Arlequino, servidor …

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“El mundo esta viejo y chochea y el arte se niega a envejecer”, dice el prólogo de “Arlequino, servidor de dos patrones” y los personajes de la Commedia dell’arte vuelven desde la puesta de Ivan Moshner, más jóvenes que nunca para confirmárnosloEl arte se niega a envejecer……y a veces nos llena de alegría.

Realmente sorprende positivamente y por cierto que llena de alegría, ver en nuestra cartelera porteña, un espectáculo cuidado hasta el mínimo detalle y colmado de un humor refinado que no está exento de picardía y sagacidad y nos hace pensar y sonreír al mismo tiempo en magnífica simbiosis.

Los tradicionales Pantalón, el Doctor, Arlequino (aquí, llamado Truffaldino por un juego de palabras con el verbo italiano “truffare”, engañar, estafar), su “innamorata” en cuestión, Esmeraldina, acompañados de Beatriz, Florindo, Clarice y Silvio dan vida una vez más, a los simpáticos enredos creados en 1744, por Carlo Goldoni.

Las pautas de este oficio (commedia dell’arte = oficio de la comedia), que habían surgido 200 años atrás, se seguían aplicando aún en el siglo XVIII. El autor escribía el argumento de la obra y el resto, quedaba librado a la improvisación de cada uno de los actores, que representaban siempre a los mismos personajes característicos de las identidades regionales italianas.

Pero en las obras de Goldoni, la trama no era como en la mayoría de los casos, poco elaborada y repetitiva, sino bien estructurada por su inagotable imaginación y su habilidad para construir personajes que pese a su aparente simpleza nos cuentan verdades atemporales.

Derrochando energía, simpatía y calidez entre acrobacias y graciosos parlamentos, Leonel Nápoli, como el astuto Truffaldino, hará su entrada triunfal, en la residencia de Pantalón el padre de Clarice y nos conquistará desde un principio. Allí se presentará como servidor de su primer patrón, que resultará ser……..¡una patrona!.

La decidida Beatriz (impagable, María Paula Bertotti, imitando los gestos típicos, voz grave y movimientos masculinos de su personaje), no duda en vestirse con las ropas de su hermano y salir a buscar sin despertar sospecha a su fugitivo novio. Tan ocupada está en su tarea, que olvida dar dinero a su pobre mucamo Truffaldino que no puede proveerse de alimentos. Este se verá obligado a hacer honor a su nombre y engañar a un segundo patrón para que le de trabajo.

El nuevo patrón, no es otro que el quisquilloso novio de Beatriz, Florindo (un graciosísimo Leonardo Crinigan) que atiborrará de tareas al infortunado Truffaldino, obligándolo involuntariamente a mezclar las pertenencias de sus dos empleadores y sufrir penurias para complacerlos a ambos, mientras sigue esperando el turno de comer.

La doble identidad de Beatriz, complicará la existencia de la fiel Clarice (Rocío Margarita Fernández, que brilla como la querible heroína romántica de la historia), ya que ella estaba originalmente prometida al hermano de aquella, a quien todos creían muerto. Su “reaparición” impediría a la hija de Pantalón, su ansiado casamiento con Silvio (un Oscar Rodríguez, magnífico como el ostentoso enamorado).

El adinerado joven, verá perdida la razón de su existencia, cuando Clarice, por promesa hecha a Beatriz, no pueda contarle la verdadera identidad de la recién llegada y lo incite a creer que ha dejado de amarlo en beneficio de su prometido original.

El broche de oro de la historia es el binomio integrado por los padres de Clarice y Silvio, Pantalón (Adrián Chumbita) y el Doctor (Fernando Castelo) que en desopilante contrapunto, negarán para luego devolver la felicidad a sus hijos mediante sus manejos económicos que nunca perderán de vista, en beneficio del patrimonio familiar.

Una carta sellada, (en ese formato se nos presenta el programa del espectáculo, otro detalle más de calidad que agrega valor) logrará el milagro. Hacer que Beatriz y Florindo, adviertan sus verdaderas identidades y sean la segunda de las tres parejas felices de la historia.

Por supuesto, Truffaldino, también saldrá favorecido en los asuntos del corazón conquistando a la sagaz Esmeraldina (Guillermina de Zabaleta B.). La claridad con la que la joven, define el trato discriminatorio hacia las mujeres en el siglo XVIII que lamentablemente no ha perdido vigencia en su totalidad hoy en día, es sorprendente. Y la firmeza con que la actriz, levanta la máscara de su rostro y plantea el pensamiento del autor a través de su personaje, conmueve.

No resta más que decir que recomendamos no perder esta oportunidad de ver porqué Goldoni es considerado por los italianos, como el autor de comedia que llevó al arte dramático de aquellos lares al punto más alto de perfección en su tiempo.

Publicado en Leedor el 13-10-2006