Nuestra Señora de las Nubes

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La problemática del exilio expresada con la bella poesía de Arístides Vargas llega al Antesala con “Nuestra Señora de las Nubes“.El silencio, la casa de los que no tienen casa.

Un país imaginario. Las historias de sus ilustres fundadores y de los guardianes de su genealogía, mezcladas con las de otros hijos menos célebres, que tuvieron que cambiar su hogar natal por “la casa de los que no tienen casa”: el silencio, según la bella metáfora de Arístides Vargas.

Con su atmósfera onírica, la puesta logra transmitir la sensación de estar “en las nubes”, en muchos de los significados que atribuimos a dicha frase. Desde estar enamorado de una persona o de un ideal, o dejarse llevar por el misterioso diálogo con un extraño, hasta no ver la realidad, creer en una superioridad que da la pertenencia a un determinado apellido, o simplemente ser ciudadano de “Nuestra Señora”, el nombre que Vargas dio al supuesto país del que provienen Irma, su padre, Meme, su abuela, Oscar, Bruna y los hermanos Aguilera.

La melodía de “Zamba de mi esperanza” que tararea el elenco, el exilio real del mismo autor sumado a claros rasgos de nuestra poco tolerante idiosincrasia, no nos permitirán equivocarnos, hay un claro paralelo entre el denominado país y el nuestro. Y el tema “No me arrepiento de nada” de Edith Piaf, transmitirá, aún a los que no entiendan su letra, esa necesidad de cortar con el pasado y empezar de cero, que tiene que pasar quien debe buscar asilo en tierras lejanas por motivos no deseados. Adaptación dolorosa, sin duda, pero imperativa para seguir viviendo.

Y así la aguda, ingeniosa y conmovedora pluma de Vargas, en medio de este clima casi surreal, irá haciendo presente, en los varios encuentros a lo largo del tiempo que tendrán Bruna (Marina Fantini) y Oscar (Luciano Crispi / Maximiliano Galeano), los dos exiliados de la obra, las ausencias que pueblan sus historias personales.

Excelente la gráfica de Luciano Crispi para la tarjeta de publicidad del espectáculo que incluye un fotomontaje con el cuadro de Magritte, “Los amantes” (1928), en un ambiente pueblerino, con el agregado de un paraguas transparente y valijas similares a las que llevará Bruna.

Con intenso dramatismo Marina Fantini, acierta en transmitirnos con su composición la angustia que causa el no poder expresar lo que se siente con libertad. La misma, que da comienzo al exilio interno, que “mata las cosas que amamos”.

El rol de Oscar, es desempeñado por dos actores que aportan firmeza y energía: Luciano Crispi en las dos primeras escenas y Maximiliano Galeano en las dos últimas.

Muy destacables los trabajos de Solange Perazzo como la inocente Meme y Sol Busnelli como su abuela Josefa, que defenderá su espíritu de pertenencia a una estirpe y al mismo tiempo dejará en claro con sus olvidos, la ridiculez de dicha importancia.

Finalmente, Anahí Gadda conmueve como la manipulada Irma y brindan un toque de humor como los piropeadores del pueblo, Maximiliano Galeano y Juan Pablo Panebianco, es decir los Hermanos Aguilera.

Publicado en Leedor el 25-10-2006