Princesas

0
6

El director de Los lunes al sol se introduce en Princesas en el mundo de las prostitutas. Una película de actores y una película profunda.Filosofía barata y plataformas de goma

El cine español está pasando, qué duda cabe, por un momento más que saludable. De las excentricidades a Almodóvar a las bizarreadas de Alex de la Iglesia, la madre patria produce todo tipo de películas: de comedias desaforadas a films arte, de terror a dramas sociales. Y dramas sociales son la especialidad del madrileño Fernando León de Aranoa, que en 2002 logró un enorme éxito con Los lunes al sol, sobre el problema de la desocupación, y que ahora se introduce en el mundo de las prostitutas (una española y una inmigrante ilegal dominicana) en Princesas.

Que es, como su película anterior, dos cosas: una película de actores y una película profunda. Con todo lo bueno y lo malo que ambas categorías conllevan.

La historia es simple y no es lo más relevante del film. Caye (o Lima, como le dice a sus clientes, interpretada por Candela Peña) es una prostituta que trabaja mucho menos desde que la creciente inmigración llenó la plaza de su barrio con atractivas y jóvenes prostitutas centroamericanas, con más curvas, más altura y más baratas que ella. Una de ellas es Zulema (Micaela Nevárez), que ha dejado a un hijo de cinco años en su Santo Domingo natal y ahora vive buscando despernadamente conseguir los benditos ?papeles?. Una amistad se forja entre ellas bastante rápido, porque las dos encuentran que tienen mucho en común. Esencialmente, soledad, frustraciones y penas.
El mundo de la prostitución es aquí degradante. No porque la visión de León de Aranoa sea moralista, ni mucho menos. Es degradante por el estigma social que conlleva, porque obliga a Caye a ser una outsider, y porque deja a Zulema sumida en una vida precaria y miserable.
Caye y Zulema llevan vidas que no las satisfacen. Tienen muchos sueños y esperanzas, pero pocas posibilidades de lograr lo que quieren. Y así, cuando se juntan en el departamento de Caye o cuando salen a mirar vidrieras, filosofan sobre la vida, el amor, los hombres, y prácticamente todo tema posible. Las prostitutas de León de Aranoa son melancólicas, y hasta un poco poetas. Caye dice cosas como ?las princesas son sensibles, tan sensibles que si las alejas de su reino se mueren de tristeza? o ?la melancolía es buena, porque significa que te han pasado cosas buenas y las extrañas?.

Por cosas como ésas, Princesas es una película de actores y una película seria. Peña y Nevárez tienen mil oportunidades para lucirse y, de hecho, componen a sus personajes impecablemente. Y sus reflexiones son en muchos casos emotivas.

Ahora, lo malo: a veces, esas reflexiones intentan tanto ser emotivas, que resultan solamente forzadas. No todas sus conversaciones fluyen naturalmente, ni son del todo verosímiles. Los actores suelen adorar las películas como Princesas, porque incluyen cientos de escenas donde lucirse, numerosos discursos que pueden ser desgarradores. Dicho de otro modo: son películas para ganarse premios (Peña y Nevárez, efectivamente, ganaron el Goya como Actriz Protagónica y Revelación Femenina respectivamente). El problema es que León de Aranoa abusa de estos momentos reflexivos. Son, sencillamente, demasiados. Y algunos, directamente, sobran.
También le sobra a Princesas un poco de metraje. En la última media hora, el director y guionista perdió el rumbo y se dedicó a repetir cosas que ya había dicho, cuando la historia misma pide a gritos que empiecen a rodar los créditos finales. Estas escenas llevan a Princesas a un territorio que había eludido con éxito al principio: el del lugar común. Además, crean huecos en la trama y confunden lo que ya había quedado claro.
Si el interés se mantiene es porque Princesas tiene un ritmo, un montaje y una banda sonora tan afiladas, que las imágenes en la pantalla, al menos, resultan atrayentes.
?Me llaman Calle? es la conmovedora canción que Manu Chao compuso especialmente para el film (y por el que también se llevó un Goya), y funciona como leit motiv a lo largo de toda la película. Cada vez que aparece, acompañada por la expresividad de Pena y Nevárez, Princesas toma vuelo. Y por momentos, vuela muy alto.
Que pena que en la última media hora pierda tanto la dirección.

Publicado en Leedor el 30-9-2006