Cristina Piceda

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En una ciudad como Buenos Aires que optó por el verticalismo, las nuevas esculturas de Cristina Piceda adoptan ahora en sus estructuras esa cualidad de vigías del espacio amplio y llano.Exposición Cristina Piceda. Esculturas 2002 ? 2006
Centro Cultural Recoleta
Buenos Aires.

Los cuerpos erguidos, longilíneos y esbeltos de las esculturas de Cristina Piceda, esculturas que en una yuxtaposición de madera y mármol, -ambos elementos primitivos que nos llevan al pasado- observan desde lo alto sus orígenes de materia inerte, que habiendo logrado permanecer en el tiempo ahora se atreven a avizorar el futuro.

Es que los maderos largos y gruesos que integran la mayor parte de los materiales empleados en las esculturas actuales pertenecieron a muelles instalados en Puerto Madero a fines del siglo XIX. Cristina los recuperó de su pasado histórico y de una pérdida inevitable para abrigarlos en su taller, y luego al descubrir en ellos nuevas formas a realizar les otorgó otra vida al convertirlos en obras de arte.

Es en esta combinación de un elemento ?clásico? como el mármol utilizado en el mundo antiguo de avanzada y la madera de las primeras civilizaciones africanas, donde encontramos esa fuerza que provoca la unión de materiales diferentes, de uso en culturas distintas que al encontrarse provocan en su convivencia nuevos medios de expresión.

Así como el modelo clásico en mármol resultó siempre digno de imitación en Occidente, se tiene presente que la madera ha sido la materia predilecta del artista negro. Para este último, la madera no es un material inerte ya que pertenece a un ser vivo por tratarse de la parte sólida de los árboles debajo de la corteza, al que se causó un enorme dolor al talarlo para luego devastarlo.

No puede ser casual entonces la unión de estos materiales tradicionales pero de procedencias distintas, realizada por la artista, a los que sumó el empleo del acero, en menor proporción, como sinónimo de la modernidad. Se trata de destacar elementos de civilizaciones distintas, en una unión fructífera, lejos de la antigua controversia entre Oriente y Occidente, que hoy se busca reavivar en el mundo intolerante de las relaciones políticas internacionales.
Las esculturas presentadas se acercan a veces a las siluetas de obeliscos, quizás totems, que las destacan por su rígida solemnidad; el porte majestuoso de los troncos alargados remarca ese intento de elevación de las formas en un firme movimiento a la eternidad.

Si observamos las tres astillas de ?Encuentro?, en su rigidez sólo suavizada por ?collares? de pequeños trozos de mármol de Carrara, comprobamos que se encuentran unidas sólo en su base, para abrirse hacia arriba en un gracioso movimiento de abanico.

En la ?Convivencia africana?, dos obeliscos truncados de dos metros de altura, muestran en sus cuerpos oscuros de madera africana dos aplicaciones de mármol blanco yugoeslavo en una definición de gran contraste.

En ?La reina? la viga sólo devastada en la parte superior representa la corona de la soberana, mientras detalles en mármol blanco yugoeslavo le agregan femeneidad en su apariencia de botones y cuellos inmaculados.

Por su parte de gran porte en su delgadez resultan los ?Guerreros? también en madera con sus penachos de astillas de mármol negro español, en su caracterización para iniciar la lucha.

Como conclusión de nuestras observaciones, creemos que en esta exposición, Cristina ha descubierto un nuevo tiempo de expresión, aquel que se corresponde con un ambiente silencioso, de recogimiento, un espacio sereno de meditación, de comprensión y de tolerancia.

Fotos:
1) Convivencia africana
Madera africana y mármol blanco yugoslavo
200 x 26 x 15 cm

Publicado en Leedor el 22-9-2006

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