El Aliento

0
7

Un desopilante cruce entre cine y teatro, que gustará a los amantes de ambas disciplinas y los hará reir sin parar.Sonrisas ante el Acorazado Potemkin

Muchas veces cuando se critica despectivamente a una película se dice de ella que “parece teatro filmado”. Sobre “El aliento“, podríamos decir que tiene mucho de “cine teatralizado”, pero en este caso, la calificación sería totalmente positiva. La obra de Bernardo Cappa es un desopilante cruce entre estas dos disciplinas, para deleite de los cinéfilos y de los amantes del teatro.

Si bien el espectáculo no cuenta con un libreto o texto fijo, y es enriquecido en cada función con el trabajo de improvisación de los 14 actores que salen a escena, hay una estructura narrativa que se respeta y un argumento básico. Un director de cine argentino contrata a una compañía de actores rusos para hacer una película junto con un grupo de actores locales. A partir de aquí se desarrollan una serie de enredos, dificultades económicas, tics típicos de las idiosincrasias argentina y rusa (o mejor dicho soviética), autocríticas a la exageración de algunos actores para aplicar rigurosamente sus métodos de trabajo e imperdibles ejemplos de homenajes al séptimo arte, en esta particular torre de Babel que nos habla en varios idiomas. Y el público los disfruta riendo a más no poder.

La falta de respeto porteña típica de todo el staff argentino: el director, su camarógrafo y la guionista hablan entre ellos y critican a sus colegas rusos cómodamente sentados, mientras aquellos tratan de concentrarse para ensayar. Las dos ineficientes asistentes técnicas los imitan y una de ellas remata la interrupción, colgándose del techo desde el backstage y cruzándose en medio de la escena.

El consumo de alcohol, una conducta machista violenta, una joven violinista como símbolo de la música popular típica rusa y acrobáticos actores de los cuales, no nos parece casualidad que uno de ellos se llame Sergei, como Eisenstein. La bandera de la U.R.S.S., los gorros de piel a lo cosaco y ciertos nombres de artistas que se recitan para ayudar a cerrar la idea: Vertov, Stanislaski y el ya mencionado Eisenstein.

Y un pobre remisero, que interrumpe la filmación con justo derecho, ya que no se le pagó el viaje que hizo con los actores rusos, terminará cumpliendo su “sueño del pibe” convirtiéndose nada menos que en el asesino de la película. Nunca nos quedará claro si fue por el motivo con que lo convenció de participar la perspicaz guionista (que tenía el adecuado “phisic du rol” que estaban buscando) o porque nadie tiene los 120 $ para pagarle y esa es la excusa perfecta para distraerlo.

Dos joyitas de la obra dentro de los homenajes al cine no pueden dejar de mencionarse. Ellas son en primer lugar, una mini “slapstick comedy” cuyos movimientos marca el violín con su pizzicato y hace que los actores terminen en posturas cuyo dinamismo recuerda a los afiches de Rodchenko. Y la mención del diseñador del afiche de “El acorazado Potiemkin” nos da pie para hablar de la segunda. Varias fotografías con las inconfundibles imágenes de Eduard Tissé, son proyectadas en la pantalla colocada al fondo del escenario. Escuchamos una voz en off contar, para nuestra sorpresa en italiano, el argumento de la película de Eisenstein. Y la dramática música de Edmund Meisel abre su primera parte: “Hombres y Gusanos”. Pero aquí no veremos las agitadas olas sacudiéndose alrededor del acorazado sino a los actores, tomando asiento en las desgastadas butacas del cine teatral y representando finalmente “su película” con un final que nos sorprenderá.

Un nacimiento, varias muertes, y las infaltables asistentes, en esta oportunidad en su rol de técnicas de efectos especiales llenarán la escena de sangre de utilería, tal vez para mostrarnos con sus gestos, que se trata de un artificio, de una ficción.

Todo el elenco cumple con sobrada solvencia los roles que les ha tocado en suerte crear, y esto es más que suficiente para dejar sentada la calidad de trabajo de Macarena Albalustri (Liuba), Alejandro Alvarez (Aldo), Diego Benedetto (Sergei), Cynthia Canteros (Yan-Poo), Luis Contreras (Séptimo), Valeria Franchi (Brenda), Aníbal Gulluni (Dmitri), Carla Segalini (Natasha) y Valeria Zylberberg (Lucrecia).

Pero no podemos dejar de destacar en primer lugar a la impagable Sonia (Haydee Del Carril), la sobreprotectora y siempre inoportuna madre del director, que le ofrece galletitas a su hijo y detiene la filmación para no olvidarse de un nombre. Al querible Lindor (Sebastián Mogordoy) que además de ser remisero y actor aficionado, no temerá aportar sus conocimientos de ornitología casera. Y a Octavio (Javier Dubra), el director argentino, que se proclama soviético de la primera hora y hará un monólogo acerca de su interpretación de la Revolución Rusa, decididamente inolvidable. Y finalmente a las dos traviesas y simpáticas asistentes, Noelia Prieto (Kika) y Vanina Falco (Selva) que no paran en toda la obra de entorpecer el trabajo a pesar de sus creativas excusas y falsas soluciones a los problemas, pero que si cumplen en divertirnos a lo largo de la totalidad de la representación.

Marta Opacak

Publicado en Leedor el 17-7-2006