Mones Cazón II

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Los precursores de ese espacio donde se ubicó Mones Cazón fueron los colonos que se instalaron hacia finales del siglo XIX con sus estancias y chacras, constituyendo pequeños centros culturales y productivos.
Apuran los recuerdos infantiles. Siempre presente la inmensidad de la pampa, lisa y plana, con pequeños montes refugios de animales, escasas aguadas y el olor a tierra de los campos de Mones Cazón recién arados. Esos que fueron transitados por antepasados de origen ignoto. Primero lo aborigen seguido por el colonizador, el estanciero, el gaucho, el peón y el boyero de estancia, escala hacia donde se remontan las raíces.

En el siglo XVI los españoles fundan a orillas del Río de la Plata la ciudad de Buenos Aires venciendo la resistencia de los nativos. Sus expediciones introducen el ganado caballar y vacuno que lentamente se esparce por la llanura cubierta de hierbas salvajes nómade y redomón.

Se puebla la pampa de animales cimarrones que pastan libremente y, después de más de un siglo, el indio domestica para su movilidad y alimento. Convierte al caballo en amigo entrañable que se transforma en símbolo y le permite desplazarse para liberarse del estreno mundo de la toldería

Los primeros estancieros que se radicaron en el país fueron los españoles que recibieron tierras por mercedes, luego llegan los jesuitas. Constituyen misiones con la idea de evangelizar y educar al indio. Se ubican en distintas zonas. En la Provincia de Buenos Aires establecen una misión a orillas del Río Salado, en la Bahía Samborombón cerca del Río de la Plata. Desde allí se proyecta hacia el Sur y fundan otra en el paraje conocido como Sierra de los Padres. Los indios se sentían protegidos y los conocían como ?Padres Estancieros? Los jesuitas abandonan el país a mediados del Siglo XVIII.

En este siglo las tribus indígenas se unieron en malones tras dominar y amansar al caballo. Las poblaciones y haciendas pampeanas sufrieron las correrías indias. El Río Salado, al sur de Buenos Aires, era el límite natural de las incursiones: más allá el desierto. Se crean fortines en línea para la defensa que se convierten en centros de trueque entre españoles, criollos y aborígenes. Es para esta época que ingresan indios araucanos desde Chile. Se extienden por toda la región desde la provincia de Neuquén subordinando a tribus autóctonas e imponiendo su cultura Mapuche. El núcleo más importante se concentra en la provincia de La Pampa, al oeste de la futura localidad de Mones Cazón.

Con el advenimiento de la República, viene la abolición de la esclavitud, el indígena es protegido y se le otorgan subsidios. A lo largo del siglo XIX los indios indomables son perseguidos. En la década del ´20 Martín Rodríguez realiza la primera ?Expedición al Desierto?; en los ´30 la segunda es ejecutada por Juan Manuel de Rosas y en los ´70 la última y definitiva por Julio Argentino Roca los aleja al sur del Río Colorado.

Las primeras estancias de propietarios argentinos son originadas por la parcelación de tierras fiscales que efectúa el gobierno de Don Bernardino Rivadavia a principios del siglo XIX. La siguiente se hace en la década del ´70 con los gobiernos de Nicolás Avellaneda y Julio A. Roca, principio de la etapa decisiva en la consolidación de la República Argentina.

Las tierras que reparte el gobierno de Rivadavia están próximas a la Ciudad de Buenos Aires y costa atlántica. Domingo F. Sarmiento, en su presidencia, dicta en el año 1868 la Ley 215 con el objeto de reunir fondos para alejar al indio hasta los ríos Colorado y Negro. Esta ley autoriza la venta de lotes fiscales de 10.000 (diez mil por hectáreas cada uno a pesos oro cuatrocientos). En la década del ´70 se suceden malones indígenas conocidos como ?grandes? capitaneados por legendarios caciques como Calfucurá, Pincel, Catriel y/o Baigorrita de origen araucano que asolaron las poblaciones de 25 de Mayo, General Alvear, 9 de Julio, Tandil y otras. No hay vestigios que en el rectángulo noroeste de la provincia de Buenos Aires donde está ubicado Mones Cazón, haya habido correrías o rastrilladas indígenas a pesar de la cercanía de tribus araucanas asentadas en la vecina provincia de La Pampa. El indio se consideraba el dueño natural de la tierra.

Conseguida la financiación, el General Julio A. Roca realiza la ?Campaña al Desierto? en los años 1878/79. Aleja al indio hasta la frontera establecida por la ley. Posteriormente se entregan las tierras adjudicadas por la venta de títulos y además se conceden otras por méritos en la expedición a jefes, oficiales y soldados. Este hecho produce una virtual colonización de campos agrestes e incultos cubiertos de gramínea silvestre, iniciando una etapa de crecimiento en la producción agrícola-ganadera.

En la primera presidencia de Roca en los años´80 del siglo XIX, el país contaba solo con aproximadamente dos millones de habitantes coincidiendo con el comienzo de un proyecto de progreso económico y social. Hay continuidad institucional durante cincuenta años a cuyo término la población llega a casi doce millones de habitantes. Fue un período de permanente ascenso en todos los órdenes que finaliza por lo ´30 del siglo XX con la gran crisis internacional.

En el año 1911 en la Colonia agrícola San José de Rodolfo Mones Cazón, nace el pueblo que lleva su nombre. Este reconocido político bonaerense dona tierras para su fundación y vende parcelas donde se establecen estancias, chacras y quintas. Llega el ferrocarril y se abren caminos entre campos alambrados que llevan nombres que son historia como San José, La Lucila, La Edelmira, san Juan, Angel Pedro, San Miguel, La Luisa, Santa Rita, El Trío, La Josefa, Los Trebolares y tantos que se mezclan en el tiempo.

Los cincuenta años entre 1930 y 1980 transcurren con varios quiebres institucionales provocados por golpes militares. A pesar de los problemas, la población del país aumenta a cerca de treinta millones. El país avanza con lentitud donde prevalecen las luchas sociales. El ciclo termina con catastróficas inundaciones en toda la provincia de Buenos Aires que provoca pérdidas cuantiosas con despoblamiento y pobreza generalizada, a lo que no es ajena Mones Cazón.

Volviendo a 1853, año de aprobación de la Constitución Nacional e inicio de la organización institucional, el país contaba con aproximadamente ochocientos mil habitantes y la Ciudad de Buenos Aires con ciento cincuenta mil. Juan Bautista Alberdi, coautor de la Constitución Nacional, sostenía que ?Gobernar es poblar?. Otros precursores como Bartolomé Mitre manifestaban que la ?inmigración debía ser libre? mientras que Domingo F. Sarmiento declaraba que la ?educación es la base de la república? y julio A. Roca apoyaba la necesidad de ?liberar tierras? para su colonización.

En el último tramo del siglo XIX y primero del XX se gestan los orígenes de la expansión productiva en la República Argentina. Se decide la entrega y alambrado de campos, se trazan las línea férreas y se generaliza el uso del arado. En el año 1904 comienza el tendido de las vías del ferrocarril Compañía General Buenos Aires hacia el oeste de la ciudad capital. A su vera se van estableciendo pobladores que fundan pueblos. El paisaje silencioso de la pampa se cubre de pequeños puntos luminosos semejantes a estrellas que se posan en la soledad de la llanura. Así nace Mones Cazón en un país casi desértico con menos de ocho millones de habitantes, la mayoría concentrado en las ciudades. Viajar al interior y radicarse en esos parajes solitarios se tornaba una aventura. He ahí la entereza de los pioneros, fundadores de pueblos, al instalarse en precarias viviendas, muchos, anticipando la llegada del ferrocarril.

En los comienzos los pueblos se parecen. La plaza, la iglesia, los edificios públicos y la estación del ferrocarril, centro neurálgico por donde se movilizan los frutos de la tierra. En las calles principales se alinean los distintos comercios de ramos generales. Como la mayoría de los pueblos, a Mones Cazón llegan inmigrantes de distintas procedencias, fundamento de su multiculturalidad. El sustento de su planta urbana tiene origen en la producción del campo con sus estancias, chacras, tambos y quintas. El ferrocarril facilitaba la salida de tanta riqueza y permitía el traslado de viajeros. Era el núcleo más activo de la comunidad. Su eliminación frustró el principal nexo con el exterior y relegó al casi ostracismo a los pueblos del interior.

Los pioneros se diseminaron por la pampa infinita, soñando pueblos. Mones Cazón nace en una porción de tierra desierta del extremo noroeste de la provincia de Buenos Aires. Los precursores de ese espacio donde se ubicó Mones Cazón fueron los colonos que se instalaron hacia finales del siglo XIX con sus estancias y chacras, constituyendo pequeños centros culturales y productivos.

Todavía están en Mones Cazón la estación y los galpones; la calle ancha que sube ?para? el centro; la vieja usina en la calle sesgada al costado de las vías; la manzana triangular del taller de Vitangili y Cuttini; la imagen del almacén de Portela, Rodríguez y de Arriba; la plaza con los plátanos casi centenarios con el enmarque de la iglesia de líneas simples y bellas y el edificio de la Asociación Española de Socorros Mutuos, austero y clásico, y un tramo corto de la calle central con viejas construcciones en donde platicaban Don Claudio con Don Zacaríasy/o Don Jesús con Don Primo.

Vuelan los nombres de pobladores como notas musicales, fusionando recuerdos. Personajes identificados por las obras que perduran como reliquias emblemáticas de Mones Cazón e hilvanan su historia.

Ahí esta MONES CAZON, semejando una tenue luz de luciérnaga en la vasta campiña bonaerense.

Publicado en Leedor el 20-7-2006