Cabaret diabólico

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Willkommen, Bienvenue, Welcome“, las tradicionales palabras de bienvenida inmortalizadas por Joel Grey, como el “conferencier” del musical “Cabaret“, nos invitan a participar de la obra de Beth Escudé i Gallés. ¡Y vaya con su “diabólica” maestra de ceremonias! Nada menos que la primer representante del género femenino: Eva. Todo sobre Eva

Desde sus no tan santos orígenes franceses hasta sus más intelectuales vías de continuidad alemanas, el Cabaret, ha sabido en las distintas épocas, divertir y al mismo tiempo encabezar una dura vertiente de crítica social y política.

En la obra de Beth Escudé i Gallés, la estructura de dicho tipo de espectáculo dentro del teatro, le brinda la posibilidad de utilizar un ámbito nada formal para unir el Génesis con nuestro mundo actual, poblado de “paradojas y eufemismos” : guerras purificadoras, ONG’s del gobierno, globalización humanitaria, etc. Y a las pruebas se remite la autora de que ninguno de nosotros queda libre de participar en los diabólicos propósitos. Por ejemplo, comprando una marca de zapatillas que aunque no lo sepamos, favorece la explotación de trabajadores infantiles.

El rol de maestro de ceremonias (o “conferencier“) de Cabaret, sólo podía ocuparlo una persona ducha en las artes de la improvisación y conocedora de los procedimientos literarios, para poder responder a los eventuales desafíos del público con efectiva acidez en satíricas respuestas.

Y nuestra anfitriona, es ideal para dichos propósitos. Ella, se define a sí misma, como, “la piel del diablo”, ?la madre de todos los que viven?, ?la que conduce el espectáculo? y ?la que siempre miente. Incluida esta última afirmación”. Tamaña caracterización, pertenece nada más ni nada menos que a la primera portadora de la culpa en toda la historia de la humanidad: Eva.

La ancestral dama bíblica, (Iris Pedrazzoli) no viene sola, tiene una pícara “partenaire” (Atina del Valle) que la ayudará en sus transformaciones escénicas para encarnar un “casting de chicas transgresoras” que dieron que hablar en distintas épocas.

Desde Helena de Troya, hasta Leni Riefensthal pasando por la hermana Hrotsvitta de Gandersheim, la joven acusada de hereje, Grazida de Montaillou, y la sangrienta condesa Erzebeth Bathory, cada desdoblamiento de la Eva originaria es acompañado por números de prestidigitación, escapismo y ventriloquía (procedimientos comunes en un show de cabaret) y de la asumida o negada culpa de la mujer en cuestión.

Helena de Troya, culpable de provocar una guerra por su belleza, es convertida aquí en una poco agraciada enana a quien, según sus propias palabras “una excelente campaña de marketing” le proporcionó fama eterna.

Hrotsvitta de Gandersheim, es presentada en la absurda e imposible situación de ser una monjita que canta en un cabaret, (en realidad fue una voluntaria en un convento que nunca llegó a tomar los hábitos) y una vez en escena, no se priva de desplegar una cuota de particular ironía, al dedicar su tema a todos los hombres “sabios” de la sala.

Culpable de ser, en la época de los emperadores Otones, cuando la mujer no osaba dedicarse a estudiar, la primera dramaturga de la historia, se atreve incluso a revisar los negativos retratos femeninos que había popularizado Terencio, en sus comedias de los primeros siglos de la República Romana.

Grazida de Montaillou, una adolescente seducida por un sacerdote con el acuerdo de su madre, es juzgada por la Inquisición en el siglo XIV e incorpora el arrepentimiento de la culpa. Tal vez la caracterización más dramática de todas, es muy bien jugada por Atina del Valle, con Iris Pedrazzoli secundándola en el rol del Inquisidor.

Todo Cabaret que se precie tenía su vampiresa, aquella que Mischa Spoliansky y Marcellus Schiffer inmortalizaron en su canción “Ich bin ein vamp!” de 1932. Ahora nuestra “mujer vampiro”, por desgracia para sus víctimas, lo sería, literalmente. Erzebeth Bathory, la Condesa sangrienta que vivió en el Siglo XVI, tan preocupada estaba por la posibilidad de perder con los años su increíble belleza, que al escuchar de labios de sus sirvientes, que beber sangre de vírgenes le haría conservarla, comenzó a asesinar niñas, para intentar prolongar su preciado don. No hace falta decir, que a diferencia de Grazida, ella no se arrepintió de sus horribles crímenes.

Y para terminar con la singular nómina de hermanas de Eva, que mejor que la protagonista de una “maravillosa y horrible vida”: Leni Riefensthal. La cineasta del documental nazi “El triunfo de la voluntad“, hasta el día de su muerte repetiría, con una irritante necedad acerca de los horrores del régimen que lo propulsó :”¡Pero yo no sabía nada!”.
A Iris Pedrazzoli, le tocará en suerte dar vida a la mayoría de estas disímiles damas cosa que hará con gran presteza, profesionalismo y simpatía. Y como si eso fuera poco, será también Eva, “la que conduce el espectáculo”.

Nos queda como mensaje del rol de la “maestra de ceremonias”, a lo largo de la historia, que a pesar de su vilipendiada fama, la dama de la manzana, también ha sido la que brindó un poco de sal a la vida y “Cabaret Diabólico” con su aporte de refinado humor, la reivindica.

Publicado en Leedor el 26-11-2006