La verdad incómoda

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Un panfleto que niega serlo, una propaganda que trata de disfrazarse de información, un anuncio publicitario que jura ser un documental imparcial. Los ciegos

La verdad incómoda es, o al menos parece ser, una película sencilla. Es un documental que retrata la conferencia sobre calentamiento global que Al Gore (el candidato demócrata que perdió la presidencia a favor de George Bush en aquella escandalosa elección del 2000) da por todo el mundo, alertando sobre las peligrosas consecuencias del aumento de la temperatura ambiental, intercalado con algunas imágenes de archivo y un poco de la biografía de Gore.

Se la publicita como ?la película más aterradora de todos los tiempos?, y no duda en hacer apocalípticos anuncios sobre lo que pasará si el hombre no deja de contaminar el planeta. Es, en este sentido, un documental extremadamente didáctico, sencillo, que explica con un lenguaje simple y llano cuestiones científicas importantes.
Pero La verdad incómoda es mucho más que eso.

Es, descaradamente, una propaganda absoluta para Al Gore. No importa que Gore diga que ha renunciado a tener una carrera política y que se haya dado cuenta que salvar al planeta es su misión en la Tierra. Él aparece como un visionario que trató de alertar al Congreso de EE.UU. sobre los peligros y consecuencias del calentamiento global hace décadas, casi como un enviado del Cielo que no hace más que estar pendiente del medio ambiente.

Gore es un intérprete talentoso (todo político de altura lo es hoy) y sabe manejar al público, regular su voz, usar su gestualidad. No cabe la menor duda que cada palabra que dice, que cada pausa en su discurso, que cada chiste, cada momento serio y cada movimiento que hace fue cuidadosamente planeado por una troupe de asistentes y ensayado hasta el cansancio. Gore se presenta entonces como un hombre sensible, inteligente, dedicado y honesto. La verdad incómoda es tanto un documental de denuncia sobre el calentamiento global como su biografía oficial y laudatoria.

Es, en ese sentido, una clase de manipulación. Por momentos, realmente convence al espectador de que no es un arma política, sino una cruzada por el bien del mundo. Iguala el bien de los EE.UU. con el bien del mundo entero (qué obsesión tienen los norteamericanos con eso), y es muestra de esa increíble seguridad con la que ese país se autodenomina salvador del mundo, Mesías de la humanidad, el único pueblo que puede guiar al resto de los hombres hacia la salvación, el bienestar y la paz. Gore, claro, ocupa el lugar de líder de todos los redentores.
La preocupación por la ecología es muy del primer mundo, y especialmente del progresismo norteamericano. Es un tema de importancia, qué duda cabe, pero el lugar primordial que ocupa en la mente de los norteamericanos es casi impensable para el espectador argentino. Acá estamos muy preocupados por las aguas fétidas del Riachuelo, pero no más que por la economía o la inseguridad. Cada país tiene sus obsesiones, y la ecología simplemente no es la nuestra.

La verdad incómoda entonces, sorprende aquí mucho más de lo que lo hace en otros lados, porque el tema no está tan candente entre nosotros. Pero no por eso deja de ser un panfleto que niega serlo, una propaganda que trata de disfrazarse de información, un anuncio publicitario que jura ser un documental imparcial. El mensaje ecologista que busca propagar es importante, pero mucho más lo es no creer que se trata ?nada más? de una película inocente. Hay intención política detrás de esto, positivismo light, mucho de la ideología self made man y mentalidad can do que los norteamericanos tanto aprecian.

Es una herramienta más de un sistema cuya principal habilidad es convencer a todos de que no es sistema, sino justicia, lógica, mero sentido común.

Es mentira que no hay peor ciego que quien no quiere ver: no hay peor ciego que aquél que se cree vidente.

Publicado en Leedor el 25-11-2006