Perfume (II)

0
5

Adaptación gélida que plantea una mirada aséptica sobre una novela que habla de la pasión por intentar capturar la esencia de lo humano a través de los sentidos amaestrados.Sentidos amaestrados

La versión cinematográfica de la algo sobrevalorada novela de Patrick Süskind El perfume recuerda mucho a la reciente adaptación hollywoodense de El código Da Vinci.

Ambas películas están basadas en best-sellers ?aunque el del alemán es muy superior al libro impresentable de Dan Brown-, con mucha producción y seriedad grandilocuentes y una idea de transposición literal que no se juega por un punto de vista novedoso o arriesgado sobre el material de base, lo que las convierte en objetos insignificantes y olvidables.

Perfume: Historia de un asesino es un típico film de qualité, con un par de actores muy conocidos ?aunque Dustin Hoffman parece estar en otra película-, mucha plata para los vestuarios y el diseño de producción, con planos generales bien cuidados, locaciones lujosas y banda sonora omnipresente, todo prolijo, todo muerto. Ni siquiera falta el narrador ? John Hurt, con el mismo tono de moraleja que había usado para Dogville– que aparece convenientemente cuando las imágenes no pueden evocar lo que se quiere contar y que se descarta con la misma facilidad en grandes tramos de la película. A los problemas cinematográficos de Perfume hay que añadir que, a pesar de su literalidad, interpreta mal la obra de Süskind en algunas de sus elecciones en la transposición. Algo similar le sucedió a El código Da Vinci: la novela es pésima pero llega a desplegar una cierta energía en el placer y lo divertido de ir descifrando misterios, que se perdió por completo en la película ?sólo exceptuando al personaje de Ian McKellen-, que no se refugió en el género de aventuras y le dio una entidad más seria a la teoría conspirativa.

En Perfume, para empezar, hay un error básico en cómo está trabajado el protagonista, Jean-Baptiste Grenouille. Ben Whishaw, el actor que lo interpreta, es un pretty boy opuesto al personaje que está descrito en la novela, que es feo y algo deforme. Por mucho maquillaje que lo ensucie, sus ojos azules en primer plano lo hacen demasiado bello para Grenouille. Además del physique du rol, la película tiene que lidiar con hacer del protagonista un personaje con el que el espectador simpatice y al que acompañe en sus peripecias. En la novela esto se logra narrando desde su punto de vista, cercano a cómo percibe el mundo a partir de su extraordinario sentido del olfato, con descripciones minuciosas y extensas. Traducir esto al lenguaje cinematográfico es casi imposible, y una veintena de planos detalle de su nariz no logra dar cuenta del rico mundo interior del personaje. La película entonces opta por humanizarlo, y con esto traiciona por completo la esencia de Grenouille, que es un ser que profesa un profundo disgusto por sus pares y que está caracterizado como una especie de monstruo que no posee características humanas. Esta diferencia con la novela se nota particularmente en el desenlace de la película. Un personaje que sólo siente repulsión por los hombres no puede tener una escena en la que imagina y anhela haber hecho el amor con la primera muchacha a la que asesina ?de forma accidental en la película, intencionalmente en la novela-, ni se emociona cuando se da cuenta del amor fou hacia su persona que el perfume genera en quienes lo perciben. En el libro, mientras se desarrolla la orgía, Süskind narra que Grenouille observa todo con ?una mueca horrible y cínica?; en la película el personaje está emocionado hasta las lágrimas porque no logra ese contacto que desea con la humanidad, lo que le da un tinte romántico burgués que no está en la novela. De hecho, Grenouille genera efectos dionisíacos con su perfume ?éxtasis lujurioso y antropofagia- que en la película están trabajados de forma demasiado apolínea. La escena de la orgía está presentada con un montaje recatado y un uso ridículo de la cámara lenta, con música dramática que la tiñe de solemnidad, cuando debería ser una verdadera bacanal liberadora de las pulsiones más animales, un momento carnal y crudo, a lo Pasolini en su trilogía de la vida. Nada de esa vitalidad instintiva de las feromonas sueltas en el aire se ve en la película de Tom Twyker: adaptación gélida, bien alemana, que plantea una mirada aséptica sobre una novela que habla de la pasión por intentar capturar la esencia de lo humano a través de su aroma.

Publicado en Leedor el 17-02-2007