El arco (II)

0
9

¿Qué es lo que huele tan mal en El arco?¿Qué es lo que huele tan mal en El arco?. ¿El silencio inexplicable de los protagonistas?, ¿La constante sensación de sometimiento? ¿La sumisión femenina que roza la violencia?. Hay algo en esta película coreana que huele definitivamente mal.

¿Por qué despues de haber disfrutado Primavera, verano, otoño, invierno? y otra vez primavera, o la más reciente Hierro 3, uno no puede más que desencantarse con este último estreno del director Kim Ki Duk?. Si es una historia que vuelve a la comodidad de los tópicos anteriores: pocos personajes, espacio reducido, búsqueda simbólica. Cosa que podría estar realmente bien si estuviéramos frente a la consolidación estilo o algo parecido.

El arco es quizas la demostración que no siempre la autoreferencia hace que un artista consolide su estilo, algo con lo que Kim Ki Duk venía coqueteandole a Occidente, ávido de producciones que reflejen sociedades o realidades diversas. En todo caso, la autoreferencia corre el peligro de ser una acumulación o lo que es peor una repetición de tópicos exitosos con fines non sanctos.

Lo que podría haber sido un camino hacia un más allá de esos planteos, El arco parece una película hecha con apuro, a modo de receta superflua y espíritu más cercano a diccionario de símbolos que a una obra cerrada y poética. Una película tramposa: vende algo que no es o ya que fue: ese mundo poético de imágenes bellas y orientales que, por eso inasible que tiene el cine, terminan siendo risibles.

A ver: en un barco en medio del agua, un viejo ha criado a una nena desde los 6 años. En pocos días, ella está por cumplir 17 y entonces el viejo se casará con ella. Un calendario anotado día a día, marca la ansiedad y la preocupación. Ambos viven del alquiler del lugar a pescadores que el anciano trae en un bote. El espectador ve con los ojos de la niña. Los extraños vienen y van, como en Primavera… no se sabe de dónde , sí se sabe que traen la modernidad (un mp3 motivo de conflicto)a la cual, lógicamente, el viejo resistirá. Todos hombres, todos atraídos por la chica y expulsados por el viejo con lógicos flechazos (no de Cupido precisamente). Antes de eso, con su arco y una hamaca que cuelga fuera del barco, el viejo lee el futuro a los pescadores, preanuncio pobre de lo mágico que sucederá luego.

La idea no está mal pero lo que inicialmente parecía interesante se deshace en desbordes innecesariamente metafóricos y en situaciones fuera de sentido.

¿Por qué el muchacho que quiere rescatar a la chica de ese mundo carcelario, de pronto y tras frustrado rescate, se convierte en testigo de un intento de suicidio, de la boda tan esperada, y de una situación fantasmal que en ningún momento se plantea en los minutos precedentes?. Tan sorprendido como nosotros y por muy moderno que sea, el joven se transforma en el premiado y enamorado héroe que debe justificar su vida futura y el orden familiar con un “permiso” supremo de la magia y la redención.

Inexplicable vuelta de tuerca con mucho olor a película oriental para mostrar en festival occidental: ceremonias de muchos colores, citas a lo ancestral y metáforas vacías.

Publicado en Leedor el 23-02-2007