En el hoyo

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En medio de un contexto dominado por el acero y el hormigón armado, la película mexicana que se puede ver en el MALBA tiene consistencia trágica y una compleja agudeza política.El fierro y el hombre

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Una autopista a construir. Una obra megalómana. Hombres y mujeres formando parte del proyecto. Sus cuerpos, sus almas, a disposición. Y un hoyo, el realizado para la obra, el que los incluye, del que ya será difícil salir sin heridas, sin alteraciones, sin intrínseca identificación con el mismo agujero.

En el hoyo (película premiada en Sundance, Miami, Buenos Aires y nominada a los premios Goya 2007) da cuenta de la relación del hombre con el contexto en el que vive, en el que le tocó vivir. Un contexto no elegido, predestinado ?según afianzadas religiosidades? o de reñida suerte ?según pragmáticos resignados?, pero de cualquier forma, una designación contextual en la que la propia voluntad poco tuvo que ver. Un afuera, un exterior que domina, que dispone, que reparte. Un ambiente, que en este caso particular ?el Distrito Federal mexicano hoy?, no puede presentarse sino como agresivo, caótico (?infernal?, los de religiosidad afincada y los otros, en este caso coinciden), en el que apenas se consigue sobrevivir, abriéndose paso costosamente entre los resquicios que el conglomerado de máquinas y cemento permite.

Y es que lo maquínico satura la obra de Juan Carlos Rulfo (hijo del escritor y fotógrafo mexicano Juan Rulfo): representado a través de planos en picado y contrapicado que abisman, y planos cerrados que ubican a los obreros en enmarañados espacios no aptos para un cuerpo humano, que se evidencia débil, vulnerable. En el hoyo irradia despótica materialidad, una particular lógica de los objetos, que abruma cuerpos, que atiborra mentes, que ahueca almas. ?Vivimos del fierro … sin fierros no hay trabajo, no hay comida?, se escucha decir, dando cuenta de una inversión formalizada: el insumo, el objeto, consume, domina al hombre.

Pero lo que logra darle a la obra de Rulfo una consistencia trágica, una compleja agudeza política, es la tonificante aparición del humor en medio de un contexto dominado por el acero y el hormigón armado. Un humor que, practicado entre los obreros, y de frente a la cámara, ocupa un lugar balsámico, de necesidad vital. Es la aparición, aunque intersticial, de lo humano, declamándose trágicamente entre herrumbres. Es el resquicio de lo creativo, de aquello que fatalmente escapa al control, de una indomabilidad que irrumpe necesariamente ?y ahí, lo político reverdece? a los intentos por oprimir lo vital.
Como relato coral, en el que asoman de forma tibia expectativas truncadas, erosionadas, donde la naturaleza aparece como espacio idílico, anhelado, perdido, En el hoyo también permite otorgarle voz, imagen, a quienes no tienen otra voz, ni otra imagen que la del estereotipo de ?personaje de márgenes?.

La escena final, con un impresionante y turbador plano secuencia de sobrevuelo por toda la construcción de la autopista, multiplica las historias, multiplica la tragedia, ahondando en la implicancia humana, política, de una película largamente merecedora de los premios que obtuvo y seguirá obteniendo.

Publicado en Leedor el 11-01-2007