Regresiones de hombre muerto

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Del director de El amor es el diablo, sobre el pintor Francis Bacon, Regresiones de un hombre muerto plantea un alucinado y fascinante viaje por el tiempo.
La historia es esta película es bastante complicada. Va más o menos así: Jack Starks es un soldado norteamericano que, en plena Guerra del Golfo, recibe un balazo en la cabeza. Y muere. Pero no demasiado: revive en un hospital de campaña al poco tiempo. De su viaje al más allá le quedó una especie de extraña amnesia que lo hace perder la conciencia de ratos. Así, ya de regreso a casa, un día está haciendo dedo en la ruta y se sube al auto que maneja un joven extraño. Cuando se quiere acordar, está en juicio por haber asesinado a un policía (pero… ¿fue él o fue el extraño?). Lo declaran inocente por locura y lo internan en un hospital psiquiátrico. Donde el director, bastante diabólico, lo hace el sujeto de su más reciente experimento: tras inyectarle una droga desconocida, a Jack lo ponen una camisa de fuerza, lo atan a una camilla y lo dejan varias horas en un refrigerador de la morgue.

Hasta aquí, la trama es entrevesada. Y se vuelve aún más extraña: mientras está encerrado en la morgue, Jack alucina. O viaja en el tiempo, hacia el futuro. Poco importa si son locuras suyas o no. La cuestión es que en el futuro, le pasan dos cosas: conoce a Jackie, una autodestructiva mesera, de la que se enamora, y descubre que morirá en el hospital, en ese pasado donde es víctima de los experimentos del director.

Regresiones de un hombre muerto es una película cuyo relato se fragmenta y va de atrás para adelante constantemente, poniendo en duda todo el tiempo qué es realidad, qué es ficción, qué es sueño, qué es alucinación. Porque poco importa si las alucinaciones de Jack son, en efecto, productos de su mente o verdaderos viajes en el tiempo. Poco importa si murió en la Guerra del Golfo y todo el film no es más que el sueño de un moribundo. Se podría discutir mucho sobre eso, pero poco se obtendría de tanto argumento.

Porque lo que único que importa en el film director John Maybury (más conocido por su película El amor es el diablo, sobre el pintor Francis Bacon) son los sentimientos, el amor que Jack siente por Jackie, su deseo de darle una vida mejor, la fe ciega que se tienen el uno por el otro. Si todo es una fantasía o no, ni a los personajes, ni al director, ni al público, le importa.

El trabajo de la imagen y el montaje es intenso y a veces hasta violento, pero no por eso las actuaciones se pierden medio de tanta parafernalia. Adrien Brody compone a Jack con entereza y habilidad, y es secundado con más que oficio por Jennifer Jasón Leigh (como una psiquiatra a cargo de Jack), Kris Kristofferson (como el maléfico director del hospital), Daniel Craig (un desquiciado paciente) y Kelly Lynch (la madre de Jackie). Pero mención aparte se lleva Keira Knightley.

Hollywood la tiene encasillada. Knightley es considerada poco más que una heroína de acción o la protagonista de dramas de época. Cosa que hace encantadoramente. Pero lo que esta actriz inglesa puede hacer es mucho más. Regresiones… es muestra de eso. Ojalá su nominación al Oscar por Orgullo y prejuicio (donde, por más que la encorseten, ella brilla) no la atrape para siempre en papeles de niña buena de siglos pasados. Sería una pena. Porque su Jackie es lo último que uno esperaría de Knightley, y eso es genial. Jackie es auto-destructiva, depresiva y algo histérica, y Knightley la hace creíble cada minuto.

Regresiones… es más que nada una bella y romántica historia de amor porque la química entre Knightley y Brody está totalmente lograda. Pero es también una mezcla de varias cosas. Es, en rigor, tanto un film de ciencia ficción tanto como un episodio de La dimensión desconocida.

No es fácil seguir la película y es muy seguro que no es para todo tipo de público, porque hay que ver más allá del montaje acelerado y las imágenes perturbadoras (que si estuvieran filmadas por Lynch, serían alabadas unánimemente) para encontrar la triste y trágica historia de amor. Pero quienes lo hagan podrán pasar dos horas en la oscuridad de una sala haciendo un viaje algo enloquecido y bastante emocionante a través de la mente de un hombre que puede o no estar muerto.

En todo sentido, Regresiones… le debe mucho a Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, esa maravilla de Michel Gondry. No es muy justa la comparación, por un lado porque el guión de Regresiones… no es tan ajustado, y por otro porque las comparaciones son siempre injustas. Pero si el espectador se olvida de ellas por un rato y se deja deleitar por el despliegue visual de Maybury (una verdadera delicia), el entretenimiento y la emoción están garantizadas. Y así, Regresiones… se convierte en una emocionante experiencia.

Publicado en Leedor el 9-9-2006