Tu ternura Molotov

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Un matrimonio de clase alta unido por un cerrado racismo, busca un heredero. Un extraño paquete cambiará sus vidas.
¡Vamos a reproducirnos!

Por Marta Opacak

Pertenecer tiene sus privilegios para Victoria (María Marta Forni) y Daniel (Juan Sebastián Vila), dueños de una muy clara conciencia de clase. Saben que cuando a un matrimonio le toca el turno de elegir el nombre de su futuro bebé, se deben tener en cuenta para descartar inadecuadas nominaciones, pautas tales como que aquél, no sea ni “muy hispano”, ni “muy negro”, o nombre “de puta”, o de “judía”. Y también, pasando de una hiriente discriminación racista a otra económica, que no debe sonar a “minoría” ya que “minoría es alguien que no tiene dinero”.

Hablamos de la misma clase en la que cuando alguien, al descubrir que su pareja se ha olvidado de confesarle un “pequeño detalle” de su vida pasada (tal como haber estado casado anteriormente), en vez de estallar en ira como cualquier hijo de vecino y decir simplemente: ¡”Me engañaste”!, debe exclamar: “¿Te das cuenta del perjuicio que ésto puede causarle a mi negocio?”.

Precisamente esta última frase, le dirá el próspero abogado Daniel a su esposa Victoria, luego de recibir un extraño paquete enviado por el FBI a su casa, perdido desde la época en que ella vivía en Nueva York. El descubre, entre varios de los objetos personales de la joven, uno con una dedicatoria: “a mi esposa Victoria”. Y para peor ¡ésta viene firmada por un hombre de ascendencia árabe!.

Entre estos dos ejes, el racismo y la desesperada lucha por no violar ninguno de los “sagrados preceptos” a cumplir para seguir perteneciendo al tope de la escala social, se debate la “historia de amor” de este matrimonio que busca un heredero y se entiende a la perfección. A punto tal que uno podría terminar de decir las frases que comienza a pronunciar el otro, aún antes de que él o ella terminen de hablar, casi como si se leyeran el pensamiento mutuamente. Pero que lo que menos tienen es justamente eso: amor.

Un intenso dramatismo que no decae durante los 75 minutos de la obra, nos brinda esta historia del dramaturgo venezolano Gustavo Ott, dirigida por Corina Fiorillo.

María Marta Forni y Juan Sebastián Vila componen sus personajes con seguridad y soltura, aportando logrados toques de ácido humor y demostrándonos, en los momentos en que cada uno de ellos queda sólo en escena, que a pesar de sus cerradas y erróneas convicciones, Daniel y Victoria también pueden tener un aspecto más sensible y conmovedor en sus personalidades, aunque sea bañado de una “ternura Molotov”.

La conservación del patrimonio es primero, y la prioridad de su clase es la siguiente: “¡Vamos a reproducirnos!” y sigamos teniendo el poder.

Publicado en Leedor el 25-6-2006