Casino Royale

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Nuevo Bond, nuevas mañas…
?El mejor Bond en años?. Así es como se promociona Casino Royale. Lo que no es muy original, porque cada uno de los Bond que hizo Pierce Brosnan se promocionaron como el mejor Bond en años. GoldenEye, El mañana nunca muere, El mundo no basta y Otro día para morir, eran, al menos según la publicidad y los rumores, cada una mejor que la otra. Y como casi toda la crítica alabó unánimemente tanto a Daniel Craig como el nuevo Bond y a la decisión de los productores de hacer una especie de precuela (contando no sólo una nueva aventura de Bond, sino también como se transformó en el famoso 007), las expectativas son altas.

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Y, gracias la mano firme de Martin Campbell (que ya había dirigido también GoldenEye) y aun guión que no es del todo ajustado pero que provee emociones, vueltas de tuerca y glamour para repartir, Casino Royale resultó ser una efectiva y entretenida película de acción.

Craig hace, y esto ya se ha dicho mucho, un Bond diferente, más egocéntrico y creído que los anteriores y mucho más bajado a tierra. O al menos para el verosímil del cine de acción. Porque si bien no tiene aparatos tecnológicos de elaborada complejidad, sí maneja esos autos que se prenden fuego, chocan a toda velocidad, se desmiembran y aún así siguen andando. Pero la verdad es que, especialmente en la primera media hora, la vorágine de persecuciones, asesinatos, explosiones y tiroteos que se suceden en la pantalla hacen que hasta el más intelectual de los cinéfilos tenga que reconocer la habilidad de Campbell como director.

Sobre la sensibilidad de este Bond y su relación con la chica Bond de turno (la actriz francesa Eva Green, fabulosa), la verdad es que funcionan más como estrategia comercial que como recurso narrativo. Si la idea era recomenzar la saga de Bond de la misma manera en que Christopher Nolan relanzó la del hombre murciélago con Batman Inicia, los resultados no son los ésta película consiguió. Más que nada, porque nunca se logra que la transformación de Bond de agente mercenario, juguetón y poco curtido a el 007 frío, seductor y renegado del amor que todos conocemos sea del todo orgánica. Parece, de hecho, más bien un agregado al final de la película, como una coda muy poco feliz que casi nada tiene que ver con el resto del film (por más entretenida que sean las escenas de acción en Venecia).

¿Qué queda entonces? Una divertida película de acción que tiene un bache hacia el final de su metraje, donde el interés francamente decae, pero que de todos modos no deja de ser una pieza de entretenimiento más que disfrutable. Y queda por agradecer que los guionistas no hayan usadosmás diálogos de los absolutamente necesarios, y que los productores hayan encontrado a una pareja con verdadera química (Green y Craig encienden la pantalla cuando se los permiten), cosa que no siempre ha pasado en la saga del agente secreto.

Publicado en Leedor el 8-12-2006