Lunar Park

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La última novela del escritor estadounidense se presenta como un alucinado juego de apariencias, en el cual, el relato en primera persona cobra una dimensión que potencia aquellos fantasmas que han dado vida a su obra.
LUNAR PARK
Autor: Bret Easton Ellis
Editorial: Mondadori
Nº páginas: 384

Lo que en primera instancia se presenta como una suerte de autobiografía, poco a poco comienza a sumergirse en un particular y extraño recorrido de desintegración de los límites que rigen entre la ficción y la realidad, entre el pasado y el presente, entre la cordura y la psicosis, entre lo cotidiano y lo siniestro.

El breve, pero por demás intenso repaso por su trayectoria como celebridad llevado a cabo por Ellis en el primer capítulo, titulado Los comienzos, es un retrato de sí mismo absolutamente desbocado y vertiginoso que obedece más al imaginario sobre él estructurado por los medios y por las oficinas de marketing de las editoriales, que a su propia vida. Suerte de autoparodia rebosante de sarcasmo, estas primeras líneas, sientan las bases para comenzar a intuir que Lunar Park podría constituir un antes y un después, un adiós a una etapa como autor y un entierro definitivo del personaje.

El relato continúa con la vida del protagonista luchando contra sus propias contradicciones a fin de establecer una vida hogareña alejada de las urbes y tratando de conectarse con su pareja e hijos. Para ello, deberá asistir a tediosas fiestas organizadas por vecinos y asistir a reuniones de padres en un exclusivo colegio para niños de familias de clase media alta.

Sin embargo, la vida cotidiana inmediatamente comienza a descascararse y a mostrar sus aristas cada vez más tenebrosas. Allí es donde Ellis insiste en centrar la crítica a una sociedad en donde las marcas registradas se funden con las identidades. Lo cotidiano amenazador también es la vía a partir de la cual comienza a crear un clima de extrañamiento pleno de disociaciones, que ira in crescendo a medida que avanza la historia y que resulta lo más interesante y significativo del libro. Sucesivamente emergen culpas familiares, seres que asumen identidades de personajes de otras novelas y fenómenos inexplicables que irán confluyendo en un proceso entrópico hasta alcanzar el caos que precede a un desenlace cinematográfico y melancólico.

Lunar Park puede interpretarse como un ejercicio de escritura que traduce una práctica de exorcismo dirigida hacia el ineludible poder amenazador de lo reprimido que acecha y ronda sin descanso.

Publicado en Leedor el 15-02-2007

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