Samoa

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Algunos han definido esta experiencia como el acontecer de un sueño, otros como una vivencia hipnótica. Samoa es sobre todo un experimento sobre los efectos del montaje,

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Luego de haber pasado por el Festival Internacional de Cine Independiente el año pasado, Samoa, una película argentina filmada en Super 8 y catalogada como ?cine experimental?, se estrenó este jueves en la sala Tita Merello.

Sin historia ni diálogos, el film se compone de una sucesión de imágenes figurativas y abstractas que, siguiendo una cadencia rítmica y una velocidad extrema impuesta por el montaje, logran producir un efecto de perpetuo devenir, que nos lleva de lo indeterminado a lo concreto, para luego otra vez a la abstracción.

Algunos han definido esta experiencia como el acontecer de un sueño, otros como una vivencia hipnótica. Aunque tiene mucho de todo esto, el film no logra ser enmarcado dentro de los parámetros del surrealismo. Las veloces imágenes de las calles de Buenos Aires, de las rutas o las playas, convertidas en destellos de luces y sombras, figuras geométricas o formas imprecisas, parecieran narrar un viaje hacia la experiencia de la velocidad, de lo efímero y transitorio, tres conceptos bien reales y concientes.

Samoa es sobre todo un experimento sobre los efectos del montaje, donde el valor simbólico de las imágenes figurativas se diluye en la sucesión y el ritmo (impuesto por una música hindú), y las formas abstractas parecieran cobrar vida por el movimiento que adquieren en la cadencia. El resultado es similar al de cualquier arte no figurativo, donde antes de reconocer un tema, una historia o un significado se produce un efecto sensorial, y donde se adquiere el sentido en la contiguidad, la composición. El trabajo sobre el fílmico, con pinceladas de colores y diversas técnicas de composición, nos dice que su director, Ernesto Baca, explora la materia misma del lenguaje del cine, y sobre todo el elemento que lo destaca: el montaje.

Publicado en Leedor el 4-8-2006