Las variedades de Proteo

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¿Sabía ud. que una de las primeras muestras de teatro musical en el Río de la Plata, fue una ópera hecha ad-hoc para ser representada por títeres?De la vida de las marionetas y la ópera

Por Marta Opacak

Larga es la historia de los contactos entre ópera y títeres, principalmente en la tradición teatral europea. Muchos sabrán que Haydn, De Falla y Respighi, fueron algunos de los músicos que escribieron óperas especialmente pensadas para ser representadas por marionetas y que Benjamin Britten fue influenciado también, en su obra “El príncipe de las Pagodas“, por los “wayang kulit”, o títeres de sombra indonesios (como los que aparecían en el comienzo de la película “El año que vivimos en peligro”, de Peter Weir).

Respecto de los que habitamos de este lado del Atlántico, más precisamente en las márgenes del Río de la Plata, puede decirse que atrás quedaron para nosotros, los días en que accedíamos a numerosas representaciones de esta índole, con textos como los del brasileño Antonio José Da Silva (1707 – 1739), el autor del libreto de “Las variedades de Proteo“, que tenían gran comicidad y conocieron la fama. Salvo por la inclusión en la programación de “Film and Arts” de adaptaciones para teatro de marionetas de archifamosas óperas como : “Rigolletto”, “Don Giovanni” o “Carmen”, hasta antes de la reciente reposición de “Las Variedades…”, pocas posibilidades tenía nuestro público de acercarse a estas expresiones

Sorprende escuchar que hubo incluso una versión hoy perdida de la obra, que fue compuesta aquí por el músico italiano Bartolomeo Massa y representa una de las primeras manifestaciones del teatro musical en el Río de la Plata. La que se conservó, es la música de la primera versión estrenada en Lisboa en 1737 y aunque ésta no está firmada, se supone fue compuesta por Antonio Teixeira, uno de los más importantes compositores portugueses de esa época. Años de investigación y arduas tareas de restauración del precario texto musical, le llevó a Aníbal Cetrángolo, director del I.M.L.A (Istituto per lo studio della musica latinoamericana durante il periodo coloniale), poder llevar a cabo, lo representado en el teatro Avenida. Y como no podía ser de otra forma, los músicos de la orquesta ejecutan la obra utilizando instrumentos originales.

Proteo, el personaje de la mitología griega que inspiró al autor del libro para la creación del protagonista de su obra, tenía la habilidad de convertirse en diferentes seres: animales, plantas u objetos. Y en días del reinado de Joao V de Portugal, estos personajes servían también para metamorfosearse en vientos de revolución. Los nobles de Da Silva, (aquí mas que nada, Nereo) son frívolos, pomposos y ridículos y su comportamiento cuando no roza el borde de la tontería es decididamente hipócrita. Lamentablemente, el joven autor brasileño, no pudo escapar a la ira de la inquisición del rey que lo condenó a muerte de hoguera el 18 de octubre de 1739.

En la puesta de Ana D’Anna vemos indicios que hablan de refinada calidad en todos los detalles. Un coqueto teatrito pintado en una fantasía del mobiliario luso brasileño del siglo XVIII alberga a las marionetas y brinda un marco ideal a las mismas, cuya manufactura recuerda a las esculturas de Francisco Lisboa, el Aleijadinho. Estás, aparecen vestidas con trajes exactamente iguales a los de los cantantes de Juventus Lyrica. Y es un placer contemplar las unas al lado de los otros y ver como interactúan los personajes humanos con sus símiles de madera, dándose ánimos, despreciándose o asustándose según lo dicte el libreto.

El argumento se sustenta en los avatares de dos historias de amor cruzadas : Un rey, planea el matrimonio de dos hijos Proteo y Nereo con dos princesas, Dórida y Cirene, respectivamente. Pero éstos, se enamoran de la joven equivocada. Todo terminará, gracias a las transformaciones o variedades de Proteo y la ayuda de los dioses, resolviéndose satisfactoriamente.

Y hay una tercer pareja, no mencionada aún, que decididamente, se roba los aplausos y el cariño del público, en todas las personificaciones en que Maresia y Caraguejo se hacen presentes. Las voces de los actores Julio Pompeo y Marcia Nunes, realmente logran definir la caracterización del pícaro mucamo de Proteo y la casta criada de Dórida. Y por cierto, nos hacen reir.

En el caso de los cantantes Fernando Grassi, derrocha simpatía y su varonil registro le da un presencia especial en escena. Tiene otro agregado a su favor para destacar: fue el único cantante que memorizo su papel, pudiendo desplegar libremente, las dotes histriónicas de su rol. Marisú Pavón, (también memorizó, al menos una de las arias), estuvo correcta vocal y expresivamente como la virtuosa e ingenua Maresia que finalmente cederá ante los insistentes pedidos de matrimonio de Caranguejo. El hecho de que los otros cantantes utilizaran una carpeta con el texto de las letras durante toda la opera, restó algo de naturalidad y movilidad al resto de los roles.

La destreza técnica de los maestros titiriteros del Centro de Investigación y Producción en Teatro de Objetos (CIPTO) de la Universidad de San Martín, merece párrafo aparte. Impresiona al inicio ver esa gaviota volar y desplazarse para mantenerse por momentos suspendida en el aire. Y las transformaciones en reloj, campo de flores o asiento de Proteo y Caranguejo son impagables.

En los subtítulos podemos leer casi al final, una palabra para tener en cuenta , “bonifrate”. Si bien deriva del latín “bonus frater” ,”buen hermano” y se refiere a los monjes itinerantes que iban por el campo, siempre con un buen consejo a flor de labios, esta figura fraternal, se terminó asociando a los “bonecos”, es decir a los actores de madera y trapo del teatro tradicional de marionetas, que también daban consejos desde la escena.

En resumen: “Las variedades de Proteo” puede calificarse como un raro privilegio y una experiencia que valió la pena vivir.

Publicado en Leedor 4-8-2006