Hamaca Paraguaya

0
6

La mejor propuesta estética para la idea de la suspensión del tiempo en un film argentino como hace rato no se veía.
La espera de dos padres a un hijo que no regresa del frente de batalla no puede más que convertirse en un tiempo detenido, suspendido, como si fuese una hamaca paraguaya que permanece estática. El transcurrir de un día no ofrece nunca nuevas alternativas. Esperanza o desesperanza, lo único que puede acontecer es la repetición, casi el ritual, de actividades que parecen desaparecer frente a la espera y el pensamiento.

El tratamiento temporal de este film es realizado con la mejor propuesta estética, que dispara excelentes logros en materia de lenguaje cinematográfico.

La puesta en escena nos da sutiles indicios de un transcurrir de tiempo. En primer lugar, los diálogos nos ubican en 1935, en la Guerra del Chaco que enfrentó a Paraguay y Bolivia. Por otro lado, los diferentes tonos de luminosidad, que tiñen los escasos planos secuencia, narran el paso de un día completo. Sin embargo, a pesar de todo esto, la totalidad transmite una fuerte sensación de atemporalidad, lograda, sobre todo, por una inteligente conexión entre planos estáticos y diálogos en voz over. Mientras que los personajes permanecen mudos, con acciones mínimas, sus propios diálogos traídos de otro tiempo se corresponden con las imágenes, logrando de este modo la sensación de repetición, de perpetuidad, de tiempo suspendido. Así, una conversación sobre la lluvia que no viene, sobre los pájaros que la pronostican o sobre el intermitente ladrido del perro obtiene una respuesta en el sonido directo de la imagen, a través de relámpagos o el canto de las aves. Esto da la sensación de que estos temas son de las únicas cosas de las que hablan Cándida y Ramón desde la partida de su hijo, cuando el tiempo se detuvo para darle paso a la interminable espera (la espera de una lluvia, la espera de un hijo).

Ahora bien, al mismo tiempo que se percibe una correspondencia entre lo que se ve y lo que se escucha ?logrando ese particular efecto temporal-, en términos espaciales debemos hablar de una aparente contradicción. Nos referimos a la fuerte sensación de intimidad que se logra en el tono de las voces, y que pareciera ir en oposición con la distancia que mantienen los planos generales. Sin embargo Paz Encina, como ya sabía hacerlo Kiarostami con un estilo diferente, logra crear en el distanciamiento visual un clima íntimo, como si el pensamiento y el interior de los personajes tomara forma en las imágenes, ya sea en los planos generales como en las tomas más cortas de los personajes de espaldas.

Esta propuesta estética tan significativa y de logros simbólicos, viene de la mano de una necesidad de la directora de representar el alma de los habitantes más humildes de Paraguay. Además de los diálogos subtitulados en guaraní, el contexto histórico se ubica en una guerra que, a pesar de haber tenido consecuencias positivas para el pueblo, sin embargo fue un hecho inmediatamente anterior a los 35 años de dictadura que le esperaría vivir a la región, y también la directora. De este modo, la espera de tiempos mejores es un rasgo que caracterizó a la población paraguaya desde hace muchos años. Esto, y mucho más, es lo que transmite inteligentemente su ópera prima. Felicitaciones, y gracias por recordarnos que el cine es un arte.

Publicado en Leedor el 4-11-2006