Nacido y Criado

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De haber reconocido la necesidad de filmar en Patagonia, Trapero hubiese logrado una película mucho más definida y expresiva.

Una serie de fotografías. El blanco intenso de marco. Una pareja joven y una pequeña hija. Los momentos felices. El folklore acompaña la secuencia. La canción es de Palo Pandolfo y se llama ?Sangre?.

La primera secuencia que sigue a esta introducción continúa con lo que ya se ha percibido visualmente. Santiago (Guillermo Pfening) trabaja como decorador junto a su mujer (Martina Gusmán ?la actual esposa de Trapero y co-productora del film-), y ambos adoran a su pequeña hija.

Un viaje de fin de semana los llevará finalmente a la tragedia.
Santiago vive ahora en un pequeño pueblo cerca de Río Turbio. Trabaja junto a un amigo en un pequeño aeropuerto, donde una vez por mes llega un avión que traslada tan sólo a cinco personas. Este trabajo tan inestable parece no ser suficiente para sobrevivir, por lo que la caza de zorros será un complemento necesario para la supervivencia.

El rostro del film ha cambiado por completo. A partir de aquí, el blanco inundará la pantalla y, a pesar de las declaraciones del director, el paisaje patagónico se convierte en el nuevo protagonista del relato. Porque la historia no ?es un retrato del estado de ánimo de Santiago? como la definió Trapero. Si bien está muy presente en el film la trágica faceta de su nueva vida, determinada por la soledad, la angustia, y la huella de su pasado, esto no está expresado por los escenarios de la Patagonia, como asegura el director. El dolor del protagonista queda reducido a las noches de insomnio, las náuseas y las imborrables marcas corporales del accidente, mientras que los espacios sureños se muestran independientes, con un rostro que pre-existe al del protagonista, y lo que debía ser la representación de un estado interior cede lugar a la bella exposición estética (de bosques, montañas y de alguna cabalgata a caballo).

El pequeño pueblo (Turbio Viejo) con habitantes que se autodenominan nacidos y criados es, en la vida real, un pueblo de exiliados, de gente que se escapa de su pasado (esto es una anécdota que cuenta Trapero luego de haber visitado el pueblo años atrás, cuando buscaba escenarios para Mundo Grúa). La única vida que puede imaginarse allí es la del sacrificio, sobre todo por el clima frío y espacios desérticos. Las condiciones ofrecen tan sólo la posibilidad de dos únicos oficios: los de gendarme o minero. Con esta descripción la Patagonia parece ser, a los ojos del director, un lugar que sólo puede refugiar almas trágicas, como la de Santiago. Más que el escenario expresar el drama del protagonista, es este último quien representa un estado de ánimo que de antemano está presente en esos espacios. Ahora bien, Trapero va a lograr la mayor representación dramática, no tanto con el blanco de la nieve, sino sobre todo en esos lugares más particulares, como lo son el aeropuerto, o el pequeño bar situado en el medio de la nada, con una camioneta en la puerta que no arranca por el frío. En estos lugares el director ha encontrado las mejores escenas del film y, quizás, las únicas que lograron crear el clima buscado. Es aquí donde realmente nace la historia. De haber reconocido la necesidad de filmar en Patagonia, Trapero hubiese logrado una película mucho más definida y expresiva.

La dramatización del espacio no precisa introducirse con un gravísimo accidente, tampoco seguirse de repetidas escenas de lágrimas, reacciones impredecibles y dolores corporales. De todos modos, el lugar que han tomado la historia de Santiago y, sobre todo, la historia familiar, no la consideramos un ?error? del film, sino una construcción bien lograda en términos narrativos. Se destaca, sobre todo, la escena del accidente, cuyos resultados fueron dignos de la mejor producción de hollywood, y no exageramos. El trabajo de montaje dio una fuerte impronta realista a la escena, también el sonido ha contribuido a la crueldad de la situación. También cabe destacar la fotografía del film a cargo de Guillermo Nieto, que ha logrado imágenes de excelente calidad estética, y la dirección de arte (Pablo Maestre), que acompañó la narración con composiciones escénicas precisas.

Publicado en Leedor el 28-10-2006