Ramón Carrillo, el documental

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La revista Caras y Caretas y el INCAA decidieron coproducir una serie de cinco biografías sobre personalidades argentinas. La primera que hemos visto es Ramón Carrillo, el médico del pueblo (Enrique Pavón Pereyra (h), 2006). El guión de Omar García propone un derrotero sobre una figura pocas veces visitada por razones estrictamente políticas. Dentro del peronismo, este médico se aleja de aquella primera década en 1954, en cuanto comienza el conflicto de Perón con la Iglesia. Fuera del peronismo, luego del golpe de Estado de 1955, cae en la lista de la captura recomendada. Por consiguiente, queda flotando en una nebulosa que lo condena al olvido.

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Lejanas anécdotas de nuestra niñez ?las discusiones con Eva Perón, sus implacables berrinches con los médicos de los hospitales públicos, su empecinada tozudez en practicar una medicina impensable antes y después del período 1943-1955- aparecen nítidamente en el documental de Pavón Pereyra. Este neurocirujano santiagueño, autor de libros que también fueron cuidadosamente olvidados, encontró en el peronismo y en su sólida y muy sincera contrincante Eva Perón el marco justo para desarrollar su teoría de una medicina humanista.

Muy pocas veces el cine ?es necesario recordar aquí la anticipatoria El viejo doctor (Mario Soffici, 1939) que sigue vigente- ha enfocado el tema de la medicina sin caer en el más craso folletín paternalista ?cfr. Mirad los lirios del campo (Ernesto Arancibia, 1947), para dar sólo uno de los desdichados ejemplos-. Lo que ocurre con este documental es algo curioso: el espectador asiste a una enumeración de testimonios y de obras que pareciera provenir de otro país.

Pavón Pereyra ha elegido hablar desde el peronismo y también desde sus internas, algo que no le traerá la complacencia de quienes aún insisten en denostar de manera fanática aquellos años. Es decir: la figura de Carrillo está ubicada en el epicentro de la zona tormentosa y contradictoria más fértil del siglo XX en la historia argentina.

Queda muy claro que le hubiera sido imposible llevar a la práctica sus teorías sobre la salud pública de no haber existido aquel gobierno.
Las imágenes sobre el Santiago del Estero de 2006 hacen pensar que el retroceso se ha llevado a cabo de manera cruenta y que el exterminio de una sociedad no es patrimonio exclusivo de las balas. Nuestro primer Ministro de Salud Pública ?un organismo inexistente antes de la llegada del peronismo- posee una lucidez a la que no es fácil aceptar desde la óptica de las prepagas, aunque resulta mucho más clara cuando se es integrante de una paupérrima obra social o se pertenece al PAMI. Esto, para no mencionar a los hospitales públicos.

El documental parecería dar una respuesta a la siguiente pregunta: ¿a quién le corresponde velar por la salud física y psicológica de los habitantes de bajos ingresos? Desde el sálvese-quien-pueda del postmodernismo, la praxis de Carrillo aparece como ingenua, cuando de ingenua no tiene nada. Y no tiene nada a tal punto que supo crearse enemigos acérrimos. ¿Desde cuándo puede pensarse hoy en la entrega de medicamentos gratuitos? Las drogas oncológicas van bien, total, ya nos estamos muriendo. Nos referimos a los otros: los cotidianos que se solicitan por radio en pedidos desesperados.

La erradicación de enfermedades endémicas de aquel entonces, el paludismo, la tuberculosis, la sífilis, las campañas de vacunación masiva contra la viruela y otros males, son objetivos prioritarios de Carrillo y su equipo. Es sabido, también, que por vez primera se le prestó atención a los auxiliares de enfermería en el país. Es probable que el documental esquive lo que no se logró, pero es indudable que los avances con respecto a la década del 30 del siglo pasado no pueden negarse.

Una pregunta curiosa acerca del destino de este hombre que murió a los 50 años, exiliado en Brasil: ¿si se alejó del gobierno cuando el peronismo entró en conflicto con la Iglesia Católica, por qué esta no se molestó en interceder por él ante los nunca bien ponderados Aramburu-Rojas? Ninguno de los testigos que desfilan aclara el punto. Se deja bien en claro, sin embargo, que hacia 1954 los dardos de la corte cayeron sobre el neurocirujano, a quien Perón intentó comprar con una embajada. Inútilmente, claro.

Para esa fecha, las discusiones interminables con la otra luchadora iluminada, temida por todos pero no por Carrillo, formaban parte del recuerdo. Muy lejos, en Estados Unidos, el neurocirujano supo del golpe de Estado de 1955 y consiguió trasladarse a Brasil. Murió olvidado, momentáneamente olvidado. Al parecer, sus ideas siguen vigentes. Es una desdicha que los sucesivos gobiernos, incluyendo al actual, cuyo Ministro de Salud aparece en el documental, se encuentren atados al carro de los laboratorios y de las prepagas. Una objeción: la música es excesiva y, por momentos, molesta. La televisión argentina podría dar buena cuenta de este documental que nos entrega esta figura imprescindible a la hora de saber de qué iba la cosa.

  • OSCAR AYOROA

    el doctor RAMÓN CARRILLO FUE EL MEDICO QUE MEJOR ENTENDIO A LA LABOR DE LA SALUD PUBLICA EN LA ARGENTINA