Marcel Duchamp en Buenos Aires

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La muestra de Marcel Duchamp que la Fundación Proa prepara para junio del 2008 en Bs As será el acontecimiento del año. El pensador Duchamp, el que exalta el acto de pensar y deja la idea despojada de todo virtuosismo en la forma.El Pensador de Duchamp

La gran muestra de Marcel Duchamp que la Fundación Proa presentará en junio del 2008 será seguramente el acontecimiento del año artístico de Buenos Aires. La gran muestra de Marcel Duchamp que la Fundación Proa presentará en junio del 2008 será seguramente el acontecimiento del año artístico de Buenos Aires.

El primer encuentro que tuve con la ?Rueda de bicicleta? de Marcel Duchamp fue en ocasión de la muestra Soñando con los ojos abiertos, Dada y Surrealismo en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires en el año 2004. El tiempo que llevaba admirando este objeto en la lejanía, a través de fotografías, era suficiente para que cierta inquietud me llevara a su encuentro. El primer ready made de Duchamp, realizado en 1917, me asombraba por su capacidad de generar disparos de pensamientos radiales y circulares. Imaginé que así podría funcionar el pensamiento.

Es por eso que el denominado ?infraleve duchampeano? que nos separaba cuando estuve frente a él, fue mínimo. Ese pequeño intersticio infraleve es el disparo de luz, comprensión, empatía; o bien, la conexión que se establece entre la obra y el espectador. Y en ese momento, fue la duda de saber si mi sentimiento frente a la obra era el mismo que el autor intentó transmitir.

Entonces pensé que tal vez podría haber descifrado el enigma. Estando allí, frente a la rueda de bicicleta, no podía dejar de pensar qué significaba esa rueda girando. Había leído que Marcel Duchamp la tenía en su habitación y que gustaba de hacerla girar y quedarse con la mirada perdida en ella, fue entonces que sentí la rueda girando en mi cabeza. Un sentimiento había sido conmovido. Pensé en El Pensador de Rodin, en el Miguel Ángel de Rafael en la Escuela de Atenas, o en esa foto de Walter Benjamín, pensando, agobiado por las preocupaciones del hombre.

Allí estaba esa figura que, aunque inmóvil, parecía girar por dentro. El hombre se ha mecanizado a tal punto que el trabajo más redituable para la creciente sociedad tecnológica e industrial ha puesto en movimiento el cuerpo y ha dormido la mente. Prueba de esto era su Autorretrato, Joven triste en un tren de 1911, cuya segunda y más radical versión, Desnudo bajando una escalera, N° 2, causó horror a cubistas y futuristas, si bien las formas respondían a las pautas de composición, representando la velocidad y el movimiento, no eran estas obras glorificaciones a la ciencia y la técnica pues había cierta melancolía, cierta burla y cierta crítica.

El movimiento que le interesaba representar con optimismo, era aquel que sólo podía percibirse. Era ese movimiento latente que tan bien representó en sus dos jugadores de ajedrez.

El tiempo de Duchamp era el tiempo de Einstein y el redescubrimiento del tiempo. Un tiempo interno, una cuarta dimensión que tiene sus propias reglas. Ese tiempo era el que interesaba a Duchamp y en el cual estaba la base de su arte: exaltar el acto de pensar y para ello dejar la idea despojada de todo virtuosismo en la forma, allí estaba su critica al arte que con objetos anestesiados por su belleza habían ocultado la verdadera imagen.

Una imagen perdida.

Tuve ganas de hacer girar la rueda, pero millones de ojos se posaron en mí. Estaba frente a frente con su famoso ready made, frente a frente con el objeto anestesiado artísticamente; el pensamiento.

El paradigma Duchamp

Abordar la obra de Marcel Duchamp es poner en funcionamiento la maquinaria humana que tantas veces representó en sus obras. Es despertar del largo sueño en el que ha dormido la historia del arte, del cual recordamos formas y desconocemos su significado.

Deslumbrados por su belleza, olvidamos las imágenes que reposan en el interior de las obras de arte, las ideas, el proceso mental, el porqué de esa obra. Esa es la deuda que tiene Duchamp con el Simbolismo, descubrir los lugares privados de los hombres, revelar los secretos que ha olvidado por el desarrollo de ciencia, encontrar la niñez perdida porque ha dejado de jugar, enfrentarse a los paraísos donde el hombre es verdaderamente libre y poderoso, donde el escenario es la mente y el pensamiento el protagonista.

Es por este motivo que el análisis de las obras de Marcel Duchamp por encriptado y hermético pocas veces ha pasado del estadío iconográfico, podemos describir sus obras en base a lo que conocemos de la personalidad del artista y a las pistas que ha dejado mezcladas con la ironía, la critica a la mercantilización del arte, la burla y el juego. Sin embargo, poco sabemos de sus significados, para Duchamp las interpretaciones del público son tan ricas y diversas como las mismas obras de arte. ¿Por qué entonces su discurso iba a ser una cuestión solamente disponible para el mundo intelectual? ¿Por qué su obra a pesar de las explicaciones dadas no nos saca el sabor a enigma que poseen? ¿Por qué componer el rompecabezas duchampeano fue, es y sigue siendo la pasión de historiadores?

Este texto no pretende responder todas estas preguntas sino generar nuevas y de esta forma recuperar las imágenes alternativas, posibles o no, que se han perdido bajo el discurso hegemónico del arte. Acercarse a un estadío iconológico encontrando las reincidencias del artista en citar el pasado y enlazarlo con el presente, y proponiendo así una relectura del toda la historia del arte.

El enigma que persigue la obra de Marcel Duchamp no permite establecer ninguna certeza, por este motivo existe en su obra una imagen oficial enfrentada a una imagen alternativa, la imagen oficial se encuentra demasiado ligada al mundo intelectual del arte, y resulta sospechoso cuando en realidad Duchamp no parecía querer agradar sólo a ésta elite, que censuró en su tiempo muchas de sus obras, como su obra ?Fuente?. O por ejemplo, el rechazo a ¿Por qué no estornudar? obra de 1921 realizada con la condición de trabajar sin directivas, por encargo de una de sus coleccionistas, Catherine Dreier para su hermana Dorotea Dreier.

Obra que será tal vez el leit motiv de su producción artística y tal vez el punto de partida para una nueva mirada sobre algunas de sus obras. ¿Por qué no estornudar?, nació de sus experiencias surrealistas cuando Marcel Duchamp realiza una broma a sus amigos, cortando pedazos de mármol como si fueran cubos de azúcar, y los coloca en una jaula y le pide a sus amigos que la levanten. Asombrados, descubren que el peso de la jaula no se corresponde con la idea que tenían al levantarla. Duchamp con su broma descubre el contenido latente bajo el contenido manifiesto. Lo que parece ser cubos de azúcar (contenido manifiesto) en realidad son pedazos de mármol (contenido latente) y su peso pone en evidencia el desconcierto de todos. El hecho de poner de manifiesto el contenido latente del arte, nos hace ver que lo expuesto es sólo la máscara de la verdadera imagen que esconde en su interior, son las imágenes perdidas que intentamos recuperar, ellas esconden otra realidad, que corresponde a otra imagen, una imagen que la historia del arte, ha olvidado.

Si la idea de Duchamp es poner de manifiesto la Idea de la obra como el contenido latente, nos preguntamos: ¿Entonces, como representar algo tan abstracto como el pensamiento?

En busca del Aura perdida

En primer lugar Duchamp plantea una obra post-acrática, realiza valijas con reproducciones de sus obras en miniatura y realiza obras sobre reproducciones de otras. El aura será reemplazada para Duchamp por el insterticio infraleve, el nuevo aquí y ahora de la obra de arte; su autenticidad está definida por Duchamp de la siguiente forma: ?El intercambio entre lo que se ofrece a las miradas (todos los campos) y la mirada glacial del píblico (que ve y olvida inmediatamente). Muy a menudo ese intercambio tiene el valor de una separación infraleve (queriendo decir que cuanto mas admirada es una cosa menor separación infraleve hay)

En esta definición hay mucho del pensamiento de Kandinsky y de lo expresado en su obra ?De lo espiritual en el arte?. Allí Kandinsky, plantea su preocupación por el arte y su público.

Si existe este espacio entre la obra de arte y el espectador es posible que el sin sentido comience a cobrar sentido; o mejor dicho que sea necesario darle un sentido al sinsentido. Será entonces una posibilidad de ver en Duchamp no sólo una ruptura con el pasado sino una continuidad, donde por medio de sus citas a las obras emblemáticas del arte está pidiendo que volvamos a mirarlas para recuperar de ellas su verdadero significado.

Así, Duchamp, descontextualizando el objeto presente, recontextualiza el arte del pasado y nos trae a su vez las imágenes perdidas que duermen bajo la belleza de las formas.

Publicado en Leedor el 23-02-2007