Distéfano

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Hasta el 9 de septiembre se exhiben en la Galería Ruth Benzacar de Buenos Aires esculturas recientemente realizadas por el reconocido artista argentino Juan Carlos Distéfano en las que nuevamente cuestiona los efectos de los mecanismos del poder Las obras de Juan Carlos Distéfano (Buenos Aires, n. 1933) han sido desde siempre ajenas a cualquier posibilidad de recepción indiferente.
Su estética manifiesta contenidos que se alojan en la conciencia colectiva y que pugnan contradictoriamente por hallar en la superficie de la cotidianeidad, una existencia real y efectiva.

Este escultor, en tanto traductor de aquellos contenidos, ha asumido a lo largo de su extensa trayectoria, una responsabilidad sobre el propio quehacer, una ética pertinente en relación al contexto total de los fenómenos sociales. Un contexto atravesado por las diferentes formas que ha adquirido la violencia en las últimas décadas, desde los prolegómenos del terrorismo de Estado en los años 70´ hasta la violencia localizada en los conflictos del presente que transitamos.

El pasaje de la materia (poliester reforzado con fibra de vidrio) desde su condición elemental, industrial, hasta su determinación exterior como objeto estético, a partir de la intervención del artista, tampoco es disociable del proceso intelectual de creación. Su elección no es aleatoria, sino que radica en el mismo ánimo de saberse intermediario de significados.

Por esta razón las esculturas no son violentas en sí mismas, son violentas por la inmensa carga emocional que ellas testimonian.

Dentro del conjunto expuesto en la Galería Ruth Benzacar, las piezas de la serie denominada Kinderspelen se destacan con particular vigor porque es posible apreciar que los cuerpos representados de esos niños/adolescentes ya han sido profanados. Excluidos de y por el sistema productivo, se exhiben denigrados, despersonalizados, cosificados. Han introyectado y amplificado los instrumentos de la barbarie hasta hacerlos parte de su ?normalidad? . Una normalidad que exige por parte del mismo verdugo ser renovadamente controlada y penalizada.

Hoy en día, cuando poderosos sectores de los medios de comunicación celebran y exhiben acríticamente, en función de sus sórdidos intereses, discursos mesiánicos e irracionales acerca de la ?inseguridad?, resulta particularmente valioso apartarse de esas expresiones avasalladoras con el fin de rescatar un tiempo y un espacio de reflexión como el que propone Distéfano.

En las esculturas Por gracia recibida o En simultáneo II, hallamos otros cuerpos a los que en alguna oportunidad se les negó entidad, cuerpos a los que se les intentó sumergir y silenciar desde las instituciones que, representadas en Los iluminados muestran su histórico carácter de monstruos bifrontes.

En este sentido la Portadora de la palabra es doblemente expresiva. En primer término porque los dibujos preparatorios revelan la meditación del artista y en segunda instancia porque logra reunir y terminar de sellar todo el sistema de complicidades cuya responsabilidad, a pesar de oportunos relevos, se sabe continuadora de trágicas glorificaciones de la fuerza.

Es así como la totalidad acaba por configurarse ante el espectador como una suerte de anatomía política, de una puesta en escena de las consecuencias de las coerciones individuales y colectivas ejercidas por los mecanismos de poder y cuyo padecer resuena en forma de interrogación permanente.

DISTEFANO
Del 2 de agosto al 9 de septiembre
Ruth Benzacar Galería de Arte
Florida 1000, Buenos Aires
www.ruthbenzacar.com

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