Todos mueren al final

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Una extraña cena, parece prolongarse eternamente ya que sus asistentes, nunca pueden retirarse y darla por terminada. ¡Y el convidado de piedra será un oso!Un oso rosado va al teatro con Buñuel

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Por Marta Opacak

Todos aquellos que no hayan podido olvidar cómo en “La edad de oro” (1930), una aristocrática señorita, echaba a una vaca que se había recostado en su cama sin permiso, con la misma naturalidad con la que se despediría a un pícaro cachorrito que había cometido dicha travesura, entenderán la importancia de los animales en el cine de Buñuel.

Hay una gran influencia del cineasta español en “Todos mueren al final“, obra escrita y dirigida por Victor Malagrinó. Su tema argumental principal, está tomado de “El ángel exterminador” (1962). En ambos trabajos, una cena, es el motivo por el cual se reúne un grupo de amigos, en la casa de un matrimonio y por razones inexplicables, nadie puede abandonar el lugar en el que están, luego de finalizada la misma. De la elegante casa residencial de la “Calle de la Providencia” de la película, pasamos a un patio porteño, muy especial. Allí, las plantas están hechas de botellas plásticas, las macetas sirven para confesar secretos ocultos y hay juguetes en la mesita que acompaña a los sillones del jardín.
Los personajes principales quedan en el caso de la obra teatral, reducidos a 6: dos mujeres, tres hombres, y un oso.

La dueña de casa, Marianella (Paula Cohen) es hija de diplomáticos fallecidos en un atentado en Chipre y se salvó milagrosamente de correr la misma suerte, escapando con un grupo de refugiados. Desde allí el tema de la muerte la obsesiona y lo saca a relucir a la primera oportunidad que se le presenta.

Su esposo Roberto (Jorge Prado), gusta más que nada de recordar el pasado. Ya sea por sus aspectos “bucólicos”, en los que pasaba grandes momentos acampando al aire libre, aunque solo fuera en el ámbito del patio de su propiedad. O bien por la relación amistosa que lo unió con el padre de Francisco, cuyos avatares conocen de memoria todos los asistentes a la cena .

Alejandra (Griselda Layño), había quedado viuda en condiciones dudosas, antes de casarse con Francisco (Luciano Cohen). El rol de médico forense de éste, sumada a sus habilidades de seducción de aquella, fueron la combinación perfecta para ahuyentar a las molestas investigaciones policíacas acerca del deceso del primer cónyuge de la “religiosa” dama .

Alfredo (Diego Recagno), discípulo de Francisco y pervertido por naturaleza, conoce al detalle desde los objetos que guarda Alejandra en su mobiliario hasta lo que ella hace o deja de hacer con su esposo. Será el primero en querer escapar y por supuesto no lo logrará.

Con un ritmo sorprendentemente similar al de los filmes surrealistas del período francés de Buñuel, donde ante nuestros ojos aparecían cosas “de la nada”, y se iban encadenando distintos sucesos cada vez más extraños, “Todos mueren al final“, tiene una cuota de humor que la hace sumamente divertida y al mismo tiempo poseedora de una sutil agudeza.

Concursos de habilidades personales, particulares competencias deportivas, juegos como el de la silla, y el puente chino como castigo físico para los perdedores, sirven de marco para caracterizar la esencia de la condición humana en situaciones extremas: hambre, violencia, enfermedad y muerte.

Los días pasan y la angustia va in crescendo. El oso Fabián, parece ser el mejor preparado para resistir.

A Paula Cohen le toca en suerte “cocinar”, morcillas, bichitos y un difícil personaje que pasa de una ingenuidad infantil a una traumática necrofilia. Y logra hacerlo brillar.

El otro de los “hermanos Cohen” teatrales, Luciano, lleva a cabo con eficiencia y soltura, un médico que intenta llevar la racionalidad hasta las últimas consecuencias, en una situación que se vuelve cada vez más irracional a medida que avanza la trama.

Griselda Layño, se destaca como esa mezcla de mujer seria, piadosa y presunta asesina llamada Alejandra y Jorge Prado, siempre firme y bien plantado en escena como el insistente Roberto.

Diego Recagno, hace uso de sus recursos interpretativos para sacar a relucir la “doble vida” del tímido Alfredo y vaya si nos sorprenderá al final con su persecución a Alejandra.

El oso aparecerá al final, bailando con una de las sobrevivientes. No se pierdan su talento musical ni el de sus compañeros humanos.

Publicado en Leedor el 6-7-2006