Transamérica

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Una road movie sencilla e impecable
Dos en la carretera

La de Bree (Felicity Huffman) es una vida pequeña. Ella trata de ?pasar desapercibida?. Lo admite ante un psicólogo al inicio de Transamerica, uno que le está haciendo el último test que necesita para conseguir que le realicen una operación de cambio de sexo. Porque Bree nació hombre: se llamaba Stanley. Ahora, está sólo a un paso de deshacerse totalmente de ese hombre que ya no es, que nunca fue en realidad. Pero todo se complica cuando recibe un extraño llamado, de un muchacho que busca a Stanley. Ella le dice pronto que Stanley ya no vive allí, pero el joven insiste y le pregunta dónde puede encontrarlo. Bree le pregunta para qué quiere hablar con él. El muchacho dice que es su hijo. Porque resulta que Bree, cuando era Stanley, estuvo una vez con una mujer. Un evento que, como ella misma dice, resultó ser ?trágicamente lésbico?.

Bree no le hace mucho caso a ese joven. Pero su psicóloga opina que sí debería hacerle caso. Y cree eso tan firmemente que se niega a firmar la autorización para su operación a menos que vaya a buscar a ese chico, que vive en el otro extremo del país y ha sido arrestado. Así que Bree, de malagana, viaja a pagar su fianza. Resulta que el muchacho, Toby (Kevin Zegers) tiene mucha calle, se prostituye, vive día a día y sueña con conocer a su padre, del que sólo sabe que vive en California y, sin dudas, tiene una mansión con pileta. Bree se da cuenta que algo tiene que hacer con ese muchacho. Así que le miente, le dice que es una misionera cristiana y que su Iglesia se dedica a sacar a jóvenes en problemas de la cárcel. Y se ofrece a llevarlo a Los Angeles. Entonces es cuando Transamerica realmente comienza: cuando Bree y su hijo se suben al auto y van a la ruta.

A Transamerica se le criticó bastante que Bree sea un personaje transexual que (aparentemente, ironía de ironías) se presenta totalmente asexuado. Bree es educada, es correcta, cortés, algo tímida e insegura y, a lo largo de toda la película no tiene más que un flirteo respetuoso con Calvin (Graham Greene), un camionero que conoce en su viaje y que parece seducirla no tanto por su atractivo físico sino por su caballerosidad. Dicho de otra manera: Bree es una dama.
Pero no está cómoda en su cuerpo. Sólo después de realizarse la operación de cambio de sexo aparecerá en la pantalla desnuda. Antes, su cuerpo está cubierto constantemente por los algo ridículos vestidos que siempre usa. Como si esa Bree, la anterior, no fuera Bree, no por completo.

Es que Bree estuvo por mucho tiempo dentro del cuerpo de Stanley. Y cuando Transamerica comienza, está a punto de deshacerse de Stanley por completo. La aparición de Toby le recuerda que tan sólo porque ella ya no quiera ser Stanley, la vida que Stanley llevó (por más gris que haya sido) no deja de existir. La vida del hombre que ya no es no queda atrás tan sólo porque ella así lo quiera. Si quiere ser Bree, tiene que aceptar-despedirse de Stanley. Decirle la verdad a Toby no es fácil, pero es lo que debe hacer para poder ser realmente Bree.

Claro que no lo hace desde el vamos, porque no es fácil para Bree asumirse. Transamerica es una road movie al fin y al cabo, y las road movies son siempre viajes de descubrimiento. Que, por ser un género casi insignia del cine independiente norteamericano, suele carecer de finales felices o, como mínimo, tener finales abiertos. Transamerica no es la excepción. El film de Duncan Tucker no innova con este esquema narrativo, pero sí lo explota al máximo. Lo que, de por sí, es un logro enorme.

Y, como toda road movie, habla de sexo. ¿Por qué será que la ecuación carretera + búsqueda de identidad siempre da como resultado sexo? De Y tu mamá también a Mi mundo privado, es difícil encontrar una road movie donde el viaje emocional de los personajes no incluya, por lo menos, algún tipo de exploración de la sexualidad.
Aquí, Bree es la negación de la sexualidad. Toby, por el otro lado, es su exaltación: se prostituye, fue violado, sufrió abusos y usa el sexo como mercancía. Bree y su hijo son los dos extremos de la cuestión. Lo inteligente del planteo de Tucker es que no los hace encontrarse en el medio al final de la película, sino que, primero, evita condenar la actitud de los dos, y segundo, evita cambiarlos.
Toby y Bree no se ?enseñan a vivir?, ni ninguno de esos clichés. Lo que cada uno encuentra en el otro es alguien en quien pueden confiar. Una compañía. Bree es solitaria, recluida; Toby también. No necesitan a nadie, o al menos eso afirman cuando se conocen. Sus relaciones se basan en el comercio (Toby) o en la filiación terapéutica (cuando a Bree le preguntan si tiene amigos cercanos, ella responde que es muy amiga de su psicóloga). Una vez que se conocen y Toby descubre la verdad, ¿son padre e hijo? ¿Madre e hijo? ¿Amigos? ¿Familia? Sin dudas, no son salvador y salvador, porque Bree ayuda a Toby tanto como Toby la ayuda a ella: Transamerica es la crónica de su transformación final en mujer, pero también, la aceptación total de su identidad, de su pasado, de su presente y del que futuro que quiere para ella.
¿Cuál es el vínculo que une a Bree y Toby? Es difícil decirlo. Son muchas cosas, y ninguna al mismo tiempo. Pero sobre todo, son dos personas que parecen no tener a nadie más en el mundo. Y eso es más que suficiente para que el viaje que comparten a través del país sea una película sencilla, agradable, pero por sobre todo acabada e impecable.

Publicado en Leedor el 16-9-2006

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