Volver

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La muerte, la maternidad, las mujeres, la pelicula de Pedro Almodovar no se puede dejar de ver.

“Dicen que en ese pueblo manchego llamado Alcanfor de las Infantas existe la mayor tasa de locura de toda España”.

La primera sensación que se tiene con Volver es que es una película realmente importante. Salida de la pluma de un artista maduro que busca el refinamiento antes que el impacto, la solidez antes que la risa, el dibujo antes que el trazo grueso. Un guionista, primero, que dosifica en la medida de su intuición los momentos del drama angustiado con los toques de diálogos chispeantes, salidos de la más pura cotidianeidad. Una comedia purificada al extremo de reconvertir el género.

Una historia de mujeres, provincianas mujeres, que bien podría ya formar (o anunciar) alguna trilogía (con Tacones lejanos, y Todo sobre mi madre por ejemplo) en donde la maternidad, tal como decía Elena Bisso en sus notas sobre Hable con ella, acorrala la feminidad de tal modo que la modela y la explica. Raimunda (Penélope Cruz) protege a su hija como alguna vez lo hizo Irene (Carmen Maura)para lo cual se generarán nuevas víctimas, siempre hombres.

La mirada de Almodovar sobre los hombres es una mirada distante, fría, acusadora, los pocos hombres que aparecen en la película, por presencia o por ausencia funcionan sólo como disparadores de situaciones: es por algún acto de ellos que las mujeres ven la oportunidad para escapar del desasosiego o para zambullirse definitivamente en él. Pero amenazantes, como en la escena del funeral (magistral)donde Sole parece haber equivocado la puerta.

En Volver, las mujeres se cuidan unas a otras: cargan y trasladan heladeras pesadas o se asisten en el momento de la muerte, se llevan flores, se hacen favores, se cubren. No existe en las mujeres de Almodóvar pizca alguna de rechazo o malhumor entre ellas: las hermanas, las vecinas, las tías, las madres están ahí para explicarse la vida.

La película se sitúa alternadamente entre Madrid y este lugar irreal de “Alcanfor de las Infantas”, que en realidad es el pueblo de Almagro, per. Entre ambos lugares molinos gigantes parecen cargar de energía a estas criaturas, entre ambos lugares el viento que vuelve loca a la gente marca la diferencia, a tal punto de hacerle ver muertos, fantasmas que regresan por algo pendiente.

Siempre explorando el borde entre el mito popular español, el homenaje cinéfilo (ver si no la anacrónica manera de vestirse y caminar de la carnosa Penélope Cruz), la referencia musical (el tango “Volver” adivina el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando algún retorno.) Almodovar ya no parece tan preocupado por aquella estética pop y kitch de los ´80 como de adueñarse de la voz que explique esa España profunda y serena políticamente inserta en el primer mundo pero todavía poblada de mujeres de los patios populares de su Mancha natal.

Publicado en Leedor el 9-8-2006