Solos

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Mas que un film, un experimento de chicos de secundario

Cuando uno asiste a ver una película nacional, realizada por S.U.AR producciones, no espera de la pantalla más que un poco de entretenimiento. Cuando el film no puede lograr ni siquiera eso, ya estamos hablando de graves problemas, sobre todo en lo que concierne a la distribución, colaboración financiera y apoyo de instituciones que controlan y hacen posible nuestra cinematografía nacional, como el INCAA.

Comencemos con el guión. Solos es la historia de dos hombres que son abandonados por sus respectivas parejas. Uno de ellos (Sergio Boris) debe dejarle la casa a su esposa con sus dos hijos, por lo que se muda de inmediato a la casa de su amigo (Adrián Navarro) que está pasando por la misma situación que él. A partir de aquí la historia se trata tan sólo de dos hombres tristes y desesperados por su soledad. Su convivencia en nada cambia sus vidas. Siguen siendo dos hombres aislados, individuales, pero con un mismo problema. Más adelante, los protagonistas llegan a una confusión homosexual, aparentemente producto de su convivencia y compañía.

Decimos ?aparentemente? porque los personajes no están lo suficientemente desarrollados como para poder percibir, más allá de algunos roces físicos (un abrazo prolongado, miradas tiernas), que están confundidos o falsamente enamorados. Sin más complicaciones y apelando al facilismo, el guionista escribe una escena donde uno de los solitarios le hace preguntas a un colega gay acerca de sus pensamientos, situación que parecía necesaria para evidenciar sus nuevas tendencias sexuales, sobre todo en medio de una trama en la que ambos protagonistas no hacen más que descubrirse desesperados por sus ex parejas mujeres.

Frente a un relato que no asume el menor esfuerzo, con una historia que intenta hablar de la soledad a través de dos personajes que casi no tienen desarrollo interno, el film se articula sobre todo por una sucesión de diálogos repetidos (al estilo ?que infeliz que soy? o ?mi vida no tiene sentido?), desarrollados en diferentes contextos.

Los escenarios de Buenos Aires son lugares en los que los protagonistas van a ?expresar? su estado de ánimo. Todos resultan espacios forzados y descontextualizados, con una notable intención de situar la historia en el seno de la capital porteña y en sus lugares típicos. Tanto es así que hasta toma lugar una escena donde se baila un tango lésbico, en una intención de cliché exótico, para concluir con otra aún peor, donde el exilio a la vida rural significa acariciar las cabezas de los niños, y proyectarles clásicos del cine nacional en una humilde salita en el medio del campo.

A esto se le suma las pésimas actuaciones y una puesta en escena donde el drama se construye insípidamente, con primeros planos y unas guitarras agudas de fondo, y la comedia se forma con los chistes típicos que ya no hacen reír a nadie, al menos que estén bien armados (este no es el caso).

El problema con estas películas no es tanto quien las hace, sino quien permite que llegue a la sala y quien pone dinero en ella. Si este tipo de producciones son apoyadas sin ningún tipo de miramiento, nuestro cine nacional va cada vez más en detrimento. Ya no se trata de un problema financiero, económico. Las historias se hacen con ideas, con talento, no simplemente se escriben y se pone el rodaje en marcha. Y si es así, entonces deberá cuidarse su realización, las escenas, las actuaciones. Para un cine que se logra con poco capital, lo único que le quedan son dos opciones: o lograr productos entretenidos, o lograr objetos, sino de calidad artística, al menos bien cuidados en materia estética y narrativa, respetando al espectador que confía en ellos.
Después que no se quejen cuando el cine nacional tiene poco público.

Publicado en Leedor el 16-9-2006