16 calles

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Richard Donner logra en 16 calles quebrar algunos de los parámetros del género.Policías ladrones, ladrones policías

Richard Donner, el director de Arma mortal I, II, III y IV, ha dirigido un nuevo policial que no se queda atrás con respecto a sus anteriores. Porque 16 calles tiene un interesante juego con las expectativas y con el cambio de roles de los personajes que lo convierten en un film bastante original en su género y, sobre todo, muy entretenido.

Bruce Willis es el protagonista a quien vemos en un papel que, al parecer, nada tiene de héroe. No hace mucho pudimos verlo en Bajo amenaza representando a un policía agotado a punto de jubilarse. Su personaje en 16 calles presenta el mismo estado de ánimo, aunque bajo otras condiciones. Se llama Jack Mosley, es un oficial viejo y cansado, además de alcohólico. Un colega, más joven que él, le encarga una pequeña tarea extra antes de volver a su casa luego de un largo día de labor. Consiste ?simplemente? en llevar a un preso de la comisaría a la Suprema Corte, donde deberá hacer una declaración dentro de dos horas. Un recorrido de sólo 16 calles parece tarea fácil y rápida. Sin embargo, las circunstancias harán que el camino sea mucho más largo de lo que es, y la meta resultará inalcanzable.

Hasta aquí el guión de Richard Wenk no hace más que engañarnos con falsas pistas y jugar con las expectativas. Sabemos que algo sucederá en el camino (todo el tiempo recordamos el nombre del film) y no podemos más que esperar que los problemas vengan de la mano de ese delincuente, quien desde su primera aparición asegura tener una importante cita luego de declarar. ¿Una cita con una peligrosa banda? No precisamente. La banda aparece de inmediato, en las primeras cuadras del recorrido; los tiros y autos chocados no faltan, pero el delincuente nada tiene que ver con todo ello. No será hasta que nuestro fatigado policía se encuentre con sus colegas que reconoceremos a los verdaderos enemigos del bien: el cuerpo policial. Aquí comienza la historia y los cambios de roles, donde los policías son delincuentes, y los delincuentes? son delincuentes que no merecen injusticias.

La originalidad del film reside, no en que los oficiales sean corruptos y asesinos, los malos del relato. Lo que llama la atención es que el mismo Jack Mosley, el héroe del relato, actúe contra sus colegas tal como lo hacen quienes suelen estar tras las rejas. En cada una de las escenas Jack realiza algún acto propio de un delincuente: le dispara a un policía, le entrega un arma a un ladrón, realiza un secuestro y, lo más paradójico de todo, se la pasa esposando a otros policías. El resultado: un policía actúa como delincuente para romper con la injusticia. Cabe destacar que detrás de todo esto se esconde una cuestión personal, generando una intriga le aporta un tinte psicológico al relato.

De este modo, no sólo quedan desequilibrados los roles, sino que Donner quiebra con algunos parámetros usuales y bien definidos de un género, sin perder por ello lo propio de un buen policial: suspenso y acción.

El relato, aunque en rasgos formales no logre innovaciones, se destaca por el trabajo de montaje, que bien logra crear falsas expectativas en las situaciones más tensas, apoyado por la banda sonora y el ritmo de la cámara en constante movimiento.

Nada tenemos para reprocharle al film, excepto algunas escenas, sobre todo hacia el final, donde una situación forzada surge como una rápida y fácil solución al problema.

Publicado en Leedor el 10-8-2006