Paria

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En un duelo entre la maldad y el intelecto, dos hombres luchan por encontrar el mejor método para manipularse mutuamente.Duelo en cámara Gessel

Por Marta Opacak

Una pantalla de vidrio convierte al escenario del Espacio Teatral El Kafka en una réplica de ese dispositivo utilizado por médicos, psicólogos y detectives de policía, para analizar el comportamiento patológico y delictivo de pacientes o potenciales sospechosos. El -espectador de “Paria“, vive la experiencia de ser colocado en el mismo espacio de observación de aquellos profesionales y presencia un duelo entre la maldad y el intelecto en las personas del Sr. X (Paul Sebastián Mauch) y el Sr. Y (Francisco Egido).

El ámbito en el que vemos desenvolverse a nuestros dos “ratones de laboratorio” tiene un aspecto de fantasmagórica frialdad, lograda por la idea del director de la obra, Francisco Civit, (también a cargo de su puesta en escena), de colocar una inmensa mayoría de objetos blancos y negros (salvo por algunos pocos en tonos de rojo) y repetir dicha tendencia en el vestuario de los actores. La iluminación a contraluz proyectada desde detrás de la biblioteca y los efectos cuidadosamente producidos por Fernando Berretta, confieren por momentos a las figuras y especialmente a los rostros del Sr X y el Sr Y, un aspecto de irremediable desvarío. Este, es similar al que transmitían los expresivos rasgos de los retratos de la década de 1890 (de los cuales, el más conocido es “El Grito“) del pintor noruego contemporáneo de Strindberg y conocido por él, Edvard Munch.

Paria“, fue escrita poco antes de que la mencionada década comience. Está inspirada en un cuento del novelista y poeta sueco Ola Hansson, pero fue tan transformada por Strindberg, que cuando aquél vio la obra en teatro por primera vez, le produjo “una muy desagradable sensación. ¿Qué quería decir? ¿por qué Strindberg dio vueltas mi simple tema y lo volvió irreconocible?”, se preguntaba.

Hansson había escrito sobre “un falsificador que se delata a si mismo, en un estado de casi sonambulismo”, que recordaba al Raskolnikov de “Crimen y Castigo”. Pero en “Paria“, no encontramos influencias de Dostoievski, sino de otro autor, que a la sazón, fue conocido por Strindberg gracias a un préstamo que le hizo Hansson de una de sus obras: Edgar Allan Poe. Hay una clara influencia del método de detección psicológica practicado por el Sr. X en los cuentos de Poe, que ilustran sus teorías acerca de la sugestión mental.
En la contienda de este thriller psicológico, el Sr X observa todo lo que sucede a su alrededor cuidadosamente, registra y procesa la información y finalmente manipula. Tiene un abrumador concepto de su propia superioridad, sin ninguna conexión a cánones morales de ningún tipo, que lo hace sentirse libre de culpa y cargo, cuando mata accidentalmente a un hombre. Recuerda al superhombre de Nietzsche, autor al que también leía Strindberg.

El Sr Y, falsificador de profesión, parece más vulnerable, pero eso es sólo en apariencia. Está fría y calculadamente aguardando el momento indicado para contraatacar y obtener ventajas de su accionar. Y si es necesario, llegar al chantaje.

La trama tiene un creciente suspenso que no cede hasta el final y es muy bien llevada por las dos ajustadas actuaciones de Mauch y Egido. Y el texto de Strindberg, no pierde vigencia sino todo lo contrario, se actualiza magistralmente sintetizando un flagelo que no es ajeno a nuestra Argentina de hoy: la impunidad.

Publicado en Leedor el 15-6-2006