Las torres gemelas

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Mucho recato y decoro en una película patriótica y conservador de la era BushLa fórmula “hombre-común-frente-a-circunstancias-extraordinarias” es muy utilizada en el cine. La pueden tomar Spielberg para enfrentar a sus personajes con dinosaurios, Hitchcock para acusar a un hombre inocente de un crimen que no cometió y someterlo a aventuras insólitas, y Oliver Stone para contar una de las tantas historias que archiva el atentado a las Torres Gemelas. Pero ni Spielberg ni Hitchcock se conformaban con la fórmula: ésta era siempre el punto de partida, la excusa para plantear una mirada personal y estética sobre el mundo a partir del trabajo con el lenguaje cinematográfico. Nada de esto ocurre en Las Torres Gemelas, que adquiere un mínimo de interés cuando se inclina hacia un registro documental, urgente y abrumador como aquel de las videocámaras que se encontraban en la ciudad, pero que abandona demasiado rápido por un lenguaje convencional y prudente ?al igual que hizo la CNN en el momento del atentado: no se ven imágenes shock, no hay cuerpos aplastados contra el asfalto. Tan precavida es que llega al punto de recurrir hacia el final a una tosca voz over, didáctica y solemne, que le indica al espectador no sólo cómo tiene que interpretar la película sino el hecho mismo del ataque terrorista. Las películas de Oliver Stone nunca se caracterizaron por ser recatadas y medidas; de hecho, parte de su estilo tiene que ver con una fuerte convicción en contar desde lo exacerbado (Alexander, su película anterior, es un buen ejemplo) y jugarse desde lo ideológico. ¿Por qué entonces tanto decoro, tanto flashback flojo y cámara lenta grosera? Pareciera que hay todavía una cierta zona de obscenidad, en el sentido etimológico de la palabra, al contar el trauma americano que produjo el once de septiembre, que marca tácitamente un límite entre lo que se puede mostrar y lo que no, lo que se puede decir sobre él y lo que no. No sólo hay que dejar fuera de campo lo truculento ?por más que no deje de fascinar y se coquetee con él-, sino que lo único que vale la pena narrar es la heroicidad de aquellos hombres comunes que se sacrificaron por sus compatriotas. Sólo eso es rescatable ?por ahora- para hacer cine sobre ese día. Otra película 11/9, Vuelo 93, de Paul Greengrass, también se concentraba en eso, pero lo hacía desde un lugar mucho más honesto y cinematográfico que Stone, y se permitía cierta ambigüedad, como cuando elegía, por montaje alterno (cuestión moral), mostrar a los terroristas rezando a la par que los pasajeros, igualándolos. En Las torres gemelas, en cambio, los terroristas son también parte de lo obsceno, son los Otros sólo recuperados desde el insulto de un marine fundamentalista al que se toma en serio pero que parece salido de una película de Joe Dante ? que hizo la muy inteligente Homecoming (de la serie Masters of Horrors, proyectada en el último Bafici), no sobre el 11/9 sino la vuelta de los soldados de Irak en clave zombie, que respira incorrección política y plantea en serio un punto de vista ideológico sobre el estado de la sociedad americana actual. En cambio, Oliver Stone, que alguna vez habló de su país con JFK y Wall Street, decide no poner a nadie incómodo y se queda de manera blanda en las historias humanas, en la amistad dada a partir de la unión por la supervivencia de los dos policías, en el padecimiento de sus familias -uno con la mujer embarazada, para hacerlo aún más perfecto-, en el marine que va a la iglesia y encuentra nuevamente su vocación como una llamada divina, y agota su mirada ahí. Para los responsables políticos, apenas un cameo en una pantalla televisiva con un discurso demagogo y vacuo, sin crítica alguna. La película adhiere a esa mirada patriótica conservadora de la era Bush cuando muestra que lo importante después de tanta muerte y escombro es que se vuelva a la familia tipo y al barbeque, y predica desde un púlpito que todos debemos aprender que ese día cambió-el-mundo-para-siempre porque descubrimos (plural) la Maldad de la que es capaz el hombre. Pero tranquilos, nos dice, que la Bondad siempre triunfa y tenemos muchos patriotas overseas que se aseguran de que ese status quo se mantenga.

Publicado en Leedor el 19-10-2006