Tarnation

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Tarnation está narrada con una honestidad brutal y una temerosa decisión.Yo mismo

por Julián Rimondino

Fotos familiares. Fragmentos de películas. Cortometrajes amateurs. Mensajes dejados en un contestador automático. Grabaciones caseras que registran momentos cotidianos, que funcionan como confesionarios, que registran charlas amenas y bromas cotidianas tanto como peleas y pedidos de ayuda.
De todo este material se nutre Tarnation, visceral y honesto documental de Jonathan Caouette. El director se ha filmado a sí mismo y a su familia desde la infancia, y ahora utiliza la enorme cantidad de material recopilado para narrar la historia de su vida, de su madre y de su familia.
Y la historia, de por sí, es complicada y dura. Renee, la madre de Caouette, sufrió un accidente doméstico que la dejó paralítica por un tiempo. Cuando los médicos no pudieron encontrar un motivo físico para esa parálisis, le aseguraron a Rosemary y Arnold, sus padres, que su origen estaba en un desorden psicológico. Y así, a fines de los ?60, recibió el tratamiento psicológico estándar: electroshock. Hoy se sabe que Renee no tenía ningún problema psicológico, pero las intensas sesiones de electroshock la volvieron inestable. Y ahora es psicótica, tiene tendencias suicidas y, ocasionalmente, delira.
Tarnation es, además, la historia de Caouette, de cómo lo criaron sus abuelos mientras su madre entraba y salía de hospitales psiquiátricos, de su temor a que la locura sea hereditaria, del peso que significó para él no conocer a su padre, de su homosexualidad, de su mudanza a Nueva York esperando dejar atrás sus demonios. Sus novios, su afición por la cultura punk, las drogas y la fascinación por el mundo que mostraba la televisión, todo está en Tarnation.
Y Tarnation es, además, la historia de un muchacho que, a pesar de todo esto, adora su madre y a sus abuelos. De una madre que quiere a su hijo y es la mejor madre que puede ser. De unos padres que, en los ?60, en la siempre conservadora Texas, siguieron los consejos de los médicos y dejaron que por el cerebro de su hija pasaran cientos de miles de watts. Es una historia oscura, pero esperanzadora: Caouette no condena a nadie, ni a sus abuelos, ni a su madre. Los muestra a todos con una brutal honestidad, como seres imperfectos, pero nunca mal intencionados. Cada miembro de esta familia ha hecho siempre lo que pudo, dando de sí mismo tanto como podía dar.
Todo esto está en Tarnation, narrado con una honestidad brutal y una temerosa decisión.
Lo que no significa que Cauoette reniegue de su familia y su historia (sabe que es imposible, y además, tiene un inmenso cariño por ellos). Afirmó que hizo la película para no volverse loco. Tarnation es un gran ejercicio catártico, donde Caouette vuelca sus miedos, sueños y gustos. Y es totalmente emotivo al hacerlo, poniendo en la cámara su única esperanza de salvación. Como si en repasar su historia y contarla con un eclectismo casi salvaje, pudiera lograr lo que la mudanza no puedo: alejar sus demonios.
Que él mismo sea el centro de su documental no es un ejercicio de egocentrismo, ni nada que se le parezca. Porque el valor de Tarnation va mucho más allá del mero ejercicio auto-biográfico. El film es también un gran logro estético. Se afirma que sólo costó 218 dólares editarla, muchísimo más de lo que se gastó en conseguir los derechos de las canciones que incluyen la banda sonora. Caouette montó su film en una computadora portátil y casera, y así su película es la muestra de que el cine (o, al menos, sus medios técnicos) están al alcance de cualquiera. Pero a la oportunidad se suma en el caso de Caouette la originalidad.
Todo está construido a partir de la estética del collage. Las imágenes están muy lejos de ser perfectas: la iluminación es amarillenta, la cámara es inestable, y provienen de soportes desiguales y desparejos. Pero todo esto es un plus para Caouette, que lo usa a su favor creando una estética un poco urgente, y a la que le importa más el efecto emocional que produce a través de la sucesión de las imágenes y su combinación con la música, que la prolijidad.
Y si el recurso de los sobreimpresos, que Caouette ha preferido (por suerte) en lugar de la voz en off, a veces resulta cansador, cualquier sensación negativa se disipa inmediatamente tan pronto como las imágenes de Caouette se entremezclan en un trabajo de montaje terriblemente arduo y genialmente valioso. Porque pocas veces las imágenes del cine expresan tanto, por sí mismas y en relación con las demás..
?Tarnation? significa algo así como ?maldición?, pero de todos modos el film de Caouette es esperanzador y vitalizante, porque muestra que se puede batallar contra la adversidad, y mantenerse a flote; la adversidad no desaparece, pero uno tampoco.
El relato de Caouette es visceral, doloroso, crudo, pero también honesto, y para nada autocompasivo o didáctico. Caouette es el primero en comprender que se puede amar y odiar a alguien al mismo tiempo, y que en las familias esa mezcla de sentimientos enfrentados es la base de toda relación. Que la vida puede ser terrible, pero mucho peor hubiera sido no haberla vivido.
Producido por John Cameron Mitchell (director de Hedwig and the Angry Inch), y Gus Van Sant (innovador y experimentador de la estética cinematográfica si los hubo), ambos íconos del cine independiente y gay norteamericano, Tarnation es de esas películas que cuando terminan dan ganas de volver a ver, de recomendar, para que todo el mundo la vea y se conmueva con Jonathan Caouette, con su historia, con su vida y con su honestidad.

Publicado en Leedor el 8-7-2006