La mirada de Clara

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El insoportable peso de un apellido ilustre.
Leopoldo Torres Ríos fue un prolífico director de cine y padre de un nombre emblemático de la cinematografía nacional, Leopoldo Torre Nilsson. ?La mirada de Clara? bucea básicamente en una etapa temprana de la vida del primero y de su esposa May Clara, abuelos de Pablo Torre (?El amante de las películas mudas?, ?La cara del angel?).

El haber conocido personalmente a May, abuela del realizador de este film, provocó en quien esto escribe una particular curiosidad. Su recuerdo, a fines de la década del ?40, es la de una mujer agradable aunque algo envejecida y que portaba efectivamente gruesos lentes por causa de una miopía, que el film se ocupa en destacar. Era la directora (y dueña) del colegio ?Highlands?, en Vicente López, en un edificio que se parece a aquél en que transcurre la última parte del film. Dos de sus hijas (Grace y Maisie) eran maestras de inglés y hermanas de Torre Nilsson, a quien no se lo veía normalmente por el colegio. A Grace (Graciela), vista el año pasado en Mar del Plata durante el Festival, se la puede relacionar con un reciente estreno nacional: ?Como mariposas en la luz?, producida además por su marido José Antonio Ciancaglini.

Lo que recrea, en forma seguramente muy libre, ?La mirada de Clara? es el primer encuentro de la pareja en la década del ?20 y los secretos que guardaban entre ellos. Quien sale peor parado es Leopoldo cuando descubre en un cine por ejemplo, para su gran sorpresa, que la que aparece en pantalla es nada menos que Clara. Abandona la sala agrediendo gratuitamente al público y profiriendo los más variados insultos, cosa que hace a lo largo de todo el metraje.

Pablo Torre no parece tener un buen recuerdo de su abuelo a quien le hace decir, cuando aún era fotógrafo, que ?hacer cine no es una ciencia? o que ?cualquiera puede dirigir una película?. Estas peligrosas afirmaciones podrían hasta volverse un boomerang para el propio director a la vista de lo que ofrece en La mirada de Clara y en sus producciones anteriores. La actuación de Gabriel Feldman resulta poco convincente y la aparición episódica de Norman Briski y Pompeyo Audivert (Torre Nilsson) no aportan demasiado. Mejor parada sale Natalia Segré así como la música de Luis María Serra. Algunas esporádicas imágenes refieren a los films de su padre, pero no logran borrar la impresión de que el peso del apellido le resulta a Pablo Torre una carga muy difícil de sobrellevar.

Publicado en Leedor el 16-2-2007

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