Salas de vistas ópticas

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Es muy difícil imaginar la profusión y la variedad de los aparatos proyectores de imágenes que se usaron a lo largo del siglo XIX y que culminaron al finalizar ese siglo en la proyección de imágenes en movimiento, es decir, en el nacimiento del popularísimo cine.LA PROYECCION DE IMÁGENES EN EL BUENOS AIRES DEL SIGLO XIX
LAS SALAS DE VISTAS OPTICAS

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La lista de esos artilugios ópticos-mecánicos es muy extensa.
Son muchos los avisos que se encuentran en los periódicos de Buenos Aires anunciando estos espectáculos eminentemente populares. A veces no es fácil desentrañar qué se esconde detrás de nombres como fantasmagorías, cosmoramas, dioramas, polioramas, silforamas, diafanoramas, panoramas, vistas estereoscópicas, etc.

Muchos de los nombres que mencionamos aparecen en los avisos porteños a lo largo de todo el siglo, aplicados con criterios variables, y siempre en la parte del diario dedicada al rubro Diversiones.

El punto de partida de estos aparatos fue la linterna mágica creada en 1654 por el jesuita Atanasius Kircher que asombró y atemorizó a Europa con sus imágenes. Se trataba de pinturas realizadas con colores transparentes sobre vidrios y se proyectaban con linternas que utilizaban lámparas de aceite o velas. En el siglo XVIII comenzó su explotación comercial, y un belga llamado Robertson presentó en París las llamadas Fantasmagorías.

A través de los años la linterna mágica se fue perfeccionando y a mediados del siglo XIX casi todas las ciudades importantes de Europa, de América y muy especialmente de EEUU contaban con salas dedicadas a la proyección de estos espectáculos visuales.

En Buenos Aires el auge de estos establecimientos coincidió con el período del Estado de Buenos Aires (1852-1862), luego de la caída de Juan Manuel de Rosas.

El historiador argentino Vicente Gesualdo detalló, en un artículo publicado en 1988 en la revista “Todo es historia” Nº 248, los antecedentes de la linterna mágica en el Río de la Plata. Hasta donde se sabe la primera fue propiedad del cura Juan Bautista Goiburu, monaguillo, cantor, organista y maestro de capilla en la Catedral desde 1783 hasta 1813, y que realizó frecuentes exhibiciones en el Real Colegio de San Carlos, en el real Seminario, y en la casona familiar de su pariente, el deán de la Catedral, Pedro Ignacio Picasarri. Goiburu había comprado en 1795 la linterna mágica en Buenos Aires. Se la vendió el platero italiano José Boqui, quien entre sus múltiples actividades había participado en exhibiciones realizadas por Cagliostro en Versalles. No está demás recordar que en 1810 Boqui pasó al Perú y que San Martín lo designó director de la Casa de la Moneda.

Cuando Goiburu murió en 1813 esa linterna mágica pasó a manos del presbítero José Antonio Picasarri. Se sabe, por la correspondencia familiar, que éste realizaba funciones para entretener a sus dos sobrinos. Uno de ellos era Juan Pedro Esnaola, un pianista y compositor muy importante en nuestra historia musical.
Las habitaciones del fondo de la casa de los Picasarri ? construida entre 1788 y 1791 por el empresario y tallista Isidro Lorea, autor de los famosos retablos mayores de la Catedral y de San Ignacio- daban al río y por eso cuando en 1811 la escuadrilla española de Montevideo bombardeó Buenos Aires, el notable organista y músico José Antonio Picasarri fue desterrado acusado de hacer señales a los realistas por el intervalo de luz de la linterna al pasar las vistas.

Ni siquiera en plena Anarquía del año 1820 cesaron las funciones comerciales. Por los avisos sabemos que el italiano Félix Tiola presentó en el Coliseo Provincial veinte funciones de fantasmagorías. Pasó luego a Chile y volvió a Buenos Aires en 1826, pero fue muy criticado por la falta de parecido de las figuras representadas.
En 1825, en la celebración de las fiestas mayas, se le permitió a Joaquín Pérez cobrar por mirar vistas panorámicas en una instalación de ?óptica? en la Plaza de la Victoria. Suponemos que se trataba de uno de los llamados tutti li mundis en lenguaje popular, que acercaban todos esos mundos a los ojos maravillados que se aproximaban a los lentes.

El federal Gregorio Ibarra, figura clave en la historia de la litografía argentina, fue el introductor del daguerrotipo en 1843. En 1845 en el Teatro Mecánico y Gabinete Optico, situado en Cangallo nº 94 hizo un espectáculo de fantasmagoría con una linterna mágica comprada al pintor francés Lebeaud, que había llegado en 1837 y que se presentaba como discípulo de Ingrès en París. Esta función, con proyección de vistas de ciudades europeas y también del Cabildo y la Recova de Buenos Aires, fue a beneficio de las viudas de los federales de India Muerta, batalla librada en Navarro en marzo de 1845.

En abril de 1849, a la muerte del inglés Jhon Wynn, que vivía en la Fonda de Comercio situada en Alameda Nº 4, se anunció la venta de un Cosmorama con 100 vistas y 12 poderosos lentes y un órgano inglés para amenizar las reuniones.

El cosmorama era otro aparato óptico más sofisticado que la linterna mágica. Fue inventado en París en 1808 por el abate Gazzera y tuvo mucha difusión en Nueva York. Estaba constituido por una serie de pinturas a la acuarela o al óleo, de pequeñas dimensiones que se colocaban a una cierta distancia de grandes lentes convexas insertas en las paredes de la sala y por medio de artilugios- como un túnel o caja óptica- y espejos exaltaban y amplificaban la visión. .
El espectáculo que Gazzera presentó en París en 1808 constaba de 800 vistas de los monumentos y sitios más celebrados del mundo.

Debemos aclarar también que estos espectáculos visuales no se hacían solamente en Buenos Aires.
El norteamericano J. A. King (1803-1872) que llegó a Buenos Aires en 1817 a la edad de catorce años y que luego de entrar al ejército fue ungido oficial por el Director Juan Martín de Pueyrredón, relató otros casos de proyecciones con linterna mágica. En 1846 publicó un libro en Londres sobre los 24 años que vivió en la República Argentina donde describió el encuentro, camino a Córdoba, con unos comerciantes ingleses que llevaban un aparato de linterna mágica alimentado a querosén y con lentes de aumento, con el que hicieron funciones en diversas localidades provinciales. En San Juan estuvieron un mes apoyados por otro norteamericano, el doctor Aman Rawson, padre del futuro pintor Benjamín Franklin Rawson.

Dijimos que el auge de estos salones de vistas ópticas comienza después de Caseros, si bien ya había varios establecimientos abiertos en la década anterior.

Si consideramos que los cambios en la sociabilidad urbana se expresaron en el desarrollo de diversos lugares de reunión, no podemos soslayar las salas de vistas ópticas como un espacio privilegiado de la sociedad porteña, en un período de fuerte desarrollo de una cultura visual urbana. caracterizada por la popularización de las imágenes.

Leamos uno de estos avisos:

?Nada más importante para un pueblo culto que tener un punto de reunión donde pasar agradablemente las primeras horas de la noche. Con este objeto se ha abierto un establecimiento de recreo, en el que se han hecho y continuarán haciendo todos los esfuerzos posibles para proporcionar a los concurrentes un completo solaz.
Varios cuadros de gran mérito decoran el salón en el que están colocadas 16 vistas ópticas que se cambiarán todas las semanas, exceptuando 4 de movimiento que permanecerán, por algún tiempo.
Algunos juguetes agradables ofrecen bastante distracción, y hay un magnífico piano en el que se tocarán piezas escogidas.
Se halla un cómodo gabinete de lectura, en el que se encuentran todos los periódicos del país y muchos de ultramar?.
La Tribuna, 27.03.1856

Este anuncio del llamado ?Salón del Recreo? detalla alguna de las características compartidas por estos establecimientos: la disponibilidad de diarios del país y extranjeros, lo que nos habla de un público letrado; la música que acompañaba esos gratos momentos, la exposición de innovaciones tecnológicas no especificadas, y la exhibición de cuadros.

Vemos también que no se hacen distinciones entre cuadros y vistas ópticas. Por ejemplo en mayo de 1856 leemos el siguiente aviso del Salón del Recreo:

Desde el domingo 4 del presente se hallan en exhibición las vistas siguientes:

1º La tentación de San Antonio, cuadro al óleo por el Sr. D. Bernabé Dmaría.
2º Un rasgo de caridad, cuadro al óleo pintado por el joven de 12 años Sr. D. Cándido López.
3º El Vesubio, efecto de noche.
4º La ciudad de Nueva Orleáns (América del Norte)
5º Copenhague en Dinamarca.

Es decir que en este caso tenemos un listado conjunto de pinturas originales y de vistas de características no especificadas. Aclaremos de paso que esta es la primera mención de Cándido López quien a la sazón tenía 16 años. Otro problema que se presenta es que se suponía por la documentación familiar que este cuadro, mencionado como donado al asilo de ancianos en 1858, es el mismo que su familia exhibió bajo el nombre El mendigo en la exposición realizada en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1971, pero que está firmado y fechado en 1858.

Como vemos estos salones nos plantean varios temas para analizar. Por una parte tenemos que desentrañar qué son exactamente los materiales de exhibición. Algunos avisos demuestran la existencia de pinturas originales, y también cuadros bordados por señoritas del país y cuadros de pelo?En el mismo ámbito había toda una combinación de lentes y espejos que transmitían imágenes muchas veces pintadas sobre vidrios y luego fotografiadas, que se fueron complejizando a lo largo del siglo XIX.

Había juguetes eléctricos, caleidoscopios, espejos engañadores, autómatas, panoramas pequeños con movimiento e incluso imágenes realizadas en cartulinas troqueladas que se expandían como acordeones?.También se exhibían ?cuadros vivos?, es decir que se realizaban imitaciones de estatuas, y comenzaron también las exposiciones de cera.

Gran parte de las vistas, que se cambiaban los días domingo, provenían del extranjero.
Pero paulatinamente hubo una cantidad cada vez mayor de vistas locales, que aludían a hechos históricos, con el acento puesto en una fuerte oposición al recientemente derrocado Juan Manuel de Rosas.
El Nuevo Salón Optico Mecánico anuncia en junio de 1864 ?desde la oración hasta las diez de la noche? que tiene en exhibición, entre otras, las siguientes vistas:
* La ciudad de Nápoles con el Vesubio en erupción
* Muerte de Camila O´Gorman, de un cuadro de Du Mesnil de 1862
* La ciudad de Mendoza antes del terremoto, según fotos de Alexandre que las tomó en 1858
* Toma de Palermo por Garibaldi?

Mencionaremos algunos nombres de estos establecimientos: Salón de Vistas Opticas, Museo Diorámico, Salón de Efecto Histórico, Salón de Recreo, Nuevo Salón de Recreo, Salón de las Delicias. A diferencia de los clubes reservados a los hombres, en los salones eran admitidos mujeres y niños.

Recordemos, por último los sarcasmos que Balzac desplegó en Le Père Goriot sobre la multiplicación de estos artilugios ópticos como de la consiguiente proliferación de palabras con el sufijo rama:

La reciente invención del diorama, que lleva la ilusión óptica a un grado más alto que los panoramas, había introducido en algunos estudios de pintor el juego de hablar en rama, especie de caricatura que un joven pintor, abonado de la `pensión Vauquer, inoculó en ella, como un virus.
– ¡Bueno! Señor Poiret ? dijo el empleado del museo- ¿cómo va ese saludrama?

Publicado en Leedor el 22-10-2006