Un crucero costero

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En menos de tres días de navegación el Crucero Melody une las ciudades brasileña de Santos y Buenos Aires, distanciadas en aproximadamente 1000 millas marinas, pasando por la increíble Río de Janeiro. EL MELODY EN CRUCERO DE BUENOS AIRES A RIO DE JANEIRO

En una madrugada del mes de febrero parte del Puerto de Buenos Aires con rumbo a Brasil el buque Melody de bandera italiana. Las luces de la ciudad se distancian y apagan lentamente en la noche oscura y nublada. Transporta 1500 pasajeros y 500 tripulantes.

Con las primeras horas del día asoma a babor la ciudad de Montevideo. Es una línea de edificios uniformes que desaparecen con pausas en el horizonte. El barco deja las aguas del Río de la Plata e ingresa en la inmensidad del Océano Atlántico. La costa ondulada del Uruguay se transforma en suaves serranías en la brasilera.

Se ordena la vida a bordo. El pasaje constituye una pequeña comunidad. Se pueblan los ocho puentes o decís, el mar está calmo y la navegación es normal. Se habilitan las piscinas, los bares, los comercios y las salas de espectáculos. Se inicia la fiesta que se prolongará durante todo el crucero.

El capitán da la bienvenida al pasaje en el Salón Universe y luego ofrece la cena de gala en el Galaxy, que guarda la línea de cocina mediterránea con variedad de platos de los que se destacan como entrada Rosa de Salmón Ahumado, continuando con Canelones Gratinados a la Niza; Langostinos Flambeados; varios postres y final con exquisita torta a base de crema acompañada con una copa de champagne. Las tortas son ingresadas al salón por mozos vestidos con smocking ocre y llevan velas encendidas, todo acompañado por la música de una popular canzoneta italiana. Como cierre ofrecen un espectáculo con números artísticos.

La noche trascurre con un mar tranquilo alterado con algunos movimientos al pasar por el Golfo de Santa Caterina donde se acentúa el rumor de las olas coronadas por blancas esquirlas que forman extrañas figuras geométricas.

La mañana nos acerca a la costa. Se suceden islotes de verdes colinas que integran el Parque Provincial de Ilhabella de doradas playas que pertenecen al estado de San Pablo. La isla principal es considerada Capital de la Navegación a Vela por sus buenos vientos y excelentes corrientes marinas. Las islas fueron descubiertas por el italiano Américo Vespucio hacia principios del siglo XVI. Le sucedieron portugueses, ingleses y piratas. Fue mercado clandestino de esclavos ingresados para trabajar en los plantíos de caña de azúcar. Con la abolición de la esclavitud se inicia la explotación de cafetales.

Ilhabella es una pintoresca isla con antiguas casas en estilo portugués colonial, exuberante vegetación y capilla barroca con la advocación de Nuestra Señora de la Ayuda ubicada en la ladera de un cerro. Por la noche la isla despide al Melody con multicolores fuegos de artificio y conjuntos musicales.

Rumbo al norte el próximo destino es la ciudad de Río de Janeiro, a 136 millas marinas. El ingreso por la mañana a la Bahía de Guanabara es un espectáculo imponente. La bahía fue descubierta por el portugués Gaspar de Lemos en el año 1501 y los primeros habitantes estables fueron franceses. El Morro Pan de Azúcar sirve como vigía en la entrada de la bahía. Antes se suceden playas con nombres familiares como Leblón, Ipanema, Copacabana, Botafogo y Flamenco con arribo al puerto de cruceros en la Plaza Mauá, pleno centro histórico de Río. La Ciudad de Río de Janeiro está enmarcada por la belleza de la Bahía de Guanabara; el mar de intenso azul; la Floresta de Tijuca; los morros o cerros redondeados con sus túneles y el Corcovado y Pan de Azúcar, emblemas de la ciudad. Río es laberíntica y enmarañada, como las ciudades medievales portuguesas.

Con las tres primeras sombras de la noche nos despedimos de Río. En lo alto, el Cristo del Corcovado se ilumina y es un faro que nos guía. En los morros se encienden las luces de las favelas. Las playas costeras son un rosario de luces que nos despiden. Con el Pan de Azúcar a estribor, el Melody se desliza en busca de mar abierto. Río queda en el horizonte, volver se torna una aspiración.

La ciudad de Santos es la próxima escala distante a 196 millas marinas de Río. Santos fue fundada a mediados del siglo XVI por el portugués Bras Cubas. Es una ciudad de características continental e insular, ubicada en el estado de San Pablo. La excursión programada por el crucero no está de acuerdo con la importancia de la ciudad. Poco se pudo apreciar de su belleza. La sucesión de playas sobre el Atlántico se muestran a un paso veloz donde se destaca la parquización de la avenida Costanera, no así la edificación del entorno. Interesante la visita al Orquidario Municipal con variedad de plantas tropicales; el pasaje rápido por las plazas de la República y Banderas en la parte moderna; el ascenso al Monte Serrat con vistas panorámicas de Santos y el aseo por el Centro Histórico de típico estilo portugués con edificios neoclásicos como el de la Bolsa de Café, donde funciona el Museo del Café construído en el año 1922, con gran cúpula columnada, balcón, rosetón y esculturas. Su interior es suntuoso donde se destacan obras del plástico Benedicto Calixto sobre la historia del cultivo de café. El piso del salón principal es de venecita italiana con la estrella de David en el centro, en homenaje a la colectividad judía. Santos pasó con vértigo, sin detenernos en la armonía urbana de los canales pluviales o las pintorescas fachadas del centro histórico.

En menos de tres días de navegación el Melody une las ciudades de Santos y Buenos Aires, distanciadas en aproximadamente 1000 millas marinas. Al zarpar de Santos enfila hacia el este en busca del mar abierto y en la madrugada cambia el rumbo hacia el oeste. El horizonte es circular, sólo de agua y cielo. El sol aparece por la popa e ilumina el océano que tiñe de un color carmesí. La quietud de las aguas toman tonalidades azules y verdes semejando una vasta llanura. El mar es infinito, se mece en ondulantes olas con líneas de espuma blanca.

En un tramo del trayecto se desencadenó una intensa tormenta de lluvia y viento que movió al buque en un juego de roleo y balanceo. La Ciudad de Punta del Este no se pudo visitar por la nube de niebla que la cubría y la imposibilidad de desembarcar.

Las 177 millas marinas hasta el Puerto de Buenos Aires se cubren por las terrosas aguas del Río de la Plata. La primera vista de Buenos Aires es una línea corta de verdes y grises. Arboles y altos edificios aparecen en el horizonte. La imagen del barrio Puerto Madero es un perfil de vegetación y construcciones que nos guían hasta el Puerto Nuevo de la ciudad.

Publicado en Leedor el 3-7-2006