Estrenos 14-9-2006

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Abundancia de estrenos con sólo dos nacionales frente a los cuatro de la semana pasada, donde ninguno fue comercialmente exitoso.
?Solos? o la crisis de los cuarenta

La información de prensa de la segunda película de José Glusman (?Cien años de perdón?), más concretamente el afiche, comienza con la frase: ?No es bueno que los hombres estén? solos?, dando indicios de su contenido. Enrique (Sergio Boris) y Luis (Adrián Navarro) son dos amigos que, frisando los cuarenta, atraviesan por similares crisis de pareja. El primero está casado y su esposa Graciela (Eficaz Andrea Pietra) no soporta más sus celos y le pide que se vaya. Será Luis, que acaba de romper con una atractiva periodista (Ximena Farsi), quien lo invite a vivir a su casa, aunque sólo sea por unos pocos días. Hasta aquí nada novedoso, que no se haya visto en producciones locales y a menudo de los Estados Unidos. La convivencia inicial no resulta fácil y en varios momentos parece peligrar hasta que la relación se empieza a estabilizar. La trama tendrá un primer vuelco cuando inviten a dos prostitutas y no todo salga como sería de esperar. Lo que viene después será aún más inesperado y llevará a una situación que entra en un terreno que podría calificarse de ?risqué? y que Glusman resuelve en forma bastante acertada. Prefirió el tono de comedia, con algún trazo grueso pero sin excesos. En sus presentaciones previas en varias avant-premieres y una función de Cine Club la respuesta del público fue muy favorable. Es de lamentar que parte de la crítica especializada le haya jugado la misma mala pasada que ya impidió a otra producción local reciente, nos referimos a ?El boquete?, una mayor respuesta de público que tanto esa producción como ?Solos? merecen.


Sorin y una nueva película de camino, con cambio de ambiente

En su quinto largometraje, Carlos Sorin cambia por primera de vez de área geográfica y abandona su querida Patagonia, que reemplaza por el litoral mesopotámico. Lo que no varía es su recurrente utilización de actores no profesionales, que él prefiere denominar ?no actores?, de los que consigue invariablemente magníficos resultados. En ?El camino de San Diego? es el turno de Ignacio (Tati) Benítez, quien vive en la localidad de El Dorado, en Misiones. La primera media hora nos lo muestra en su hábitat natural y a través de los relatos de sus vecinos y amigos y de su esposa (también en la vida real), nos permite comprobar su adoración por el ídolo de multitudes, Diego Maradona. Será una circunstancia lamentablemente común, la pérdida de su trabajo, que lo pondrá de golpe frente a un hecho circunstancial que cambiará su vida. Encontrará un día la raíz de un árbol típico de la zona (timbó), donde creerá reconocer la silueta de su venerada figura. Y enterado de que ha sido internado en una clínica de Buenos Aires tendrá una sola obsesión; entregarle la estatua y cumplir así el sueño de su vida. Lo que sigue recuerda mucho a films anteriores de Sorin, particularmente ?Historias mínimas? y ?El perro?. A tal punto es así que algunos de sus ?no actores?, como es el caso de Juan Villegas y Walter Donado de la última mencionada o el clásico personaje malhumorado del ?distribuidor? Pascual Condito vuelven a aparecer. Merece destacarse el camionero que compone Carlos Wagner La Bella, un productor de cine de Brasil, a quien Sorin le encargó un trabajo de casting que terminó con él mismo haciendo ese papel. ?El camino de San Diego? comparte cierta ternura de sus películas anteriores aunque no alcanza sus mismos niveles de excelencia. Pese a buenas interpretaciones y a un buen trabajo de cámara, nos deja la sensación de que se trata de una obra menor de alguien de quien admiramos su talento y calidez.

Otra road movie con tema singular

Parecía que la actriz Felicity Huffman, ganadora del Globo de Oro, se quedaría también con el Óscar a la mejor actriz por su brillante interpretación en ?Transamérica?. Pero no pudo ser ya que la Academia prefirió premiar a Reese Witherspooon también estupenda en ?Johnny & June: Pasión y locura?. Lo notable del film que ahora recién ahora se estrena es que su director Duncan Tucker es un debutante, en un tema harto difícil como la transexualidad. Su primer mérito es la inteligente elección de la actriz que interpreta a Bree/Stanley, esposa del actor William H. Macy (?Fargo?), más conocida por su actuación en la conocida serie norteamericana ?Amas de casa desesperadas?. La siguiente virtud es no haber caído en los lugares comunes e incluso burdos a que este tipo de temática y personajes suelen derivar. Un segundo tema central en ?Transamérica? es el de la paternidad con un nuevo mérito a señalar al seleccionar a un desconocido, Kevin Zegers, en el rol del hijo (Toby). También se lucen los veteranos Burt Young y Fionnula Flanagan, como los padres de Bree, en algunas escenas hacia el final de una película que se aleja mucho del estereotipo a que nos tiene acostumbrada la abundante y poco atrayente producción proveniente de los Estados Unidos.

Otra de aviones pero del género de terror

?Terror a bordo? (?Snakes on a Plane?) no oculta su género desde el mismo título original o local. Su director David R. Ellis ya había incursionado en ese terreno con su segundo largometraje ?Destino final 2? para luego pasar al cine de suspenso con ?Celular, la llamada final?. Samuel L. Jackson es el agente del FBI Neville Flynn, quien debe trasladar desde Hawai a Los Ángeles al joven Sean Jones (Nathan Phillips), testigo de un crimen muy importante. El avión que abordan, un Jumbo 747, les tiene reservado una sorpresa que en realidad no lo es para el público desde el mismo afiche de la película. La aparición de los ofidios se inicia cuando ya se llevan transcurridos 30 minutos y serán los primeros ataques, que aún no son de conocimiento de todos los tripulantes y pasajeros, los más impactantes sobre todo en los baños. Transcurrida casi una hora y cuando el ataque se ha generalizado la historia curiosamente pierde algo de fuerza, cuando la masiva agresión haría esperar todo lo contrario. Hacia el final una serie de concesiones muy típicas del cine norteamericano terminan por quitarle cierto interés a ?Terror a bordo?. A tal punto será esto así que mismo si se le cuenta a uno el final de la película nada demasiado importante le habrá sido develado. Los rubros técnicos son adecuados resultando en cambio poco convincente el que tremenda amenaza en un avión casi sin control pueda tener un desenlace con varias muertes pero no tantas como las que normalmente pueden esperarse ante tamaña situación.

A evitar absolutamente

Se podría hablar de ?engendro? o calamidad, epitetito este último utilizado hace algunos meses al calificar a ?Bañeros 3. Todopoderosos? con la que ?Y tú que @#!* sabes? (What the Bleep do We Know?) compite, no precisamente por su calidad. Traducción cercana al título original, nos gusta más el título local ya que los signos que aparecen podrían ser la expresión de nuestro descontento e ira. Pretenciosamente basada en datos científicos, de personalidades desconocidas que provocan risa, es tal la sarta de pavadas que circulan por este film que no justifica extenderse mayormente. La mezcla de física cuántica y otras ciencias a que el film refiere obligan, a quien esto suscribe y egresado de Ciencias Exactas, a recomendar no dejarse engañar por afirmaciones cuyo rigor científico y académico es nulo.

Liviana y amable comedia

El cine de Brasil no logra imponerse entre nuestro público y es probable que a ?El casamiento de Romeo y Julieta? le pase lo mismo que a otras producciones recientes de nuestro mayor socio del Mercosur. Dirigida por Bruno Barreto (?Doña Flor y sus dos maridos?), esta simpática y liviana comedia se refiere a la eterna rivalidad entre Corinthians y Palmeiras, algo así como Boca y River en la zona paulista. Y lo hace de una manera ingeniosa al mostrar lo que puede ocurrir cuando Romeo (Marco Ricco), fervoroso hincha corinthiano, se enamora de Julieta (la bonita Luciana Piovani) que juega en el equipo de fútbol femenino rival, además de ser su padre importante directivo. No espere el espectador una nueva versión de la famosa obra de Shakespeare ya que Barreto no tuvo tales pretensiones, sino la de simplemente hacer pasar un rato amable.

Foto de copete El camino de San Diego, de Carlos Sorín

Publicado el 15-9-2006