El vuelo

0
6

La obra de Marcelo Savignone cambia drásticamente los personajes de “Tío Vania” y “La gaviota” de Chejov y, al mismo tiempo, los vuelve increíblemente más fieles a sí mismos que en otras oportunidades.
Hay contrastes en el arte, que convierten a ciertas obras en inolvidables. Ya sea que nos gusten, ya sea que no nos gusten, nos provocan un desconcierto que permanece por mucho tiempo. Eso sucedía por ejemplo, con ciertos cambios inesperados en la manera de narrar de David Lynch. Nos referimos más precisamente a “Twin Peaks”. En esa antológica serie, uno como espectador, se encontraba “tranquilamente” sumergido en una escena de intenso dramatismo cuando repentinamente, un sórdido personaje como el padre de la asesinada Laura, se sentaba al piano, se ponía a cantar ¡y todos lo acompañaban como en una comedia musical!. Algo similar sucede con “El vuelo” de Marcelo Savignone.

Desde el inicio de la obra, la vibrante banda sonora del director y autor de “Todos mueren al final”, Víctor Malagrinó, materializada en números musicales ejecutados por los siempre infelices personajes de “Tío Vania” y “La gaviota” de Chejov, nos descoloca totalmente. Pero al mismo tiempo nos atrapa, ¡y de que manera!.

A algunos puede parecerles loco, sin sentido, o incluso una falta de respeto para con ese genio que fue Chejov. Pero si uno se detiene a pensar sólo un momento. ¿Hay algo más chejovianamente patético, que “este” Kostia (Marcelo Savignone) disfrazado de gaviota, mostrándose ridículo ante la mujer que nunca corresponderá a su amor? ¿Hay algo que lleve más al borde de la desesperación a un hijo herido, que comprobar cuando le dice a su padre: “Papá, cambiame la venda”, una y otra vez, que a aquél nada le importa de su sufrimiento y jamás le brindará su afecto?.

Y entonces todo nos cierra mejor. Puede uno involucrarse con el brillante grupo de actores y ser una aleta más en esta hélice que permite elevarse y caer a esta maquinaria de vuelo, hecha de cuerpos vestidos con atuendos de la década del 50, época en que, como en la de Chejov (1860-1904), todo un mundo estaba por derrumbarse para siempre, y ya no volvería a ser el mismo luego de los profundos cambios sociales, que el futuro cercano traería.

El vuelo” lejos está de representar formas preconcebidas de actuación, propone una mirada crítica y singular sobre el territorio, una investigación del lenguaje, una maquinaria fina de emociones que se superponen generando una frágil atmósfera, siempre a punto de estallar”.

Publicado en Leedor el 9-8-2006