La Entrevista

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Tres desconocidos son reunidos por un encuentro fortuito gracias a una entrevista que nunca se concretará. “La respuesta inesperada”, un cuadro de Magritte como metáfora del desencanto. ¿O no?

Por Marta Opacak

Lo primero que llama la atención al público que ingresa a la sala del teatro del B.A.C., es una sucesión de 4 imágenes iguales en composición, forma y tamaño, alineadas a lo largo de la pared ubicada al fondo del escenario. Lo segundo, es ver que detrás de un sillón colocado casi de espaldas al público, y que creíamos vacío, se asoman una cabeza y unos brazos de mujer que comienzan a cobrar movimiento.

Por el lugar en el que están colocadas las imágenes, podrían ser ventanas, o como advertimos a medida que nos acercamos y distinguimos de qué se trata, puertas que la dueña de casa, está contemplando desde su asiento. “La respuesta inesperada” (Rene Magritte, 1933) es el nombre de la pintura cuadruplicada aquí. Aparece en ella una puerta de madera cerrada, con una silueta recortada dentro de su superficie, que la convierte también en abierta. Hay un juego constante de opuestos: presencias y ausencias, lo que es y lo que parece, lo conocido y lo misterioso, en la pintura de Magritte y en la obra de Natalia Ginzburg.

Además de los tres personajes que vemos en escena, Hilaria (Andrea Juliá), Marcos (Enrique Cabaud) y Estela (Josefina Sabaté), hay un cuarto personaje que nunca aparecerá. Y sin embargo, no hay ninguno tan presente y tan vivo para nosotros como él, gracias a la fuerza del relato. Entonces entendemos por qué son cuatro y no tres o cinco las imágenes de la puesta. La tetralogía de presencias Ginzburiana es completada por el destacado escritor Juan Tirabosco, pareja de Hilaria, y hermano de Estela, a quien Marcos quiere entrevistar en vano, en cada uno de las tres momentos en el tiempo recreados en la representación.

No parece haber nadie tan dispuesta a la rebelión y el cambio como la acelerada Hilaria, que recibirá al joven periodista, y discutirá con la poco laboriosa cuñada adolescente, en el episodio inicial, con una desinhibición casi costumbrista. Sin embargo, la iremos viendo reducirse cada vez más a la categoría de sombra de su amante y desaparecer como individuo con una resignación inentendible.

La entrevista“, es una obra dura y su clima se vuelve más denso conforme avanzan los minutos. Por momentos la angustia se apodera de la atmósfera y se vuelve tal vez demasiado parecida a la vida misma, en esos momentos críticos en que sentimos que no es mucho lo que nos está pasando realmente. No en vano a su autora la llamaron” la gran escritora sobre las mujeres infelices”.

Hilaria, no parece haber obtenido en el tercer episodio, que transcurre cronológicamente 10 años después que el primero, lo que la vida le había prometido en su juventud. En este sentido, puede decirse que ha recibido de aquella una “respuesta inesperada “y podemos hacer una lectura de la mencionada obra pictórica como una metáfora del desencanto.

Ahora bien, concentrándonos sobre todo en el hecho que ella tuvo oportunidad de irse o de cambiar y no lo hizo, surge la pregunta una vez más, ¿la puerta esta cerrada o abierta? ¿No será que algo de placer ese sufrimiento le debe haber causado para aferrarse por tanto tiempo a esa situación? ¿Es realmente una desencantada de la vida u obtiene una alegría patológica de su inacción ya que es lo único que le da protagonismo?.

Uno siente la obligación de advertir que es una obra donde no hay casi acción y toda su fuerza recae en la expresividad del texto. Es necesario que el público que se acerque a verla, esté interesado en este tipo de temática y sepa encontrar la belleza de esta clase de discurso para no sentirse defraudado.

Publicado en Leedor el 28-6-2006