Juegos de damas crueles

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Juegos de damas crueles hace de la escena el lugar de la locura, y de lo lúdico una instancia agobiante porque es un juego del que no se puede salir.Juegos de damas crueles

Por Cecilia de la Cruz

Como muñecas articuladas, tres jóvenes comienzan a moverse en un lugar fijo del escenario pero cuando el juego comienza, desplazamientos rígidos al modo de las piezas de ajedrez van marcando un recorrido impreciso que inicia un juego cargado de normas, progresivamente desquebrajadas, a partir de un ritual morboso.

El grupo Teatro sin Identidad elige la pieza teatral del dramaturgo Alejandro Tantanian y la historia de tres hermanas unidas por el cruel y morboso asesinato de su padre a partir de una rigurosa planificación: el padre lleva a su hijo a la montaña pero sólo uno de ellos vuelve con vida.

Es así como el cuerpo del padre se hace presente en las actitudes y diálogos de las tres hermanas puesto que el vínculo perverso sumerge a los personajes en la locura hasta convertir a la vida misma en un juego sexual.

Pequeños cuadros estructuran la obra al igual que las reglas lo hacen con el juego y aquí las normas se oponen a las de la vida cotidiana ya que todo esta permitido, desde el incesto hasta el parricidio.

De modo alternado, cada una de ellas narra diferentes situaciones del crimen con grandes efectos en el espectador. A pesar de que nada de lo que se dice puede verse, la magnífica dramaturgia permite crear la sensación de que uno esta ahí, accediendo a un pasado actualizado sin intensión de ocultarse.

La particularidad de la puesta en escena se encuentra en la utilización de un escenario despojado con tan sólo tres cubos negros que funcionan como casilleros de un juego de mesa por el cual van a pasar cada una de las hermanas. El juego con la iluminación en tres tonos iguales al vestuario de cada hace que el color se torne un rasgo distintivo.

Una luz que nos imposibilita ver con claridad y nos deja casi en la penumbra en contraposición a los parlamentos que nos invitan a saberlo todo.

Es la música, a modo de comentario la que introduce pequeños impases para decirnos que observamos un juego agobiante del cual las protagonistas no pueden salir.

Juegos de damas crueles hace de la escena el lugar de la locura, y lo lúdico se transforma cada vez más en una instancia agobiante que cansa a cualquier jugador por el simple hecho de que no se puede salir de él a pesar de cualquier intento siempre fallido.

Publicado en Leedor el 7-7-2006