Un mismo duelo

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Dos actrices que darán que hablar, un libro colmado de ingenio y en escena, un paradójico duelo, que en vez de apesadumbrar “mata”, pero de risa. Matándome suavemente con tu buen humor.

Se dice que la tragedia y la comedia son los dos extremos en que se mueve el humor. La historia de “Un mismo duelo” parte de hechos sumamente dolorosos. A Andrea, la deja plantada en el altar el mismo hombre que engaña a Bárbara, en su propia cama y con su propia hermana. El nombre del desconsiderado caballero, es nada menos que “Sátiro”, y este dato, nos da la pauta de que la cosa comenzará a desplazarse decididamente hasta el otro extremo, en el transcurso de la obra.

Sátiro, es el motivo que provoca el encuentro de las dos mujeres en su última morada conocida, la casa de Bárbara y allí ambas jóvenes, de personalidades opuestas comenzarán a elaborar su duelo, que a decir del mismo Freud trae “una inhibición general de todas las funciones psíquicas” que “pasado cierto tiempo se superarán, culminando cuando el yo quede libre y sin inhibiciones”.

Bárbara, considera que fue condenada desde su propio bautismo, a la nada fácil tarea de tratar de estar constantemente haciendo honor a su nombre. Luego del adulterio de su ex-pareja con su hermana, la depresión hace que se la pase todo el día en su casa, como una especie de Penélope Almodovariana, ensuciando todo una y otra vez, simplemente para volverlo luego a limpiar y así poder ocupar su tiempo en algo.

Andrea, es ordenada, organizada y obsesiva. Acostumbrada a reprimir sus sentimientos, le cuesta incluso, decir una mala palabra cuando está realmente enojada. Lo que más le dolió de su separación con Sátiro, es el hecho de que él no haya podido entender como los objetivos cuidadosamente planificados por ella, iban a conducirlos a ambos indefectiblemente a una vida feliz.

Y así las circunstancias irán acercando a las cada vez más amigas. Andrea invitará a Bárbara a ser su compañera de trabajo en el bar “La Angustia”, donde ella se desempeña como camarera. Será aquella, la que presentará a Bárbara, la posibilidad de elaborar su duelo en común, llevando a cabo un singular plan para la necesaria catarsis: deben eliminar a Sátiro y así quedarán liberadas para siempre.

El desopilante desarrollo de este “crimen” que por supuesto, incluirá un cuidadoso entrenamiento físico previo y un planificado ejercicio de “role playing” con un muñeco que hará de Sátiro, para ver cual de las dos mujeres reúne las mejores competencias para actuar como “señuelo seductor” y cual es la más adecuada para hacerlo como “ejecutora del disparo final”, es uno de los puntos altos del espectáculo.

Excelente el juego con la estética televisiva y cinematográfica. En el primer caso, por ejemplo, con trucos al estilo “cámara rápida” en el “Bar La Angustia” típicos de las chicas de “Benny Hill“, por supuesto acompañados de su musiquita característica. O también con las increíbles conductas frente al peligro que tenían los siempre prolijos “Ángeles de Charly“, que aquí serán dos e irán vestidas de novia. En el segundo caso, el recuerdo de la gran influencia narrativa que tenían los boleros y las canciones románticas en las películas de Almodóvar o la genial secuencia de entrenamiento que no tiene nada que envidiarle a la que hizo clásica el personaje de “Rocky” subiendo y bajando por las escaleras, e incluso incluye aquí, la música de su cuarta película, “Burning heart“.

Para lo último hemos dejado el comentario de las actuaciones de Fernanda Casares, como Bárbara y de Natalia Schvetz, como Andrea. Hacen un contrapunto actoral impecable, no sólo por la manera de construir y transmitirnos sus personajes, sino por su saber desplazarse en escena, logrando, por ejemplo, en menos de un minuto, con un simple gesto de cubrirse la cabeza con un manto, de Bárbara y otro de sentarse sobre su compañera, atravesándola perpendicularmente, con un delantal sobre sus faldas, de Andrea, convertirse en una perfecta “Pietta” renacentista, que se asocia iconográficamente con aquellas, pero nos produce el efecto contrario, no podemos dejar de reir.

No estamos en condiciones de adelantar el final, sólo daremos algunos indicios: ¡se oyen disparos frente al edificio donde se encuentran las oficina de Sátiro!. Imposible dejar de ir, y averiguar el desenlace de este inolvidable duelo.

Publicado en Leedor el 21-11-2006