Estudio Abierto 2006

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Con sus instalaciones y performances, la propuesta de Estudio Abierto de este año, presenta una dicotomía entre el discurso y las obras. Entre los curadores y los artistas. Como si ambos hubieran sido gestados desde el enfrentamiento.En la página de Guillermo Bogani, recorré las fotos de Estudio Abierto

El edificio del Correo Central, construido por Maillart en pleno auge moderno porteño (fue inaugurado en 1928) sirve como ?cáscara contenedora? para esta manifestación estética posmoderna. El lema bajo el cual se seleccionaron los artistas es: ?La ilusión de lo moderno? (catálogo de La Nación, página 4, Alicia de Arteaga).

El segundo piso está curado por Valeria González. Dentro de algunas pocas obras perdura un hilo híbrido de crítica social (¿Moderna? ¿Utópica? ¿O básicamente desahuciada y posmoderna?).

Hay un escritorio tapado de papeles con un cartel que dice: Actitud+Buenos Aires, Actitud+Idiota Moral. En una cartelera un poco más adelante está planteada la pregunta: ¿De qué viven los artistas? Y, como perdida en la cartelera, hay una respuesta interesante. Un papel chiquito que parece que se metió como si nadie lo hubiese visto. Es la invitación a Estudio Abierto (Palacio de Correos y Telecomunicaciones) que discordantemente está mandada por OCA. Las palabras OCA y Correo se encuentran subrayadas. En birome dice: un artista a veces vive de contradicciones. Estas obras son pequeñas, los espacios inmensos de los altos techos del Correo están en general desbordantes de instalaciones, bastante monótonas, que siguen una línea similar a la propuesta por ArteBa, desde que se proclama feria de arte contemporáneo.

El tercer piso está dedicado a las video instalaciones curadas por Rodrigo Alonso. Estás instalaciones plantean contundentemente la pregunta de si verdaderamente anhelamos los valores que representa el edificio. En este piso la propuesta es más global, y está abarcada desde el mismo espacio, lo que le da una unidad más homogénea que al resto de los pisos.

Siempre resultó difícil comprender el arte que existe simultáneamente con uno. Desde principios del siglo veinte los artistas son incomprendidos por la sociedad que los rodea. Al arte se le exige este carácter de ruptura. La innovación que produzca escándalo. Las rupturas se hicieron cada vez más débiles y las vanguardias artísticas de principios de siglo explotaron manchando, ensuciando, pintando, la existencia de posmodernidad. El arte sale de los lugares tradicionales y se va al edificio vacío y ya obsoleto del Correo, por ejemplo.

Entonces, dentro de un gran espacio sustentado por el gobierno, donde proliferan las instalaciones y las performances, uno se pregunta si lo que no comprende hoy, en algunos años alguien lo comprenderá.

Existe en los tres pisos del correo una dicotomía entre el discurso y las obras. Entre los curadores y los artistas. Entre el lema conceptual de palabras y lo que se puede ver en las obras. Aunque la bajada conceptual intente plasmar en las obras una añoranza de modernidad, la proliferación de instalaciones que copan el edificio tienen el sello de lo posmoderno. El correo está imbuido de un estallido de colores, objetos que rondan el kitsch, esculturas armadas con deshechos, una falta de discurso coherente y una falta de contenido propias de la explosión y la superficialidad posmodernas.

Resulta difícil aunar la añoranza de modernidad que proclaman las paredes escritas por los curadores y lo que nos dicen las propias obras. Pareciera ser que, ambos (texto y obras), fueron gestados enfrentándose.

En la entrada uno puede tomar un catálogo. En en el reverso hay un pequeño sello rojo y redondo que dice: “En el marco de la candidatura, Buenos Aires, Paisaje Cultural de la Humanidad, a la lista del patrimonio mundial”. Yo me pregunto, ¿No está aquí la añoranza más pura de la modernidad, mucho más aún que en las propias obras? Dentro de los carteles escritos por los curadores hay una cita de Malraux: “Buenos Aires es un Imperio que nunca existió”. ¿No querrán decir lo mismo que ambicionaron los propulsores de esta modernidad porteña de principios del siglo XX, estos nuevos dirigentes con la frase Paisaje Cultural de la Humanidad? Quizás aquí esté la verdadera añoranza de la modernidad, más aún que en las propias obras, que tiendo a pensar que encriptan bastante menos de lo que uno quisiera.

Publicado en Leedor el 30-11-2006