Cotillón

0
7

Una familia “muy normal”. ¿Qué se puede hacer, salvo una película porno?. Una tragedia moderna, decorada con Cotillón.

El espectáculo comienza, en el mismo momento en que los ingresantes traspasan la boletería del Espacio Callejón. Luego de atravesar el corredor que conduce al patio que antecede al barcito de la sala, nos encontramos con dos mesitas llenas de revistas de los 70, adornadas por un particular “Zoológico de Cristal”, no a lo Tennessee Williams, sino a lo Muscari: elefantitos, cisnes, muñequitas de cerámica y toda una fauna de adornitos kitsch, como los que solían tenerse en las casas citadinas de clase media de aquel entonces.

La musicalización, tampoco se hace esperar: Palito, Sandro, Donald, Chico Novarro (en su época del Club del Clan) y personajes ya un tanto olvidados como Sabú o Los 3 Sudamericanos.

Y finalmente, de la confitería de la sala adornada con las infaltables banderitas que poblaban aquellos patios de barrio en ocasiones festivas, sale una actriz del elenco, a convidar a todos los asistentes con pasta frola membrillera. La dama suministra además, una gacetilla con “info santafesina” para que conozcamos o repasemos ciertos códigos localistas que el texto remarcará. La Fábrica de alfajores Gayalí, los aristocráticos casamientos realizados en la parroquia de los Agustinos Recoletos y el historial de destrucción total o parcial de algunos importantes íconos de la ciudad.

El problema no es nuevo: una familia cae en la ruina moral y económica, a causa de las inundaciones provinciales. Lo particular es el enfoque del autor y la manera en que produjo esta obra, según sus propias palabras con una “dramaturgia disgregada, quebrada, trucha, cachivachera, sucia y descartable”.

Cinco hermanos, heredan de sus trágicamente fallecidos padres, una fábrica de cotillón que termina fundiéndose a causa de una mala inversión de una de las hermanas. Esta, compra 16.000 bonetes con elastiquitos vencidos (seguramente podridos por el agua), que deben ser reparados a mano, pero nunca logran hacerlo y por lo tanto, no consiguen réditos económicos de su trabajo.

El hermano mayor, intrigado por un aviso que busca “personas sin escrúpulos sexuales para filmación de entrecasa?, se contacta con un sponsor que prometerá salvarlos: un director de cine porno, que pretende realizar con ellos una gran obra de arte para presentar en un festival internacional.

“Vamos, que se venga la tragedia moderna?, dirá uno de los personajes y eso es lo que sucederá luego de que el mismo Muscari y su gente, que estaban sentados entre el público presenciando la obra, den la orden de girar 360° y trasladarse hasta otro escenario, armado con una estética de hotel de reputación “non santa“, que incluye un diván y un letrero con la palabra “Cotillón”, titilando en luminosas marquesinas.

En el corredor del nivel superior que conecta las dos áreas, con los 6 actores enfundados en un vestuario digno de una película de Almodóvar, comienza nuestra “hybris muscariana” (ahora al compás de música disco). Y ésta llegará hasta las últimas consecuencias: nos conmoverá haciéndonos pensar partiendo desde ese particular drama familiar y local, en temas universales tales como la corrupción, el abandono, la venganza y la desesperación al no poder sostener el último atisbo de dignidad interior, cuando las circunstancias nos abruman.

Las individualidades del elenco logran personajes muy bien compuestos, con excelente desempeño. En primer lugar se destaca Raúl Kreig como Amstrong, el perverso director de cine, seguido de las hermanas mayores, Aleandra, la de parentesco biológico, (Carolina Cano) y Jeny, la discriminada por ser adoptada, (Luciana Brunetti). Pero no se quedan atrás, Diego Rinaldi como el simpático Jordy, Vanina Monasterolo, como la nada tonta Lola y Sergio Abbate como el zarpado Rafael.

Ganador de la Fiesta Provincial del Teatro en Santa Fe y de la Fiesta Regional del Teatro en Córdoba,el espectáculo, representará a Santa Fe, en la Fiesta Nacional en La Rioja 2007.

Publicado en Leedor el 8-02-2007