La comedia del poder

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El cine de Claude Chabrol es muchas cosas. Es complejo y objetivo. Es frío. Es, incluso, desapegado para con sus personajes y su historia. No es un cine nostálgico, ni romántico, ni cómico. Es, por sobre todo, lejano.Chabrol y su cámara están siempre lejos de sus personajes y de sus vivencias. Esta distancia hace que no sea un cine para todo público: es difícil dejarse atrapar por una película que se aleja de su historia. En La ceremonia, quizás una de las películas más ajustadas de Chabrol, esta complicada tarea resultaba posible. La comedia del poder ? al igual que sus dos películas anteriores, La dama de honor y Las flores del mal ? son, nuevamente, un reto. Han sido también éxitos críticos y hasta de taquilla, pero son por sobre todo, la renovación del compromiso del director con una forma de narrar a la que está adscrito desde hace más de cuarenta años.
Inspirada por un caso real de corrupción que involucró a altos funcionarios franceses y una importante compañía petrolera (conocido como el El Affaire), La comedia del poder es la historia de una dura y decidida jueza de instrucción, uno de los puestos oficiales más poderosos de Francia, de llamativo nombre: Jeanne Charmant-Killman. Que significa, literalmente, ?encantadora mata-hombres?. Y como su nombre ya lo indica, Jeanne está en una cruzada por encarcelar a altos funcionarios de una empresa que han hecho fraude cargando a sus cuentas de gastos cosas como la refacción de los hogares de sus amantes.
A Jeanne la hace Isabelle Huppert y verla es, por supuesto, un placer. Jeanne es como todo personaje de Huppert: fría y calculadora, resuelta y egoísta, odiosa y sentenciosa. Pero Huppert no se repite a sí misma y le da a su personaje una pátina de humor, de fina ironía que la vuelve disfrutable. Es casi imposible no volverse cómplice de Jeanne.
Aquéllos que Jeanne enjuicia son todos hombres. Pareciera que para Chabrol, los hombres son el lugar de la corrupción. Pero de una corrupción casi existencial. Humeau (François Berleand), primera cabeza que rueda en la guillotina de Jeanne, está honestamente sorprendido ante las acusaciones de la jueza. Él es un hombre poderoso, y el poder no es algo que se tiene, es parte de lo que uno es, formula Chabrol. Humeau y sus secuaces insisten en su inocencia: no han hecho nada malo, aseguran. Son conscientes de sus actividades fraudulentas, pero jamás llegan a darse cuenta de que lo han hecho es un delito, de que infligen daño sobre otras personas e intereses. Sumergidos en los círculos de poder, han perdido toda perspectiva.
Y también la ha perdido Jeanne. El título original del film es ?La embriaguez del poder?, porque en su raíz plantea una simple pregunta: ¿quién tiene el poder? ¿Jeanne, que por su puesto puede encarcelar a quien quiera, hacer allanamientos a su gusto y acusar sin demasiadas pruebas? ¿O los ejecutivos que ella persigue? Por momentos, la trama de La comedia del poder es más una competencia entre Jeanne y los ejecutivos, para ver quién es más poderoso, en vez del avance de una investigación judicial.
Porque Chabrol se mantiene alejado no sólo de sus personajes, sino del clasicismo, y así reniega de transformar su historia en un policial, incluso de crear suspenso o intriga. Poco importan los crímenes que hayan cometido los enjuiciados, sólo importan el juego de poder entre la jueza y sus acusados.
Habrá quienes resentirán la falta de resolución de la historia. Pero es que la historia no es lo importante. Ante esto, la mayoría de los directores se volcaría sobre sus personajes: si la historia no importa, pues entonces los personajes sí. Chabrol ha elegido otro camino: no importa la historia, y con los personajes mantiene una constante lejanía. Así que lo que importa en La comedia del poder es el planteo moral. Ni siquiera el juicio moral sobre sus personajes, porque Chabrol lo evita conscientemente. Esta película es el trazo delicado de una situación, de una contradicción, de la lucha entre dos bandos poderosos, en cuyo medio se encuentra la mayoría de la sociedad.
Y el espectador, como Chabrol, no forma parte de ninguno de estos bandos. Está a su merced, pero alejado. Quizás lo que más duela de la forma de filmar de Chabrol es que hace evidente el distanciamiento entre ?los meros mortales? y los poderosos. Pero la coherencia entre su planteo ideológico y su propuesta estética es innegable.

Julián Rimondino

Publicado en Leedor el 20-7-2006