Cartón, Cartón

0
6

¿Qué hace un cartonero cuando se enferma? Una particular problemática vista desde adentro, como sólo podrían hacerlo aquellos que se encargan también de prevenirla y de curarla.
Hombres de blanco, hombres de negro.

Por Marta Opacak

Sin palabras casi, con una serie de gestos, acciones y movimientos que dotados de una profunda expresividad y sostenidos por la excelente música original de Adrián Odriozola, ¡más que conmover, duelen!, la obra de José Pellucchi, nos enfrenta con el rol que nosotros como sociedad, le damos a un enfermo sin recursos.

En la sala de espera de un hospital, casi un “no-lugar” de los que hizo famosos Marc Augé, definiéndolos como aquellos que: “apenas permiten un furtivo cruce de miradas entre personas que nunca más se encontrarán”…”y son simbólicos de la condición humana actual” está situada la puesta de “Cartón Cartón“.

Allí, nuestro protagonista, se acercará con su carrito e intentará tomar asiento, al lado de otras 3 pacientes que esperan ser atendidas . Y desde un principio comenzaremos a comprender como se le comienza a marcar la diferencia. El acuerdo instintivo entre las 3 desconocidas, es total. Cuando lo ven llegar, automáticamente se corren y lo dejan solo en la punta más lejana del banco.

La distorsión, que estas circunstancias le van produciendo haciéndolo sentir una “no persona”, a medida que el tiempo pasa y no es advertido aunque esté presente, es lograda por cuidadosos efectos: intermitencias en la iluminación, imitación del caminar en “cámara lenta” y un genial juego final de ocultar/mostrar objetos similares que dejará al público pasmado.

Peor tratado que un delincuente, que al menos tiene su “lugar en el mundo” como tal y es suficiente para brindarle el derecho de ser llevado por un agente del orden para ser atendido allí, nuestro héroe, sólo atina a revisar entre sus cosas personales que arrastra constantemente, casi como una condena más. Y a probar suerte con el tacho de basura de la sala, a ver si a diferencia del personal que trabaja en ella, le proporciona algo que le sirva.

Finalmente llamará la atención de una enfermera que se dignará gritarle: “¿Ud. que hace acá? y recordarle la burocrática lista de trámites que nuestro Sistema de Salud Pública que pende de un hilo, (tal vez como la vida de este hombre), le exige para aspirar a volver a estar sano.

De los “hombres de blanco” (médicos, estudiantes de Medicina, profesionales varios de la salud) proviene la concreción de este trabajo. Y precisamente a pedido de un grupo que pelea día a día por ayudar a no caer a más personas en esta situación: la gente de la Revista “Hecho en Buenos Aires”.

El autor de “Cartón, Cartón“, José Pellucchi, es médico. Los actores de “Sabor Humani”, provienen de la parte experimental del Grupo de Teatro de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, “Los Rivas”. Hacen foco en la prevención a través del arte escénico “mediante obras de distintas estéticas que apuntan siempre a la producción de subjetividad”.

Queda claro, cuando por el hipnótico mencionado efecto final, vemos que el cuerpo del cartonero, ya casi sin movilidad, parece fragmentarse en pedazos e ir a parar a su lugar de trabajo (el tacho de basura), como es considerado un cartonero por nosotros como sociedad. Y ésta es representada por una hilera de hombres de negro, sin rostro, sin identidad, copia fiel del estado en que la más profunda indiferencia nos ha dejado.

Publicado en Leedor el 29-9-2006