar su experiencia, porque esta vez no están en busca de aquella aureola que había perdido Baudelaire, la recompensa no esta en los cielos, sino en las profundidades y lo que quieren traer de este abismo infernal son auténticas perlas.

Si pudiéramos trazar una línea que pudiera unir a Kerouac y Baudelaire apreciaríamos la apertura en cuanto al arte y la vida nos ha brindado la poesía. Habitar otros mundos puede ser nuestra alternativa de goce en la aterradora ciudad tecnológica e industrial. Para iniciar el viaje un par de alas pueden ser la solución. Eso buscaron nuestros poetas desangelados; Baudelaire, Rimbaud, Benjamin? esos espíritus salvajes que tan bien podría representarlo el conmovedor salvaje creado por Huxley en Un Mundo Feliz, o tal vez el melancólico Lobo Estepario de Hesse, cuyos instantes mínimos pero de tan elevada felicidad podrían alumbrar años de amarga tristeza y entibiar el corazón por muchos inviernos.

Parece entonces que el hombre del Siglo XX se ha dado cuenta que los grandes sistemas de poder lo han absorbido todo y se han apoderado incluso de los espacios mas sagrados, como ya nos decía Adorno en su Industria Cultural. Sin embargo, el hombre no se ha rendido.

En los años 50?, cuando los Estados Unidos eran el palco del gran teatro del mundo devastado por dos guerras mundiales; la posibilidad de que exista un fin definitivo hizo que un grupo de escritores y poetas, entre ellos Jack Kerouac borren la palabra FIN de su vocabulario. Era la Generación Beat, que concreta un tipo de obra que venia tomando forma en la poética de los simbolistas franceses y principalmente en la obra de Baudelaire considerado padre del Simbolismo. Donde en una obra todavía definida, el fin perseguido era estimular al máximo el grado de apertura, en donde la libertad y la imaginación se desplieguen según el grado de sensibilidad de quien recibe la obra. Ya no correspondería entonces a cada Significante un solo Significado, ahora existirían tantos significados como subjetividades, incluso donde cada significado seria disparador de múltiples significantes.

Kerouac formaba parte de esta ?comunidad de mentes lúcidas?que sabía interpretar la nueva sensibilidad que se estaba gestando en esa época. Esta visión, tiene que ver con la búsqueda de una belleza simple y de una forma de entender lo divino en el mundo cotidiano. Una actitud anti-intelectual, elemental y de decidida aceptación de la vida en su inmediatez; la vida en su libre fluir y en su positiva ?discontinuidad?. Así definirá Umberto Eco a la categoría por excelencia de nuestro tiempo en su Obra abierta de 1958. Ya no podrán encontrarse las formulas para definir nuestro mundo. El ?aquí y ahora? serán nuevamente el valor ?perseguido? en el mundo posmoderno, aquello que alguna vez Walter Benjamín denominó ?aura?.

Si la categoría de nuestro tiempo es la discontinuidad, el constante movimiento, o como las enumera Eco; lo son, la ambigüedad, la inseguridad, la posibilidad, la probabilidad. ¿Es entonces la vida misma una obra abierta? Si así la viviéramos, tal vez, podríamos conciliar lo que siempre han querido todos los artistas, unir el Arte con la Vida.

En la obra de Benjamín, así como En el camino de Kerouac no existe un principio y un fin, todo esta en movimiento; es la Obra abierta de Eco; la poesía puede ser la musicalidad de mundo y la oralidad cotidiana, el ir a ninguna parte, el no tener un plan, puede ser el plan mismo. Ya no son necesarias alas para elevarse a los cielos, hay que sumergirse en las profundidades, allí también encontramos oro, incluso en los paraísos artificiales de tierra misma.

Eso le enseña el personaje de Dean Moriarty a Jack Kerouac la vida misma puede ser un poema interminable. Siempre y cuando encuentres en el camino, esas flores locas que crecen en algunos lugares del mundo, autenticas y preciosas flores del mal.

Publicado en Leedor el 3-03-2007