Fabiana Vaccarezza

0
9

En la pintura de Vaccarezza las máscaras amenazantes de De Kooning han perdido su ferocidad: el ?monstruo? se vuelve seductor.Soy vos

de Fabiana Vaccarezza
Pagina web: www.fabianavaccarezza.com.ar

Se dice que el arte se acerca a los saberes ontológicos, como si hubiéramos asumido secretamente, que hay una ?verdad desnuda? que se escapó de los confines del lenguaje y a la que, a veces, la obra devela casi ominosamente.
Circunvalaciones centrípetas, regresivas, embrionarias, disolutivas. Y allí donde los mismos rasgos circulares, conclusivos están por alcanzar su absoluto: su dilusión; emerge desde el fondo un principio individualizador dominante, certero e igualmente conclusivo. Una especie de nariz que como un salto de agua cristalizado hace surgir con fuerza inusitada un rostro, una máscara que pareciera haber empujado hasta el límite de su resistencia una membrana que no es elástica dejando partes, surcos (astillas de madera) como tributo a la contradicción. Contradicción como liberación de posibilidades opuestas: un ojo que sugiere cerrarse por el peso de un párpado que adquiere características casi topográficas. Como una ola encrespada cayendo con toda su fuerza sobre el fondo de un peñasco, y a su vez, mirada que se sujeta, a través de una lágrima firme, decidida, que como una soga va al encuentro y se sostiene de una sonrisa amplia segura, sintética. Aquella que vislumbró en la organicidad la maravilla siniestra de estar tallando su propio rostro.
Y un ojo tan abierto que pareciera carecer de párpado, franco, sincero, directo. Cuyas lágrimas brotan dejándose fluir, casi sin voluntad. Suaves y corrosivas disuelven tenazmente la piedra, pudren la madera. Mirada que se despide, necesita descansar por un tiempo porque vislumbró en la organicidad la maravilla siniestra de ser cualquier otro rostro, no ser ninguno.
Se hacen presentes los trazos delicados, esperanzados; desprendidos de un engrosamiento matérico de Fautrier. Y a la vez se hace presente esa iconicidad contraída de sus rehenes.
Aparecen en la memoria reminiscencias a los surcos profundos, combativos, enfrentados a la brea de Dubuffet, pero son surcos planos, helados, trazados sobre una materia neutrina, aquella donde el alma respira. Y al mismo tiempo la ironía de una máscara cansada e infantil que recuerda a algunas obras dubuffetianas como el atuendo de nuestro absurdo constitutivo.
En la obra de Vaccarezza las máscaras amenazantes de De Kooning han perdido su ferocidad; el ?monstruo? en su contradicción vela y devela y se vuelve seductor.
El escepticismo de Bacon convierte a la ?verdad desnuda? en el acontecimiento de la decrepitud, en el proceso de un horror irreversible. En cambio, la obra que aquí nos mira pregunta la dirección a través de pliegues y despliegues de líneas, de volúmenes, de sensaciones encontradas, de sentimientos contrapuestos, de afirmaciones divergentes. Y la frialdad de sus colores acompaña una incómoda gélida certeza, le dice al espectador: ?Soy vos?.

Publicado en Leedor el 20-9-2006

Compartir
Artículo anteriorRey Lear
Artículo siguienteR III