Robert Altman y la levedad

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Una película refinada y exquisita abordada desde la levedad de Calvino.Altman y la Levedad

Ligera es la palabra, ligera es la imagen y ligera es la existencia. “Einmal ist Keinmal“, una vez es ninguna, dicen los alemanes, una vez no deja marca. Esta frase constituye el centro de la novela ?La Insoportable Levedad del Ser?. Milan Kundera nos cuenta la levedad de la existencia en un país que para más datos ya no existe y esto aumenta la certeza de que la vida da una sola chance y es la que nos toca, casi apenas y perdidos en la gravedad del mundo y de la historia.

Todos los jueves hacemos el taller de lectura en torno a las Seis Propuestas de Calvino. Un grupo entusiasta que se reúne convocado por un placer que parecía perdido: leer. Ya estamos en la tercera, la Exactitud, y sin embargo, la Levedad que vimos en el primer encuentro sigue siendo un hito difícil de superar. Volvemos continuamente a ella. Nos enviamos mensajes con ideas que se nos siguen disparando a partir de ella, formando un continuum que flota en el aire de nuestro particular verano porteño.

Entro al cine a ver la última película de Altman (Noches mágicas de radio). La reflexión sobre la levedad no me abandona.

La luz se apaga en el cine y yo me disuelvo para aparecer dentro de un viejo teatro que en su nombre y fachada homenajea al gran Scott Fitzgerald. Ahora soy espectadora de una función de radio en vivo, cosas de la cuarta pared.

La luz es absolutamente teatral. Detrás de bambalinas, el espacio es laberíntico, cerrado. Descendemos y subimos a escena todo el tiempo. Nos perdemos con los actores en esta feria de vanidades. El telón se abre y se cierra como en cualquier función.

Merodea la Muerte, la veo venir desde la profundidad de campo y pasar cerca de mí. Asphodel, con nombre que parece de ángel pero que en realidad es nombre de una flor, ¿la flor del infierno?, presente en distintos poetas populares de EEUU de principios de siglo XX.

El personaje de Meryl Streep canta sobre el río Missisippi y cualquiera puede pensar que el género country es poco profundo. Nada de eso, hay que prestarle atención a esas letras, tan leves, para ver cuánto se parecen a las Coplas a la Muerte de mi Padre de Jorge Manrique.

A esa altura la sensación de que una vez es ninguna y el ser es tan leve me lleva de las narices entre esos personajes, que son como todos nosotros seres humanos, meros actores de un sueño. Aparece Lola, el personaje más joven. En sus jeans rotos está pintado 4-5-94, fecha de la inmolación de nuestro Señor Jesucristo Kurt Cobain.

El entretenimiento termina y nos devuelve a la sala de un cine porteño y estival. Afuera la avenida Santa Fe se convierte en un fluir que va a dar en ese otro río que casi ni miramos pero está allá abajo.

¡Lo que moviliza el musical de la pradera! En el viejo teatro la Muerte pasó de largo por al lado mío. Se había llevado al director de la película, finalmente. La levedad es imposible de sacudir y si la buscamos y buscamos, se hace inevitable.